¿Y las gafas violetas para la migración?

Para conocer cómo es la participación de las mujeres en los diferentes procesos migratorios, es necesario colocarnos unas gafas violetas, esas que el movimiento feminista ha insistido que son necesarias para analizar los hechos desde una mirada de género.

Por: Gretchen Kuhner 

Si revisamos la historia, sabremos que han existido hitos importantes que han marcado un antes y un después en las sociedades, momentos de impacto que cambian la mirada de ciertos acontecimientos. Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, pareciera que estamos frente a un momento de impacto en el tema migratorio, sin embargo, algo que ha sido constante a lo largo de los años es la mirada que la mayoría de las investigaciones, leyes, trabajos periodísticos y políticas públicas han tenido en el tema: una mirada androcéntrica, basada en la experiencia migratoria de los hombres.

De acuerdo con Naciones Unidas, desde hace más de cinco décadas las mujeres representan el 50 por ciento de la población migrante mundial, e históricamente han estado vinculadas a la migración a través de uno o varios de sus familiares quienes han emprendido el camino. Parafraseando a la escritora Nuria Varela, ellas, ‘las nadies’, no sólo son más de la mitad de la población en el mundo, sino que su experiencia no tiene voz y sus pies están sobre una tierra que no les pertenece, pero que comprenden como nadie.

Para conocer cómo es la participación de las mujeres en los diferentes procesos migratorios, es necesario colocarnos unas gafas violetas, esas que el movimiento feminista ha insistido que son necesarias para analizar los hechos desde una mirada de género. Con ellas no sólo miraremos lo que hasta ahora había permanecido oculto, sino que lo nombraremos y en consecuencia dejaremos de justificar y normalizar la desigualdad entre hombres y mujeres, buscando soluciones acordes a cada necesidad.

En el contexto mexicano, las mujeres en la migración están presentes en todos los procesos, en el origen, el tránsito, residiendo en el país, o de retorno. Como país de origen, las mujeres vinculadas a la migración enfrentan retos relacionados a su salud sexual luego de la ausencia, por años, de sus parejas, o procesos de divorcio o pensiones alimenticias para sus hijas e hijos.

En el tránsito, al ser México uno de los principales corredores migratorios en el mundo, se estima que cada año alrededor de 400,000 personas migrantes en situación irregular atraviesan el país en su camino a Estados Unidos, más del 90 por ciento proviene de Centroamérica y 20 por ciento son mujeres y niñas, la mayoría tiene necesidades de protección internacional.

Como país de destino, de las casi 500,000 personas de origen extranjero viviendo en el territorio, 49 por ciento son mujeres de acuerdo con el censo mexicano de población, mientras que de las 12 millones de personas mexicanas viviendo en Estados Unidos, 48 por ciento son mujeres.

Tanto la crisis económica como el recrudecimiento de la política migratoria estadounidense han propiciado un aumento en el retorno a México de la población migrante, “voluntaria” o involuntariamente. De acuerdo con el Pew Research Center, en 2013 fueron deportadas de Estados Unidos más de 300,000 personas mexicanas, 23 % madres y/o padres de niñas y niños ciudadanos estadounidenses. Esto ha traído como consecuencia retos para las mujeres migrantes en materia de acceso al trabajo, a la educación, a servicios de salud y a la inscripción de la nacionalidad mexicana para sus hijas e hijos en nuestro país.

El marco en el que se desarrolla la movilidad de las mujeres interviene en el resultado de la migración. Si bien la política migratoria puede promover la autonomía de las mujeres y así contribuir a generar desarrollo, gobernanza y paz, también puede profundizar los patrones de desigualdad. En nuestro trabajo diario con mujeres vinculadas a la migración, vemos cómo los casos de separación familiar, deportación, violencia física y sexual, y barreras al acceso a la justicia, a la salud y a la educación, son una constante. Por lo que garantizar sus derechos de acuerdo a los estándares internacionales es un tema de igualdad y de eficiencia, clave en todos los aspectos del desarrollo, sin embargo, es difícil entender la conexión entre lo que pasa en el terreno y los derechos consagrados en el ámbito internacional.

Subsanar los retos y necesidades que las mujeres en la migración enfrentan, y ante el actual ambiente político internacional -donde se han priorizado actitudes xenófobas y discriminatorias contra ésta población- hace necesario no sólo ponerse unas gafas violetas, sino recordar a nuestro país los compromisos que ha asumido para garantizar los derechos de las mujeres migrantes y refugiadas.

Por ejemplo, la Recomendación General No. 26 adoptada en 2005 por el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), en la que se señala que la migración puede ofrecer nuevas oportunidades y empoderamiento económico a las mujeres. Sin embargo, también puede poner en peligro sus derechos humanos y su seguridad. En cada etapa del ciclo migratorio, las trabajadoras migrantes enfrentan discriminaciones por motivo de género o sexo que son causa y consecuencia de la violación a sus derechos humanos.

Otro compromiso son las metas de desarrollo sostenible para 2030, adoptadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas y los Estados parte en 2015, de los que México es miembro. En ellas se busca facilitar la migración y la movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables de las personas, mediante la aplicación de políticas migratorias planificadas y bien gestionadas (meta 10.7), así como poner fin a todas las formas de discriminación contra las mujeres y las niñas (meta 5.1).

En 2016, México y un conjunto de Estados se comprometieron en la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes a estudiar la posibilidad de facilitar oportunidades para la migración segura, ordenada y regular; a su vez, reconocieron la necesidad de abordar la situación de vulnerabilidad de las mujeres y las niñas migrantes mediante la incorporación de una perspectiva de género en las políticas de migración. En este sentido, los Estados junto con la Organización Internacional para las Migraciones han iniciado negociaciones intergubernamentales para aprobar un Pacto mundial para la migración segura, ordenada y regular que busca facilitar la migración y la movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables de las personas y fomentar su inclusión en las sociedades de acogida.

Y es que si las mujeres son las protagonistas, el mundo, nuestro mundo, el que creemos conocer, sería otro; si sus ojos miraran la historia, ésta no se parecería nada a la oficial, afirma Nuria Varela en su texto “Feminismo para principiantes”. Para comprender mejor esta mirada, los días 25 y 26 de enero se llevará a cabo el IV Simposio Internacional: Feminización de las Migraciones. Panorama de la Agenda Global, en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, en la Ciudad de México. La entrada es libre y el análisis y las reflexiones serán colectivas.

 

* Gretchen Kuhner es directora del Instituto para las Mujeres en la Migración, A. C. (@imumidf)

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