Ociel Mora

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Las metas del Milenio y la fatalidad de la pobreza que nos persigue

Por: Ociel Mora (@ocielmora)

Alguna vez, siendo empleado de gobierno en temas de desarrollo social, propuse la creación de una oficina dedicada específicamente a dar seguimiento a los programas relacionados con los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Una decisión de gran trascendencia política tomada en México en el año 2000, durante una reunión de jefes de estado y de gobierno, en la ciudad de Monterrey, a instancias de la ONU y otros organismos internacionales responsables del desarrollo. El acuerdo consistía en reducir la pobreza en el mundo a la mitad, en un plazo no mayor a 15 años. Es decir, todos los países firmantes hicieron el firme compromiso de bajar el número de pobres a la mitad en sus respectivos países. Para facilitar la operación del programa, los Objetivos se concentraron en ocho metras centrales.

Para aquel entonces ya gobernaban en el país los panistas, y el señor Fox como anfitrión no tuvo empacho en decir que, en México, las cosas ya no eran como antes y que a partir de ese momento problemas como el de la pobreza y marginación (que lo avergonzaban) serían cosa del pasado.

Entre las metas del programa estaba la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, universalizar la enseñanza primaria, hacer efectivo el principio de equidad en la mujer, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combate al VIH/SIDA y paludismo, garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, y fomentar una asociación mundial para el desarrollo. Con la excepción de ésta última que estaba floreciendo en ese momento, el resto de ellas, de un modo u otro, ya estaban en los programas de gobierno e incluso muchas ya gozaban de estructuras específicas de funcionamiento, así que sólo era cosa de fortalecerlas y focalizar sus acciones bajo criterios mucho más estrictos, y de ese modo salir avante.

Cierto, muchos le creímos al señor Fox y pensamos que, sí, había llagado la hora de los pobres, y que temas tan dolorosos como el relacionado con el hambre (particularmente en niños) y sus derivaciones de muerte, a partir de entonces pasarían a ser parte de la historia de un país que fue. El cambio había tenido su sentido.

Sin embargo, y he aquí la expresión descarnada del fracaso estruendoso de los gobierno panistas en materia de bienestar, la semana pasada la FAO distribuyó un comunicado en Roma en el que comunica que México no cumplirá con las metas de Desarrollo del Milenio, como sí lo están haciendo la mayoría de los países de la región de América y del Caribe. El documento dice textual que treinta y ocho países han cumplido ya los objetivos contra el hambre, dos años antes de la fecha. El anuncio estuvo  cargo de José Graziano da Silva director en la ONU para la Alimentación y la Agricultura. “Estos países (en referencia a los que han cumplido las metas) están abriendo el camino hacia un futuro mejor. Son la prueba de que con una fuerte voluntad política, coordinación y cooperación, es posible lograr reducciones rápidas y duraderas para el hambre”

Ya sospechábamos que México sigue siendo de los peores países de América Latina en lo tocante a gestión de políticas públicas para la prosperidad. No cumple compromisos ni hacia dentro ni hacia afuera, y por lo tanto la brecha entre pobres muy-pobres y ricos muy-ricos cada día crece más de manera inmisericorde. Mientras en el mundo y en América Latina la pobreza se reduce de manera sustantiva, en México crece el número en esa condición inicua. Es de los poquísimos países en el que con puntualidad de relojero repite el fenómeno funesto.

¿Cuál es el mayor mal de la política social en lo que va del nuevo siglo? Su partidización. Desde que Carlos Salinas creo el PRONASOL para ganar la legitimidad que no obtuvo en las urnas, presidentes y gobernadores han recurrido al mismo expediente, ya sea para su promoción personal o para promocionar a futuros candidatos a puestos de elección popular. Esa fórmula la conservaron inalterable los gobierno panistas, y mucho me temo que las cosas siguen igual en este gobierno. Otro de los grandes males es la ignorancia de los funcionarios del primero nivel, porque en general son designados no con criterios técnicos sino de movilización electoral. El asunto es tan grave que incluso en el punto 4 del Adéndum al Pacto por México se habla explícitamente de la necesidad de profesionalización de los delegados de la SEDESOL y operadores de los programas federales. El combate a la pobreza es un problema eminentemente técnico. La señora Josefina Vázquez Mota sabía tanto del tema como en su momento el señor Luis Donaldo Colosio. Sin embargo, ambos fueron candidatos a la presidencia.

Pero volviendo al punto: entre los países cumplidores, y tomados al azar, se encuentran: Argelia, Angola, Bangladesh, Benín, Brasil, Camboya, Camerún, Chile, República Dominicana, Fiji, Honduras, Indonesia, Jordania, Malawi, Maldivas, Níger, Nigeria, Panamá, Togo y Uruguay. Cuando cándido le expliqué a mi jefe la idea de la oficina, como no sabía de lo que le hablaba, me dijo textual, no se preocupe antropólogo, ahorita pido que lo comuniquen.

 

* Ociel Mora estudió Antropología Social en la ENAH y ha trabajado con grupos indígenas en los estados de Veracruz, Puebla e Hidalgo. Es editor de autores indígenas. Una de sus últimas obras es Huachinango: el rumor del tiempo; también anima la revista Barbarie, la ciudad letrada (de vida zigzagueante en papel). Hace chambas como consultor en  temas de pobreza y marginación. Es miembro de ONG´s.

 

 

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