Aeropuertos de México: tierra de nadie

El Estado mexicano está obligado a no devolver a nadie que manifieste temor de regresar a su país. Sin embargo, solicitantes de asilo son rechazados en aeropuertos de forma frecuente, en circunstancias clandestinas, en atropello de los derechos que les confieren la Constitución y las leyes que nos rigen.

Por: Jorge Ríos

Desde finales del año 2016 se vislumbraba que los fármacos antirretrovirales para controlar el VIH se iban a agotar en Venezuela. Por tal motivo, Enrique decidió salir de Caracas con destino a México para poder continuar su tratamiento, y así salvar su vida. No tenía ni los 26 años cumplidos.

El 23 de marzo de 2017 tomó un vuelo de Copa Airlines al aeropuerto internacional de Cancún. Viajaba con documentos que señalaban que deseaba pedir asilo al Estado mexicano. Sin embargo, desconocía exactamente qué debía hacer o decir para pedir la protección. Al pasar por el filtro migratorio, agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) lo mandaron a una segunda revisión.

En esa entrevista, Enrique manifestó que no podía volver a Venezuela porque pondría en riesgo su salud. Le explicó al agente que en Venezuela existe una crisis severa de medicinas y alimentos, lo que le hacía prácticamente imposible cuidarse y seguir una dieta adecuada para atender su condición como portador de VIH. También le habló de que en su país no existen leyes que le amparen de la discriminación por su orientación sexual. Solicitó que lo dejaran internarse en el país “por motivos humanitarios”.

El agente del INM no revisó los documentos que Enrique portaba. Tampoco le permitió hacer una llamada a una persona de confianza o a su consulado, como contempla la Ley. Sólo le dijo que “ya había sido inadmitido” y que “no se podía hacer nada”: acababa de ser rechazado y sería devuelto a Venezuela.

Cinco horas después de su aterrizaje, Enrique fue escoltado hacia un cuarto pequeño en la zona de tránsito internacional del aeropuerto. Le quitaron su pasaporte y le dijeron que la aerolínea se haría cargo de él a partir de ese momento. El espacio consistía de unas colchonetas sucias en el suelo. El baño de hombres no servía. Sólo le entregaron una cobija de avión.

Su primer alimento lo recibió once horas después de su llegada. Solicitó permiso para tomar de su maleta el medicamento antirretroviral, mismo que debe tomar todos los días a la misma hora. También requería de un analgésico, pues padecía un fuerte dolor de cabeza derivado del estrés y cansancio vividos. Dicho permiso fue otorgado hasta dos horas después.

Al día siguiente, pasadas casi veintidós horas, fue subido a un avión sin que le hubiesen dado algún documento o explicación sobre su situación jurídica. Estaba totalmente abatido por la incertidumbre de lo que pasaría con él. Horas más tarde aterrizó en el caos que hoy en día es Venezuela. Recibió su pasaporte al desembarcar, y notó que no había quedado evidencia de que había pasado por México, pues no tenía ni los sellos.

El Estado mexicano está obligado a no devolver a nadie que manifieste temor de volver a su país. Sin embargo, solicitantes de asilo como Enrique son rechazados en aeropuertos de forma frecuente, en circunstancias clandestinas, en atropello de los derechos que les confieren la Constitución y las leyes que nos rigen.

Nuestra legislación migratoria establece que el INM debe dar información sobre cómo solicitar el asilo formalmente. Sin embargo, al día de hoy, no existe claridad sobre cómo procesa el INM las solicitudes hechas en los aeropuertos. En el peor de los casos, las ignora. Personas que sufren una persecución pudieran estar siendo devueltas todos los días sin que nadie más que unos agentes se den cuenta. Tan sólo en el año 2016 se registraron casi catorce mil rechazos en aeropuerto, un 38 % más que el año inmediato anterior.

Uno de los retos más grandes que tienen las personas extranjeras que vienen a buscar asilo en México es que las autoridades no les facilitan ninguna información sobre los procedimientos, lo que ultimadamente lleva a que no puedan acceder a lo que, por ley, es su derecho. Para frenar esto, las organizaciones de la sociedad civil han podido documentar algunos cuantos casos de violaciones de derechos realizadas por el INM en los aeropuertos. La complicación radica en que el INM mantiene un control férreo de estas llamadas “zonas estériles”, mismas que trata como una especie de tierra de nadie. Es común escucharles decir que esas zonas no están dentro de México, como si quisieran decir que ahí no tienen derechos. Ya la Comisión Nacional de Derechos Humanos ha arremetido en contra del INM, como en la Recomendación 42/2015, en la que denuncia abusos realizados sistemáticamente por agentes en los aeropuertos.

Las autoridades mexicanas –en particular el INM– están condenando a la clandestinidad a las personas migrantes, y eso está provocando que éstas no puedan acceder a sus derechos. Que puedan acudir a un juez para defenderse se vuelve prácticamente imposible. Esto contradice no sólo la tradición de asilo que caracterizó a México durante el siglo pasado, sino también los compromisos internacionales que ha refrendado el Estado mexicano. Apenas en septiembre del año pasado, el presidente de la República se pronunció en Nueva York enérgicamente a favor de la protección de los derechos de los refugiados y los migrantes. Sin embargo, desde Sociedad Civil vemos que del dicho al hecho hay un camino largo y oscuro en el que el Estado, en vez de garante, es un obstáculo para acceder al pleno goce de derechos.

 

* Jorge Ríos, Área de Asilo de Sin Fronteras (@Sinfronteras_1).

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