La colombiana y la colombianización

¿Fiesta? ¿Robo? ¿”La colombiana”? ¿Chupando con los asesinos? ¿Crimen pasional? Dentro de las “explicaciones” que estamos acostumbrados a oír, alias "LA COLOMBIANA" es el argumento más telenovelesco de la historia. Ella es una víctima más de este asesinato.

Cuatro días han pasado y la PGJDF no ha dado a conocer la identidad de dos de las víctimas del multihomicidio en la Narvarte. Cuatro días en la escena del crimen sin dar a los medios una información precisa. Sin embargo,  “se filtran” muchos cabos sueltos para que la prensa se entretenga construyendo, desprestigiando, inventado historias.

¿Fiesta? ¿Robo? ¿”La colombiana”? ¿Chupando con los asesinos? ¿Crimen pasional? Dentro de las “explicaciones” que estamos acostumbrados a oír, alias “LA COLOMBIANA” es el argumento más telenovelesco de la historia. Ella es una víctima más de este asesinato.

Hasta ahora no tenemos certeza de que en realidad esta chica es ciudadana colombiana. Resulta inverosímil que no hubiera un solo documento en su casa que pudiera referir a su nombre o nacionalidad. Pero en México, las muertas parecen perder su nombre, su dignidad, sus derechos, hasta su nacionalidad. Resulta bochornoso leer algunos medios que, estigmatizándola, ya dan casi por hecho que “le hicieron un ajuste de cuentas” (lo que casi justifica que la violaran, le introdujeran metales por su vagina y la asesinaran). Siendo así, los homicidios de Alejandra (la otra invisible), Rubén y Nadia vuelven al lugar preferido de la argumentación policial en México: “los daños colaterales”.

La crisis política que se vive en México cada día cobra más vidas. Nosotras, las colombianas, reconocemos lo que pasa porque en muchos sentidos lo hemos vivido. Paramilitarismo (uno se pregunta cómo algunos medios e intelectuales todavía no se atreven a pronunciar las cosas por su nombre), despojo territorial, narcogobierno. En este panorama, periodistas, activistas y defensores de derechos humanos resultan ser los principales enemigos de un gobierno corrupto.

El 3 de agosto un grupo de colombianas y colombianos preocupados por el homicidio de las 5 personas en México, pedimos información al consulado colombiano. Al respecto, Manuela Ríos Serna, Cónsul de Segunda clase, escribió:

“Estimada Dra. Cardona:

 De manera atenta me permito poner en su conocimiento que el día de hoy se presentó en este Consulado un grupo de colombianos residentes en México, manifestando su preocupación por la muerte de una ciudadana presuntamente de nacionalidad colombiana el pasado viernes 31 de julio en el Distrito Federal.

Sobre el particular, los connacionales solicitan por parte de la Embajada y Consulado un pronunciamiento sobre este tema. Al respecto se les explicó que, en primer lugar, aún no contamos con una confirmación oficial por parte de las autoridades mexicanas sobre la identidad de la víctima presuntamente colombiana, y en relación con el comunicado se les explicó que cualquier pronunciamiento oficial es competencia del Ministerio de Relaciones Exteriores en Bogotá”.

Carta al consulado de Colombia por multihomicidio en Narvarte

En Colombia el paramilitarismo se “justificó” como una estrategia contra los grupos insurgentes, en México es el principal medio de despojo territorial, pero además se ha especializado en negocios como el narcotráfico, la trata de blancas, la venta de órganos, las drogas, el secuestro, la extorsión, afectando fuertemente a los estados. Pero nosotros los colombianos sabemos que eso, tarde o temprano, llega a las ciudades.

Con una policía local y federal corruptible, con un gobierno coludido o cómplice, con la facilidad de entrada y tráfico de armas (rápido y furioso y otros muchos casos), la violencia tiene el camino fácil.

No es menor el hecho de que durante el gobierno de Javier Duarte en Veracruz hayan sido asesinados más de 13 periodistas (Regina Martínez, Goyo Jiménez,  Moisés Sánchez, Víctor Manuel Báez, Irasema Becerra, Guillermo Luna, Gabriel Huge, Esteban Rodríguez, Noel López Olguín, Miguel Ángel López, Misael López, Yolanda Ordaz, Armando Saldaña), tampoco que Rubén y Nadia hayan dicho en varias ocasiones que tenían amenazas y sentían que su vida estaba en peligro. Ellos se trasladaron a la ciudad de México motivados, entre otras cosas, por el miedo. Esto, por lo menos para un gobierno decente, demandaría una investigación profunda en todos los niveles. Sin embargo, ya reconocemos la estrategia de las entidades de procuración de justicia en México: opacidad, confusión, desinformación. El caso Ayotzinapa se vio nublado, sesgado, y hasta el momento no sabemos qué fue lo que realmente pasó. Solo que en México se está asesinando a quienes levantan la voz. Muchos investigadores han dado luz sobre las muchas incongruencias en la “versión oficial”. Ya nadie les cree. En México todos tenemos miedo y sabemos de qué lado están los responsables, estigmatizar o criminalizar injustamente no puede permitirse.

Las colombianas y los colombianos pedimos justicia por Ruben, por Nadia, por Yesenia, por Nicole, por Alejandra, por los chicos asesinados en Ayotzinapa, por las miles de muertas y desaparecidos del país. No se trata de colombianos, de mexicanos, de latinoamericanos… se trata del valor de la vida y de no acostumbrarnos a la violencia, a que nos maten. Nosotros sabemos que duele porque llevamos más de 50 años poniendo muertos. Sabemos que el problema cruza fronteras y que las causas están relacionadas a políticas internacionales y globalizadas. Pero sabemos también que la solidaridad es internacional.

Y sí, hay que aprender de la experiencia ajena, de #LaColombiana. Lxs colombianxs también aprendimos a ser solidarios, a organizarnos, a politizarnos para saber qué es lo que realmente pasa, a quejarnos, a rescatar las instituciones, a decir NO. Esa es la parte de la colombianización que necesita México.

#JusticiaParaRuben

 

* Yarima Merchan Rojas (@Yarigui) “la colombiana”, la mexicana, es Arqueóloga por la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

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