Julián LeBaron

Columna Invitada

Perfil Espacio de expresión, blogueo y debate.

Ver Más

Coerción no, a fuerza ni los zapatos entran

Mi maestro y mentor es un filósofo americano que se llama Keith Raniere, es el hombre más sabio y coherente que conozco. Es mi referente de lo que es la ética y la civilización, y también por supuesto, lo que es la coerción.

Coerción es una palabra relativamente nueva para mí, el diccionario la define como la amenaza de utilizar la violencia, con el objetivo de condicionar el comportamiento de los individuos, o como decimos en el norte, que las cosas sean así: “a huevo”.

Lo ocurrido en los últimos años me ha llevado a revisar diligentemente los cimientos de mis reflexiones y tradiciones, a buscar dónde se contradicen. Imaginen como sería un gobierno que no utiliza la coerción. Imaginen por otro lado, la coerción como el monstruo de la mitología griega, ese antiguo y despiadado  ser poli-céfalo que regenera dos cabezas por cada una que le es amputada y según el mito, bajo sus aguas se encuentra la entrada al inframundo.

La coerción es la esencia de todos los gobiernos actuales, creo que esto es lo que tiene que cambiar.

Coerción es usar el miedo y no la razón como manera de dirigir y controlar el comportamiento de las personas, pero al no considerar la voluntad individual, nos convertimos en objetos de experimentos y proyectos económicos, sociales y culturales, como si fuéramos ganado.

La coerción es la esencia de los gobiernos actuales y de sus leyes, y por eso buscar que el gobierno solucione los problemas de la violencia, la pobreza y la apatía es imposible, porque la coerción es violencia; y como vemos en todo el mundo, ellos, los gobiernos endeudan a la presente y las futuras generaciones a perpetuidad hasta esclavizar a los que construyen el valor de los bienes y servicios, por los que destruyen y roban con sus leyes y autoridades coercitivas.

Usar la coerción para fines económicos, morales y sociales ha producido el cruel efecto de que en nuestro país, riquísimo en recursos naturales y humanos, más de la mitad de los mexicanos vivan en la pobreza, el crimen se apodera de nuestros espacios, la miseria se incrementa, y la obscenamente abundante propaganda gubernamental constantemente contradice la realidad.

Unos cuantos ejemplos bastan para ilustrar el tema de la coerción en México: el artificial y casi siempre desproporcionado y absurdo precio del petróleo, la electricidad, los caminos, las tarifas aduanales, la educación, el sector salud, el agua, los minerales y un largo etcétera.

Bibliotecas de decretos y regulaciones impuestos por políticos que no tienen autoridad moral, porque ellos, los políticos, no tienen que sufrir las peores consecuencias de la coerción, ya que sus sueldos también son auto-decretados y no viven la misma realidad que los que  tienen que producir el valor de los bienes y servicios, que son constantemente destruidos y malgastados por conceptos abstractos y ridículos.

Se usa un lenguaje distorsionado que esconde lo astronómicamente caro que se disfraza con semántica; como “educación gratuita”, “salud popular gratuita”,  “apoyos”, “elecciones”, “estado de derecho”, “policía confiable”, “nacionalización” y un larguísimo y abominable etcétera que ilustra claramente que la coerción es la manera menos eficiente y más corrupta de administrar empresas y construir proyectos.

La coerción es la base de las “leyes”, y “autoridades”, que al no tener poder de convencimiento cuando no tienen la razón, utilizan a su ejército y a su policía para imponer “a huevo” sus dictámenes.

La razón por la que escribo lo que pienso es que creo que si algo no es bueno, ninguna cantidad de votos, ninguna delegación, ningún poder, ninguna autoridad, ninguna mayoría puede convertirlo en bueno. Cuando es bueno, lo es  sin contradecirse.

Por esto creo, como he aprendido del maestro Raniere y también de mis ancestros, que este tipo de gobierno es la herramienta equivocada  para resolver problemas económicos, morales y sociales, porque en todos los casos se contradice. Por eso nunca podría aceptar un puesto político en este tipo de gobierno.

Deseo que todos los mexicanos de buena voluntad reflexionemos dónde y cómo opera la coerción en nuestras vidas, para que asi podamos reconocerla y atenderla en nuestro país, y utilicemos todas las formas posibles de resistencia no violenta a las contradicciones, a la violencia, al abuso y a la humillación.

Debemos buscar cómo retirar tajantemente el consentimiento individual a la humillación y a la violencia, y también debemos reestructurar el tejido social con herramientas que no utilizan la coerción. Construir comunidad, cultivar compasión, y vivir como hombres y mujeres con dignidad.

Si queremos que se nos respete y dejar un legado a nuestra posteridad, debemos estar dispuestos a pagar cualquier precio por la libertad. Por lo tanto quisiera que nos unamos todos los mexicanos de buena voluntad para cambiar juntos nuestra triste y violenta realidad.

Propongo dos preguntas que me gustaría nos hiciéramos todos:

1. ¿Somos los individuos dueños soberanos del valor que creamos en el mundo como fruto de nuestra mente, talento o esfuerzos?

2. ¿A quién pertenece el derecho a decidir sobre la vida y el cuerpo de los individuos?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>