Yarima Merchan Rojas

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#NoSomosVándalos

Por: Yarima Merchan Rojas (@Yarigui)

 

“La cosa es de honor. El honor de los guerreros eclipsa las razones que los llevan a la guerra y sobre todo las que los mantienen presos de la inercia bélica”.  Óscar Collazos, sobre la guerra y la paz en Macondo.

“Su honor es una especie de cuerpo místico que les permite jugarse la vida y quitársela al enemigo; obedecer sin condiciones; someterse al absurdo de asumirse dueños de la verdad y del destino de otros; ser faros, rayos, truenos, vengadores sin mácula. (…) Es como si el honor se convirtiera en derecho. La sociedad, sus inferiores, debe rendirles pleitesía, estar agradecida siempre por ‘los favores recibidos’”. Alfredo Molano Bravo.

“El muro de Peñín no es un cerco, es el corral de un burro”. Ciber pinta anónima.

“Maldito soldado que apunta su arma contra su pueblo”. Simón Bolívar.

 

Muchas reflexiones merece lo ocurrido el 1 de julio en torno a la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, daré testimonio como una ciudadana que salí a manifestarme.

En el D.F. fue una jornada violenta con un exceso desmedido de presencia policial y la participación de manifestantes de distintos grupos y perspectivas.

Enrique Peña Nieto tomó posesión después de unas polémicas elecciones marcadas por una desconfianza social, un descontento hacia una democracia corrupta,  un sesgo informativo total, la complicidad de grupos de poder televisivo, del gobierno y los poderes económicos que pretenden manejar el país sin considerar las opiniones, necesidades y demandas de la población.  Sin legitimidad ni moral política asume el poder pretendiendo callar el rechazo ciudadano, ayudándose de la única fuerza de la que puede echar mano: la violencia. Mientras en las calles la gente gritaba y reclamaba ser escuchada, el cambio de poder se llevó acabo de forma discreta, sin bombos y platillos, en Los Pinos.

Días antes del llamado 1DMX las calles del D.F. se vieron invadidas por policías, granaderos y federales en posición de ataque, rodeados de bardas de metal, armados hasta los dientes,  listos para la guerra, ¿contra quién? ¿Cuál era su objetivo militar o su enemigo?: el descontento social.

La violencia entra en muchas dinámicas sociales y tiene muchas facetas que hacen compleja su delimitación, tiene que ver con procesos culturales, sicológicos y sociales. Podemos hablar de diversos tipos de violencia, la violencia como condición ontológica, violencia desde la axiología, pero ahora nos interesa la violencia política, la que se usa como herramienta para legitimar el poder, defender un ideal o mostrar rechazo  ante situaciones injustas, la que se contextualiza en ámbitos colectivo En ese sentido, cabe la pregunta, ¿cómo afrontar la violencia de un Estado que la usa cuando no puede legitimar su poder por medio de la democracia, la autoridad o la ética política?

Dentro de nuestros ideales de gobierno y democracia  están el que nuestras autoridades sirvan como protectoras de las leyes, de la seguridad de los ciudadanos y la paz social, representen la opinión de los ciudadanos y escuchen sus quejas. En este sentido y dado que quienes están en el gobierno fungen como figuras de “autoridad”, es inadmisible que impidan el transito de personas que quieren hacer oír su voz, que golpeen a ciudadanos y secuestren los espacios públicos. En este panorama pareciera ilógico citar a actuar de manera pacífica, “a poner la otra mejilla”, dirían algunos.  No se trata de asumir una postura sumisa ante tales injusticias, de callar por el miedo,  pero sí de no convertirnos en aquello que criticamos.

Yo salí el 1ro de diciembre a manifestarme como parte del movimiento YoSoy132, nos reunimos en el metro Moctezuma (ya que oportunamente cerraron las líneas cercanas a San Lázaro). Nuestra consigna durante todo el camino y aún con provocaciones, balas de goma, gases lacrimógenos y encerrones  fue el pacifismo, ¿por qué?  Porque  la no-violencia es un instrumento de transformación social más fuerte que la violencia, porque logra cambios de raíz, porque se apoya en ideas, en manifestaciones artísticas, en la educación, porque permite que todo el mundo participe (hombres y mujeres, jóvenes y mayores, legales o ilegales, valientes y cobardes). Como estrategia política genera múltiples formas de acción ciudadana  en lugar de limitarnos a una lucha física en la que un Estado represor siempre tendrá mucha más fuerza que nosotros.

Nuestros derechos actuales y la conformación de Estados en América Latina también han sido fruto de batallas y han costado la sangre de muchos. La violencia como acción política en la historia ha sido respuesta a situaciones de injusticia y resentimiento social. Sin embargo, una verdadera acción revolucionaria en el contexto actual es cambiar la mentalidad política violenta, recurrir a otras estrategias de lucha, nuestra imaginación nos da para pensar en métodos que realmente dibujen un mundo diferente. Puede manifestarse el descontento sin  juegos sucios, no hay que atacar las viejas y oxidadas estructuras con viejos métodos. Un manifestante que va armado con bombas molotov no solo se pone en riesgo a él mismo, cuando tira su bomba los policías responden y esta respuesta puede caer sobre cualquier otro manifestante pacífico.

Los ciudadanos en México estamos aprendiendo a decir ¡basta!, y en este sentido muchos grupos, además de YoSoy132, salieron este sábado a las calles. Unos movidos por un ideal de cambio, otros por la rabia provocada por tantos abusos gubernamentales.

Últimamente el tema “Colombia” ha sido referente de problemas como el narcotráfico, la violencia y el militarismo para América Latina, no sólo por el apoyo que brindará el General Óscar Naranjo  al gobierno priista, sino por la circunstancias complejas que el país ha afrontado. Durante el periodo uribista se generó una perversa estrategia militarista cargada de escándalos como los falsos positivos, las desapariciones forzadas, el paralimitarismo, las chuzadas y la guerra que celebraba el convertirse en buenos matones matando matones, pero también una radicalización de movimientos de izquierda que los llevó hasta tener “consejos de guerra revolucionarios”, a usar el secuestro como arma política y a ser parte un hilo más del entramado violento. Naranjo declaró al diario El País que uno de sus objetivos en México será: erradicar la palabra ‘guerra’. En Colombia se cambió por el concepto ‘seguridad democrática’, surgido de otro un tanto más añejo de la doctrina de ‘la seguridad nacional’. Sabemos que paralela a esta estrategia viene la de glorificar al ejercito y a la policía nacional, llenar las calles de letreros donde aparecen militares “al rescate”; presentar novelas con militares valientes (ya imagino las sagas de telerisa) que pretenden justificar otra violación a los derechos humanos: el servicio militar obligatorio. En Colombia los militares se venden como los héroes de la patria y son parte del paisaje urbano y rural. Pero no lo dude, desaparecerá la palabra ‘guerra’.

La complejidad de Colombia nos da luz en algunas aspectos y es también un parámetro de aprendizaje sobre cómo idear estrategias no violentas de trabajo social.  La violencia arrasa los limites de sus finalidades y se convierte en otra cosa. Muchos colombianos han aprendido con sangre que : “toda bala es perdida”. La cadena puede ser difícil de parar: los militares/policías violentan con vallas y reprimen, algunos ciudadanos pueden aprender a hacer bombas caseras, pero los militares saben torturar, secuestrar, caminar camuflageados a nuestro lado, violar… ¿Se trata de que más ciudadanos se vuelvan guerreros o que los militares se conviertan en ciudadanos?

El malestar social alimenta la violencia de la gente, cuando algunos grupos de poder han intentado pisotear la vida de las personas y de los suyos, cuando claramente la injusticia y miseria humana son el pan de cada día,  parece lógico sentir ganas de dañar a quienes nos han lastimado. La impotencia envenena el alma, pero esa rabia puede convertirse en energía para luchar de otra manera, no como ellos lo hacen. Ante lo que viene hay que ser inteligentes y no ponerse al mismo nivel de ignorantes que solo siguen órdenes.  En mi opinión YoSoy132 es un movimiento diferente y está conformado con gente crítica y pensante, con moral política basada en su apartidismo y pacifismo. YoSoy132 también tiene su ejercito, pero un ejercito de trabajadores sociales, de pacifistas, de mexicanos dentro y fuera del país listos para movilizarse y no dejar que el país se convierta en un campo de guerra. México no puede entrar en esas dinámicas a las que parecen obligarnos nuestros gobiernos corruptos y violentos.  Ahí no jugaremos ni bajo sus reglas. No queremos más violencia.

YoSoy132 apuntala sus fuerzas hacia objetivos distintos, hacia  convertirse en una fuerza crítica y vigilante del gobierno, sí, al fin y al cabo son servidores públicos que funcionan con nuestros impuestos, pero camina hacia fortalecer su propia agenda política, sus mesas de trabajo, integrando a ciudadanos de diversas condiciones sociales en este espacio de diálogo. En mi opinión el discurso antiimposición está rebasado, ese es bandera de quienes siguen y seguirán jugando en esos mismos campos. No podemos seguir reaccionando y actuando detrás de los actos de un gobierno irresponsable e ilegítimo. Pueden construirse otras formas de participación ciudadana horizontales, no patriarcales ni jerárquicas, plurales, alternativas abiertas donde si bien hay organización, no se generan nichos de poder político ni económico.

Este primer ejercicio de manifestación pacífica nos dejó muchos aprendizajes y reflexiones, pudimos ver la brutalidad del Estado, su miedo, su falta de ética y hasta dónde puede llegar. Pudimos ver que no fuimos el único grupo que salió a las calles ni usando los mismos métodos. El contingente que salimos del metro Moctezuma a San Lázaro  nos encontramos elementos del estado mayor presidencial, policías de la ciudad, granaderos, policías de transito y federales, con balas de goma, gases, empujones, vallas y represión, todo por el simple hecho de manifestar el repudio a unas elecciones y una democracia corrompida. Algunos compañeros que estaban en la avanzada norte fueron agredidos físicamente cuando a manera de protesta golpearon las vallas para producir ruido. Debido a la cantidad de gases lacrimógenos y tensión nos dirigimos hacia el Zócalo a continuar con la manifestación, encontrando en cada parte del camino policías armados, algunos uniformados o vestidos de civiles caminando cerca, en los puentes peatonales o detrás de vallas que nos acorralaban e impedían el paso, fue extenuante.

YoSoy132 no puede ni quiere competir con esto, tenemos “armas” más eficaces: la memoria histórica, la educación, la palabras, el  arte. En esta primera jornada pudimos ver con tristeza hasta dónde puede llegar un Estado que se siente amenazado por los ciudadanos concientes que reclaman justicia, también que necesitamos mejores estrategias y formas de trabajo social.

En cuanto a los detenidos, a los presos políticos acusados de “Disturbios a la paz Social”, nos preguntamos: ¿los muertos que dejó la anterior administración no son disturbios a la paz social? ¿Granaderos y policías armamos hasta los dientes no son disturbios a la paz social? ¿Las vallas y rejas que  pretendían impedir el ejercicio ciudadano no son disturbios a la paz Social? ¿Lanzar balas de goma, gases lacrimógenos a ciudadanos pacíficos que se manifiestan su inconformidad no son disturbios a la paz social? ¿Las muertes de Atenco, los feminicidios no son disturbios a la paz social? ¿La violencia hacia grupos indígenas y comunidades no son disturbios a la paz social? ¿Con qué moral un Estado que ha garantizado la violencia y que no ha dado respuesta a la inconformidad ciudadana puede condenar a estos manifestantes?  ¡Exigimos justicia!

El panorama se ve nublado, este primer día de regreso del PRI parece augurar lo que vendrá, nos seguimos preguntando: ¿qué democracia es ésta que solo se legitima con violencia?

Yo salí a las calles el primero de diciembre, YoNoSoyVándala

 

*Yarima Merchan Rojas, vocera de YoSoy132 Internacional.

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