¿Cómo hablar a los niños sobre Ayotzinapa?

Evitar un tema o un problema no suele traer muy buenos resultados ni para la propia madurez ni para la comunicación y confianza entre las personas. Los niños siempre saben o intuyen algo de lo que tratamos de ocultar, y si no reciben información y contención, corren más riesgo de imaginar un mundo inseguro y peligroso, y llegar a creer que no cuentan con herramientas para enfrentarse a él.

¿Debemos hablar a los niños sobre Ayotzinapa?

Evidentemente nadie quisiera que los niños sufrieran o tuvieran que lidiar con el dolor, ni el propio ni el del mundo. Por esa razón existe una tendencia muy común por parte de los adultos a evitar que los niños se enteren de algunas situaciones negativas, sobre todo las especialmente trágicas, pensando que de este modo se les protege.

Sin embargo, evitar un tema o un problema no suele traer muy buenos resultados ni para la propia madurez ni para la comunicación y confianza entre las personas. Los niños siempre saben o intuyen algo de lo que tratamos de ocultar, y si no reciben información y contención, corren más riesgo de imaginar un mundo inseguro y peligroso, y llegar a creer que no cuentan con herramientas para enfrentarse a él.

¿Cómo empezar?

Una buena forma de aproximarse es preguntándoles a ellos ¿qué han escuchado? ¿Han hablado con alguien más sobre este tema? ¿Qué dudas les surgen?

A partir de aquello que narren poder enriquecer la historia siendo concretos, sin minimizar. Sugerimos armar una narración que incluya los hechos principales (estudiantes normalistas que se dirigían a Iguala en camiones, enfrentamiento, secuestro por parte de policías, entrega a grupos criminales, asesinato).

¿Por qué?

Podemos decirles que escucharán varias versiones y opiniones al respecto: quienes explican que algunos eran criminales enfrentados a otros criminales, y quienes saben sobre la historia de los estudiantes normalistas en esa zona, de mucha escasez y pobreza; explicarles que los normalistas tienen una tradición de lucha contra la injusticia, y que eso es amenazante para la gente que tiene el poder y los quiere acallar.

Hablar de valores

Tener una conversación de este tipo con nuestros hijos es una oportunidad para hablar de las cosas que nos parecen valiosas. Podemos decir, por ejemplo, que rechazamos la violencia, que nada justifica la violencia contra estos 43 normalistas. Podemos hablar sobre nuestras ideas de justicia, dignidad, valor, compromiso; de la importancia de tomar una postura. Por eso nos parece necesario hablar de estos temas, aunque no sean ellos quienes los traen.

Probablemente narrar los hechos genere en ellos nuevas preguntas que de forma clara habría que responder.

¿Nos puede pasar?

Si surgiera esta pregunta, tenemos que aceptar que vivimos en un país con desigualdades e injusticias y que nuestro sistema no ha podido proteger a muchos mexicanos. Sí, somos vulnerables.

Hablar de sentimientos y emociones

Esto es fundamental para contener a los niños. Primero habría que reconocer qué sentimientos y emociones nos genera a nosotros esta situación: la forma en la que esto que pasa en nuestro país nos afecta y nos preocupa, del dolor, la indignación, la frustración, el enojo, el miedo, la impotencia, y qué hacemos con ellos.

Estos sentimientos hablan de las personas que somos. Para manejar estas emociones sirve reconocerlas, y luego poder hablar con otros de cómo nos sentimos, de qué nos gustaría que se hiciera u ocurriera; esto nos ayuda a salir de la impotencia porque nos reconocemos acompañados en nuestro sentir.

Acción y esperanza

Se ha demostrado a lo largo de la historia que la manera más útil y efectiva para salir de la impotencia y la indignación es hacer algo constructivo con ellas. Esto transforma la impotencia en reconocimiento de nuestro poder, y puede convertir nuestra indignación en verdadera justicia. Desde las acciones que nos transforman como individuos, hasta las que nos transforman como familias, o como comunidades.

Podemos facilitar o proponer a nuestros hijos acciones simples y concretas como hacer un dibujo, escribir una carta para los desaparecidos, para sus padres, para el presidente; inventar una canción o un poema que los recuerde, a ellos y lo que valoramos… (¡hora de la creatividad!).

Puede ser útil hablar de las resistencias, grandes y pequeñas, de personas que han logrado cambiar ciertas cosas, a pesar de que el contexto sea totalmente adverso. Expresar uno mismo su indignación y unirse en expresiones comunes, nos fortalece y nos conecta con la esperanza.

 

* Soren García Ascot (@SorenGAO) y Adriana Segovia (@NASegovia) son Terapeutas familiares del Instituto Latinoamericano de Estudios de la Familia, A. C. (ILEF)

Close
Comentarios