Laura Aragón Castro

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Si nos deportan, nos regresamos

Por: Laura Aragón Castro  (@Laura_aragon)

¿Un sacerdote llamando a una marcha? La foto principal del periódico religioso que reparten al terminar la misa en la catedral de San Mateo en Washington era la de un hombre con sotana. Tenía en sus manos letrero grande: Marcha. 10 de abril. Acude, te espero.

Miles acudimos a la cita. Logré salir un poco antes de la oficina. No podía faltar aunque imaginé que la señora que limpia el edificio, a quien le gustó mi vestido morado, y la que me vendió un sándwich al mediodía, difícilmente encontrarían una excusa para ausentarse de su trabajo. Al sacerdote de la fotografía lo acompañó en el pódium una obispo metodista y líderes de varias iglesias que portaban sus tradicionales turbantes y sotanas de colores. También hablaron congresistas, hombres, mujeres, demócratas, republicanos, negros, blancos y latinos, indocumentados y artistas.

La Santa Cecilia,  nominada en 2011 para los premios Emmy, cantaba música folklórica latinoamericana. “Lo que cambió ayer, tendrá que cambiar mañana. Así como cambio yo en esta tierra lejana”. Era un día asoleado. “Nice weather”, decían los gringos. Los niños y niñas se entretenían jugando a la pelota, mientas sus padres escuchaban “ICE”, una especie de balada que parecía entristecer el ambiente.

El hielo anda suelto por esas calles y nunca se sabe cuándo nos va a tocar.  Lloran los niños. Lloran a la salida. Lloran al ver que no llegará mamá. Uno se queda aquí. Otro se queda allá. Eso pasa por salir a trabajar”, cantaba La Santa Cecilia. Ellos viajaron desde Los Ángeles para acudir en la marcha. Pepe, uno de los vocalistas  del grupo, publicó recientemente a través de un video que era indocumentado. Había llegado desde Oaxaca de niño.

Muchos de los que hablaron sólo conocían México por fotos. Desde que recuerda, contaba Pepe, siempre ha vivido aquí y siempre ha sido indocumentado. “Soy de Oaxaca. Llegué aquí cuando tenía 6 años. Han pasado ya 24”. La voz  entrecortada. “Estoy aquí por mis hermanos y mis padres”. Los ojos se le llenaron de agua.

Las playeras blancas contrastaban con la tez morena de la mayoría de los integrantes de la marcha. Algunos con rasgos indígenas ondeaban más de una bandera, la del país donde habían nacido y la de Estados Unidos. La mirada de los hombres se clavaba en la cúpula blanca del capitolio, como implorando un milagro. Tal vez por ello, cuando compré la  bandera mexicana, me preguntaron:

¿Con la virgen de Guadalupe o con el escudo?

La decisión esperada significaría para mucho, para poder salir de las sombras. Con un poco de suerte, hasta regresar unos días, a ver a la madre enferma o aunque sea a visitar su  tumba. Los padres y madres que se quedan acá tal vez podrían dejar el miedo y angustia por sus hijos.

¿Qué harán si nunca regreso a casa porque me detienen? Si no llego no es porque no te quiera m´ijo. Le llamas a tu tía. Te vas a vivir con ella. No te preocupes, nos vamos a volver a ver, no te voy a dejar, te lo prometo. Guarda bien el teléfono. Repite, ¿qué vas a hacer si un día me voy y ya no regreso?

“Please do not deport my daddy”, se leía en una camiseta de un niño.

Esperaban el milagro. Hablaron de lo cruel, inhumano y degradante que es separar a las familias y alejar a las niñas y niños de su padre.  Es contrario al libre mercado abogar por la libre circulación de bienes y servicios, pero no de personas.

“Sí se puede, sí se puede…“, coreaba la gente. El New York Times publicó recientemente que la migración de México a Estados Unidos había disminuido drásticamente por la situación económica de este último. Pero los que ya  viven aquí, esos indocumentados que en la marcha alzaban banderas norteamericanas porque ya habían hecho de este su país, se quedarán aquí. Con o sin reforma.

“Y si nos deportan, nos regresamos”, se leía en otra pancarta.

 

* Laura Aragón Castro es Politóloga. Trabaja en National Strategy Information Center, asociación civil  con sede en Washington, D. C., y colabora con Justicia para Nuestras Hijas y Cedehm. Ha laborado en organizaciones de derechos humanos y en la administración pública en México.

 

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