#DictamenLozano: discriminador, excluyente…

Si al dictamen de Ley de Telecomunicaciones no se le añaden compromisos claros, con tiempos y obligatoriedad de parte de los concesionarios y el Estado, para lograr el acceso a las personas con discapacidad en igualdad de condiciones, estaremos tirando por la borda la oportunidad de que México de un paso importante en inclusión.

Por: Katia D’Artigues (@kdartigues)

Ilusionada, leí el llamado #DictamenLozano. Esperaba que las graves omisiones del proyecto presidencial con respecto al acceso de personas con discapacidad tanto a la televisión como a las telecomunicaciones se hubieran arreglado.

No es así.

El hoyo es mayúsculo y si pasa como está será una ley discriminadora que hablará de “cobertura universal” excluyendo; de derechos de audiencias (entre ellas las personas con alguna discapacidad) sin implementar medidas reales y necesarias para hacer accesible y asequible su ingreso. Lo hará violando derechos reconocidos no sólo en la Constitución (como el artículo 1º. constitucional y también el 6º).

Si al dictamen no se le añaden compromisos claros, con tiempos y obligatoriedad de parte de los concesionarios y el Estado, para lograr el acceso a las personas con discapacidad en igualdad de condiciones, estaremos tirando por la borda la oportunidad de que México de un paso importante en inclusión.

Les pongo ejemplos puntuales.

El artículo 161 dice:

“ En el caso de canales de televisión deberán cumplir con lo siguiente, en los términos que fije el Instituto:

I. Contar con guía electrónica de programación, conforme a las disposiciones aplicables, y

II. Contar con servicios de subtitulaje o doblaje al español o lengua de señas mexicana para accesibilidad a personas con debilidad auditiva. Estos servicios deberán estar disponibles en algún segmento de al menos uno de los programas noticiosos”.

Mal. Primero, “en los plazos que fije el Instituto” pueden irse al infinito y  más allá. Dos: no se trata de contar con subtitulaje o doblaje o lengua de señas mexicana. No es “o” es “y”. Debería serlo. Y no sólo en al menos uno de los programas noticiosos, sino paulatinamente en toda la programación.

¿Por qué se necesita todo esto? Bueno, porque hay sordos que sólo hablan lengua de señas mexicana; es su idioma materno. Tienen derecho a recibir información así. Además a través de intérpretes en lengua de señas certificados. Ya hay una certificación.

Subtítulos para sordos o personas con debilidad auditiva que puedan leer. Esto además facilita la alfabetización para todos. El subtítulo debería incluir una video descripción (como se hace en el close caption en Estados Unidos)

Doblaje para personas ciegas o con debilidad auditiva. ¿Por qué no podrían tener acceso a la programación que se da en otra lengua?

En Chile se implentó en toda la programación en tres años. Hay que exigir un calendario y un compromiso. Que abarque no sólo “algún segmento de uno de los programas noticiosos” porque entonces estaremos excluyendo a las personas con discapacidad de todo lo demás, de parte de la cultura.

¿Se preocupan porque se “ensuciará” la pantalla con tanta información? Bueno, estamos en el siglo XXI. Se puede activar o desactivar por el consumidor.

El artículo 191 es una joya. Dice:

“Los usuarios gozarán de los derechos previstos en esta Ley y en la Ley Federal de Protección al Consumidor, así como en las demás disposiciones aplicables”

Hasta ahí bien. Ahora, ¿qué contempla para personas con discapacidad? A eso se dedica la fracción VI.

“VI. A contar con programas de asesoría a personas con discapacidad para el uso de los servicios de telecomunicaciones y radiodifusión”.

Esto es muy novedoso. Resulta que en el Senado descubrieron que si las personas con discapacidad no usan los servicios de telecomunicaciones y radiodifusión es porque les falta asesoría. ¡Qué tontería y qué menosprecio! Lo que hay que hacer es hacer los servicios accesibles para todos.

Eso es todo lo que contiene la iniciativa. Bueno, también una buena referencia a que en programas infantiles y juveniles (art. 221) se fomente “el respeto a los derechos de las personas con discapacidad”.

Ahora, ¿qué falta?

Accesibilidad web. Hacer obligatorio que todas las páginas web, al menos de los entes públicos de todos los niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) sean accesibles.

¿Qué es hacerlos accesibles? Que haya un rediseño para que las personas digamos, ciegas, puedan navegar por ellas. Para acceder a internet, las personas ciegas usan lectores de pantalla (el Jaws es el más famoso, también es caro) que le va leyendo lo que dice la pantalla. Pero hay cosas de diseño que hay que evitar o programar de manera diferente para que la lectura “fluya”. No hay que inventar nada: hay manuales para ello, uno de ellos lo publicó Conapred junto con el IFAI hace dos años. Es un libro descargable gratis.

De todas las páginas web del gobierno federal (y que yo sepa estatal y municipal) la única es la de Conapred y la del IFAI estará por serlo pronto. ¿Cuál fue el resultado al hacerlo? El sitio duplicó tanto su número de visitas como el tiempo de permanencia en el sitio y cuadruplicó el número de páginas visitadas.

Servicios y comunicación en caso de emergencia. Los servicios de emergencia deben contar con mensajes de texto. Puede ser la única oportunidad de una persona sorda, digamos, para avisar que está en peligro. También en caso de emergencia, los concesionarios de televisión abierta y restringida deberían incluir una banda en la cual alerten a las personas con discapacidad auditiva de la emergencia así como una alerta auditiva para ciegos. Si se dan indicaciones –imaginen la emergencia en H1N1— también deberá ser en Lengua de Señas Mexicana.

Casetas de teléfonos públicos accesibles para personas con discapacidad física, en la medida en que se calcula que hay personas con discapacidad. La OMS lo calcula en 10% de la población. Si es niño o niña le encantará y si es persona sin discapacidad, pues agáchese si sólo encuentra ése.

Servicios de retransmisión. Son un equivalente funcional a la comunicación entre personas oyentes y personas con discapacidad auditiva. Se hace a través de una operadora que recibe textos de la persona con discapacidad auditiva y se los lee a la oyente; luego ésta escucha y responde. En Colombia se hace desde principios de este siglo; en Estados Unidos hay servicios similares y también pueden ser en video para personas que hablen Lengua de señas Mexicana.

Equipos accesibles. Hay equipos ya diseñados que tienen muchas más funcionalidades para personas con discapacidad y también sirven mucho a adultos mayores. Por ejemplo con un teclado más grande, o que presenten íconos para personas con discapacidad intelectual. En países como Canadá la propuesta fue que los concesionarios ofrezcan a la venta al menos uno de estos equipos; ya el usuario final decidirá si lo compra.

Le decía que tenía la esperanza de que todo lo anterior se incorporara. Con razones fundadas porque lo anterior se le hizo llegar a todos los legisladores de las comisiones respectivas por mail y físicamente al Senado. No lo leyeron o no les importó. Aquí está en un blog de Clara Luz Álvarez, una experta en el tema que lo redactó.

Hay muchas razones, pero daré sólo dos para no aburrirlos citando leyes y Convenciones: en este país se dice que todos tenemos derecho a lo mismo, como al acceso a la información.

Se necesitan apoyos para que las personas con discapacidad puedan hacerlo. Hay que incorporarlo. Un principio importante es que no se puede tratar igual a los diferentes, hay que ver esas diferencias para tomar medidas para incluirlos y que así tengamos acceso a la igualdad.

La segunda razón es porque estadísticamente vivimos más años y aún las personas que hoy no tenemos una discapacidad la tendremos. Nos conviene a todos.

Si la ley no se arregla en este sentido, me imagino una escena. Alguno de estos senadores que votarán la ley tendrán –por estadística, que no es maldición– a sus 85 años una debilidad auditiva o visual y no tendrán acceso a sus programas favoritos… Se estarán dando de topes porque no hay una caseta telefónica en la que puedan hablar desde su silla de ruedas. Quejándose de que no tienen un aparato celular que vean bien y les sirva.

También me lo imagino con el Presidente y el staff que hizo la ley porque la omisión que aún espero que arreglen los senadores, venía de origen. Los imagino diciendo: “Ay, ¡si tan solo hubiéramos cumplido con el compromiso número uno que firmamos –y ante notario– con las personas con discapacidad! ¡Si sólo se necesitaba armonizar la Convención por los Derechos de las personas con discapacidad!”

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