NAICM: nuevo aeropuerto, ¿misma seguridad?

La autoridad mexicana ha fallado en hacer los cálculos prospectivos de seguridad del NAICM y en entender la relevancia que tendrá el tráfico aéreo del mismo dentro de 5, 15 y 30 años.

Por: Khublai Villafuerte

Una característica de las economías más poderosas es el énfasis que hacen sus gobiernos en la protección de su infraestructura estratégica. En México es fácil que lo perdamos de vista porque lamentablemente nuestra agenda de seguridad se centra en lo más elemental: la crisis de violencia que se vive en algunas regiones del país.

Así pues, poca atención se le ha prestado al NAICM que no sólo requiere de protocolos de seguridad más avanzados sino de una unidad de inteligencia propia que mitigue riesgos derivados del entorno local y global.

Es importante entender que en todo el mundo se avecinan amenazas cada vez más complejas, enemigos con redes ágiles, móviles y comprometidas que en cualquier momento pueden comprometer la seguridad de gasoductos, presas y aeropuertos, entre otros.

México no está preparado ni para las amenazas de ayer. Aquí, la seguridad en los proyectos de infraestructura estratégica no va más allá de la contratación de personal de protección poco preparado para comprender la dimensión de las nuevas amenazas y se falla en capacitar al personal en procesos de seguridad.

Existe también un alto grado de cooperación con agencias de Estados Unidos -siempre centradas en la seguridad de ese país- pero su futuro es incierto y México debe de desarrollar capacidades propias en la materia

Esta poca o nula preparación no es por incompetencia de quien realiza el proyecto, a veces el problema empieza por la falta de definiciones claras. El Programa para la Seguridad Nacional aborda en un párrafo la protección de infraestructura crítica, el cual es más una buena intención que un esbozo de política pública.

Establece que ataques terroristas a la infraestructura “debe[n] prevenirse mediante acciones que identifiquen oportunamente posibles ataques” y omite la incidencia que pueden tener fenómenos sociales, políticos y de seguridad.

Retomando al NAICM, es en definitivo una obra de clase mundial que busca aumentar el tráfico en la Ciudad de México y su importancia logística. Sin embargo, la planeación de largo plazo se ha dado sólo en términos arquitectónicos y de ingeniería civil. La autoridad mexicana ha fallado en hacer los cálculos prospectivos de seguridad y en entender la relevancia que tendrá el tráfico aéreo de dicho aeropuerto dentro de 5, 15 y 30 años.

El actual aeropuerto de la CDMX es ya uno de los 30 más frecuentados con 38 millones de pasajeros en 2016. Se espera que el NAICM recibirá anualmente a 68 millones, poniéndolo a la altura de Hong Kong y superando a Paris-Charles de Gaulle. Su capacidad de carga y recepción de vuelos incrementará en un 100 % y será un punto neurálgico no sólo para la actividad económica mexicana si no para toda la región.

Aunque en la actualidad se percibe como poco probable que haya un atentado terrorista o un incidente que vaya más allá de las manifestaciones ocasionales de la CNTE. El mundo del 2030 será, ciertamente, más inestable, más susceptible a la materialización de amenazas de corte local y global. Un avión que parte del NAICM podría ser utilizado como arma; un diplomático o empresario secuestrado e incluso, el mismo aeropuerto podría ser tomado por grupos antisistémicos como un monumento a la globalización que debe de ser derribado.

En otros lados se ha llamado la atención al problema, pero pocos países han tomado acciones radicales al respecto. Australia es uno de ellos con la creación del Critical Infrastructure Center, que busca proteger su infraestructura de atentados, sabotajes, espionaje y coerción.

Por su parte, el Aeropuerto de Los Ángeles desarrolló su propia unidad de inteligencia que funciona como una mini CIA, monitoreando a los pasajeros sospechosos mediante alta tecnología y vinculándose con policías locales, hoteleros y restauranteros para prevenir riesgos a la seguridad de las instalaciones.

Sobre el NAICM sólo se habla de infraestructura robusta, vallas de seguridad y cámaras de último modelo. Ninguna agenda de riesgos detrás, ningún sistema para recolectar información interna y externa sobre las amenazas a él, control de confianza a personal o un programa de cíberseguridad. Se omite el factor humano para darle preponderancia al tecnológico.

Es cierto que la cooperación entre agencias relacionadas con la protección del aeropuerto (y otro tipo de instalaciones) es difícil en nuestro país. Existe una gran desconfianza entre las fuerzas de seguridad y los órganos de inteligencia. Estos últimos –en no pocos casos- muestran señales de desatención organizacional y de recursos.

¿Será necesario que un grupo disruptivo originado en las zonas pobres de la Macrópolis de la Ciudad de México secuestre el aeropuerto para comenzar a preocuparnos por ello? ¿O que un vuelo originado en la CDMX cometa una atrocidad en suelo norteamericano? Espero que no.

El eterno problema mexicano es la baja rentabilidad política de la prevención. Sin resultados inmediatos y bajo la lógica del sistema actual, se ve poco probable que suceda y quien llegue a ser presidente en 2018 deberá de entender los riesgos que hay a una instalación tan importante como el NAICM y el resto de la infraestructura estratégica mexicana.

 

* Khublai Villafuerte es consultor en Inteligencia de Riesgo-Entorno en Riskop.

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