Javier Garza Ramos

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Laguna olvidada

Por: Javier Garza Ramos (@jagarzaramos)

 

En la noche del 30 de noviembre, unas horas antes de que el presidente Enrique Peña Nieto asumiera el mando de las fuerzas federales de seguridad, dos policías municipales de Torreón fueron acribillados frente a una iglesia en una de las principales colonias residenciales de la ciudad.

Fueron los últimos homicidios del sexenio de Felipe Calderón enLa Laguna, los números 3,535 y 3,536.

A las 11 de la mañana del sábado 1 de diciembre, justo en el momento en que Peña Nieto tomaba protesta y se colocaba la banda presidencial, los cuerpos de dos agentes del Ministerio Público de Durango fueron encontrados en la vecina ciudad de Gómez Palacio. Nuevo sexenio, pero eslabones de la misma cadena.

Pero los grupos criminales que han desatado la violencia en la zona metropolitana deLa Lagunano habían terminado.

La madrugada del domingo 2 de diciembre, menos de 24 horas después de que Peña Nieto proclamara que “México merece vivir en paz”, los cuerpos de siete hombres fueron encontrados en diversos puntos de Torreón. Estaban descuartizados, algo que, de acuerdo con algunos analistas, se ha vuelto menos frecuente en el país. En el transcurso del día, otras dos personas fueron asesinadas.

Ese mismo domingo, mientras Peña Nieto y dirigentes partidistas firmaban el “Pacto por México” y lanzaran un combate a los “poderes fácticos”, los criminales laguneros “estrenaron” la gestión al frente dela PolicíaFederalde Manuel Mondragón y Kalb, quizá el nombramiento mejor ponderado del gabinete presidencial. En Gómez Palacio atacaron a un grupo de agentes y mataron a uno de ellos.

En las 48 horas que siguieron a la llegada de Peña Nieto ala Presidenciadela República, la zona metropolitana deLa Laguna, la novena más grande del país con más de un millón de habitantes, ya sumaba 12 homicidios y un ataque a fuerzas federales.

Ninguna otra ciudad del país vivió un fin de semana tan violento. Pero los delincuentes seguían en lo suyo. El lunes hubo nueve homicidios y cuatro balaceras se desataron en un espacio de sólo tres horas en distintos puntos de Torreón.

En los primeros tres días de diciembre la suma de homicidios enLa Lagunaera de 21. Hasta ahora no ha sido detenido ningún responsable por estos crímenes.

Sólo los criminales que cometieron esta masacre saben si fue una provocación al nuevo gobierno o si simplemente siguen sus propios ritmos y necesidades en el exterminio de delincuentes rivales. Quizá la toma de posesión los tiene sin cuidado, pero han mandado un mensaje.

El nuevo gobierno debe tomarlo como una provocación. La percepción de un gobierno renovado y de una estrategia de seguridad diferente a la que ha dejado un tiradero de cadáveres queda opacada y desbancada por la sangrienta realidad. Los discursos inaugurales no se oyen cuando son abrumados por los balazos afuera de casa.

La violencia desatada no sólo enLa Lagunasino en otras ciudades no ha sido tema que ocupe a los nuevos encargados del gabinete de seguridad. Ni una palabra han dicho al respecto, mucho menos han emprendido una estrategia de disuasión para frenar a los criminales que actúan como, donde y cuando quieren.

Hasta ahora, parecen más ocupados en las protestas alrededor de la toma de posesión de Peña Nieto, mientras la comentocracia capitalina está más interesada en el muerto ficticio de ese día que en las decenas de muertos reales en otras partes del país.

Cuánta razón tenía quien dijo que más allá del Toreo todo es Cuautitlán. La prensa de la capital, caja de resonancia de la agenda nacional, simplemente no está poniendo atención. Por eso luego se sorprenden cuando hay balaceras afuera de un estadio o una masacre de jóvenes en algún bar. Creen que son hechos inauditos cuando en realidad son resultado de una violencia cotidiana que se va incubando con cada cadáver arrojado en una esquina.

En octubre del año pasado, en respuesta a la balacera afuera del Territorio Santos Modelo durante un partido del Santos, noticia que dio la vuelta al mundo, el Gobierno Federal lanzó un operativo de seguridad involucrando al Ejército,la PolicíaFederaly las policías estatales y municipales.

El operativo “Laguna Segura” ha sido un fracaso para frenar el crimen. El promedio mensual de robos en la zona conurbada pasó de 749 en el año anterior al plan de seguridad a 976 en el año siguiente, de acuerdo con cifras publicadas en El Siglo de Torreón.

En cuanto a homicidios, en todo 2011 hubo 995. Al 4 de diciembre de este año la cifra llega a 984. Al paso que vamos, en tres días el número estará arriba de mil por primera vez en la región.

Así arrancó paraLa Lagunael sexenio de Enrique Peña Nieto. En los últimos años, masacres, balaceras, secuestros, homicidios de alto perfil no han bastado para motivar una reacción gubernamental que eleve el costo a los criminales por desatar estos niveles de violencia. Está por verse si motivará a los actuales encargados de la seguridad.

Quizá la geografía explique un poco las cosas.La Lagunase extiende sobre Coahuila y Durango. Coahuila es la tierra donde el Gobierno Federal no pudo presumir la eliminación de El Lazca, uno de los criminales más sanguinarios del país, porque se robaron el cadáver. Durango es el estado donde durante años se ha rumorado la residencia del Chapo Guzmán.

Con estos antecedentes es fácil concluir que nadie ha estado poniendo atención.

* Javier Garza Ramos es Subdirector editorial de El Siglo de Torreón.

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