La crisis de refugiados en el continente americano

Miles de individuos, incluyendo mujeres y niños buscando refugio no solamente han sido sujetos de abusos de derechos humanos, sino que han vivido en nuestro territorio las mismas prácticas excluyentes que los mexicanos sufren al norte de nuestra frontera.

Por: Mónica Romero

El discurso de la migración relacionado con la frontera México-Estados Unidos ha seguido un patrón específico: migrantes económicos y refugiados provenientes de México o Centroamérica tratando de cruzar la militarizada frontera sin documentos legales. Hasta hace poco este patrón se vio interrumpido por la inédita llegada de migrantes africanos y asiáticos a México con intenciones de pedir asilo en el vecino país del norte. Sin embargo, la cobertura de esta nueva problemática no duró mucho: el triunfo de Trump y sus constantes alegatos en contra de los migrantes latinos han regresado el estatus quo en la región. El enfoque de preocupación vuelve hacia nuestra frontera y a los connacionales viviendo en Estados Unidos.

México ha exigido frágilmente el trato justo a sus ciudadanos viviendo en ese país; sin embargo, esto no es algo que nosotros ofrezcamos a los migrantes centroamericanos que transiten por nuestro territorio. Miles de individuos, incluyendo mujeres y niños buscando refugio no solamente han sido sujetos de abusos de derechos humanos, sino que han vivido en nuestro territorio las mismas prácticas excluyentes que los mexicanos sufren al norte de nuestra frontera.

La firma del Plan de la Frontera Sur demuestra la disposición de México a seguir los pasos de Estados Unidos para evitar que migrantes irregulares crucen su frontera con Guatemala. Esto no es porque las políticas mexicanas sigan el mismo discurso nacionalista de “proteger” a nuestro país, sino porque apoyamos el mero nacionalismo americano. Para Washington no basta tener una frontera militarizada en América del Norte, además es necesario otra que actúe como filtro para evitar que los illegal aliens lleguen a pisar tierras americanas. El outsourcing de prácticas de exclusión no solamente se da en regiones como la Unión Europea, la cual ha implementado tratados de reubicación de migrantes con terceros países, sino también en nuestro propio suelo.

Debido a su posición geográfica, México ha sido usado por Washington; al integrar la ayuda monetaria y militar proveniente de Estados Unidos, la frontera México-Guatemala ahora también se convierte en una fuente de violencia y un campo de batalla para los miles de migrantes que cruzan diariamente.

Aunque el objetivo de Trump es construir un muro adicional al que ya existe para evitar que los bad hombres ingresan a su territorio, existe otra realidad paralela en la que migrantes de regiones más lejanas (África y Asia) buscan, ahora, hacer de Estados Unidos un país de tránsito más que uno de destino. Esto indica que el enfoque monetario y estratégico ya no solamente sería eficaz en la frontera, sino en el interior de su propio territorio también. Al cruzar la frontera México-Estados Unidos estos migrantes piden asilo y son puestos en centros de detención hasta que se resuelva su status, si es rechazado, los liberan esperando su deportación. Sin embargo, ellos tienen otra idea en mente: encontrar la manera de llegar a Canadá lo más pronto posible y desaparecer del radar de las autoridades migratorias estadounidenses.

Individuos provenientes de países como Somalia, Bangladesh, Nepal, etc. salen de su lugar de origen trazando sus rutas considerando diversos factores; sin embargo, dos de los más decisivos son el enfrentamiento directo e indirecto con políticas migratorias restrictivas y el encuentro con discursos anti inmigrantes. Hoy en día en Europa, las emergentes estrategias de seguridad en fronteras, tales como vallas y checkpoints, así como tratados de reubicación con terceros países (pacto migratorio UE-Turquía) juegan un rol importante para que los migrantes estén dispuestos a abrir nuevas rutas migratorias en lugares más distantes, con menos conocimiento de la región y menos lazos culturales y lingüísticos.

Migrantes provenientes de Somalia o Iraq evitan tomar la clásica ruta a través de Grecia para llegar a Brasil o Ecuador y emprender su viaje hacia el norte del continente. Hasta el diciembre pasado, el punto de destino era nuestro país vecino del norte; sin embargo, el discurso de Trump, no solamente ha cambiado el rumbo de sus relaciones diplomáticas con nuestro país, sino también el rumbo de los migrantes que buscan asilo en el continente americano.

Mapa de ruta migratoria, África y Asia hacia Latinoamérica y Estados Unidos y Canadá

Cortesía de CBC news. Información publicada originalmente en la nota I am a man with no land: African migrants wait in limbo, dreaming of sanctuary in Canada.

Según la Agencia Canadiense de Servicios Fronterizos (CBSA por sus siglas en inglés) tan solo 410 refugiados que intentaron entrar a Canadá fueron interceptados entre abril y diciembre del año pasado. El invierno canadiense no los ha detenido para cruzar sin documentos legales la frontera de más de 8,000 km. Tan solo en la pasada Nochebuena, dos hombres provenientes originalmente de Ghana fueron hospitalizados después de pasar horas caminando a temperaturas bajo cero; ambos perdieron la mayoría de los dedos de las manos. Estos migrantes normalmente tratan de cruzar la frontera a pie, entrando por Manitoba o Quebec. El sueño americano ya no lo es más, ahora inicia el sueño canadiense.

A diferencia con la frontera México-Estados Unidos, donde los refugiados pueden presentarse legalmente a una oficina de migración para pedir asilo, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá esto es algo meramente imposible para ellos. Debido al acuerdo que existe entre ambos países, el llamado Safe Third Country, cualquier refugiado debe pedir asilo en el primer país seguro al que arribe. En este caso, Estados Unidos es el primer territorio para hacer dicha demanda, por lo cual ya no podrían hacerla legalmente en Canadá. La única solución es cruzar por espacios irregulares para evitar los puntos oficiales donde los pueden detener y regresar a Estados Unidos.

Aunque Trudeau haya reiterado en su cuenta de Twitter el apoyo canadiense a aquellos que huyen de la persecución después del anuncio de la orden ejecutiva de Trump, este tipo de mecanismos legales que limitan la movilidad de migrantes son los que deben de ser ampliamente condenados y eliminados. El Safe Third Country toma en cuenta a Estados Unidos como un país seguro, pero ¿qué pasa cuando alguien como Trump sube al poder y comienza a establecer órdenes con el fin de limitar los derechos de un determinado grupo de individuos con base en su raza? La respuesta es fácil: los migrantes buscarán otras rutas menos visibles y más peligrosas para encontrar un lugar donde se sientan seguros. Huyen de Europa para evitar encontrar limitaciones en su movimiento, solamente para tropezar con más prácticas de exclusión, restricciones y amenazas en otras regiones del mundo.

¿Qué nos dice esto de los nuevos patrones en las rutas migratorias en el contexto de la crisis de refugiados?

Nos habla de una situación en la que hay cada vez menos lugares de esperanza para este grupo de personas; que el discurso anti-inmigrante está ganando grandes espacios en las arenas políticas de países como Gran Bretaña y Estados Unidos; que la Unión Europea representa un intento fallido de un mundo sin fronteras y que las políticas migratorias restrictivas no solamente afectan a la región geográfica en las que son impuestas —la Unión Europea—sino se expanden fuera de sus confines exponiendo a estos individuos a nuevas formas de violencia, ahora en espacios más alejados.

Los estatutos firmados en la Convención de Refugiados de la ONU de 1951 ya no son suficientes para proteger los derechos de aquellas personas en movimiento. Diferentes Estados han logrado desplazar sus obligaciones basándose en un discurso que privilegia el nacionalismo y la soberanía, usando instrumentos como el Safe Third Country Agreement o a través del establecimiento de centros de detención en países donde existe un record de violaciones a derechos humanos.

A pesar de que existen diversos ejemplos en los que se demuestra que las violentas estrategias para asegurar las fronteras han sido uno de los mayores fracasos del siglo XXI, los Estados se empeñan en restringir el acceso a aquellas personas que buscan asilo. Como es posible observar en este caso, las políticas migratorias y de seguridad ahora ya son expandidas a nuevos sitios dentro y fuera de los naciones con mayor tradición de recibir refugiados. Como lo menciona una académica del tema, la Dra. Alison Mountz, las prácticas restrictivas en el exterior en conjunto con aquellas impuestas en espacios dentro de determinada nación, hace que los refugiados se conviertan en individuos “sin estado por diseño geográfico”.

Paradójicamente el asunto de los refugiados sale mayoritariamente a la luz cuando suceden tragedias, por ejemplo, cuando cientos de migrantes mueren ahogados en las costas del Mediterráneo, o cuando cientos de individuos ponen en peligro su vida al tratar de cruzar las vallas establecidas entre diferentes países europeos. Esto ya no es suficiente para entender el contexto de la crisis de refugiados. Basta con notar que ésta se ha extendido geográficamente a otros espacios que anteriormente no se hubieran visto afectados; también basta con entender que las políticas migratorias restrictivas no solamente sirven para limitar el movimiento de individuos, sino que son instrumentos violentos que marcan los cuerpos y mentes de aquellos buscando un refugio seguro.

 

* Mónica Romero es estudiante de doctorado en Wilfrid Laurier University, Ontario, Canada, con maestría en Geografía Humana por la Universidad de Queen’s en Belfast y licenciatura en Relaciones Internacionales por el ITESM.

 

 

Textos citados:

Mountz, A. (2013). Where asylum-seekers wait: feminist counter-topographies of sites between states. Feminist geopolitics at the sharp end. (eds.) Dixon, D. & Marston, S. New York: Routledge. 93-111 pp.

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