Imaginemos una realidad distinta para México

Una realidad distinta es posible y no requiere milagros. Requiere voluntad de las autoridades y de la ciudadanía, responsabilidad, valentía e imaginación.

Por: Jan Jarab

En las semanas entre los dos terremotos, el país fue sacudido por algo distinto: el caso de Mara Castilla. Un caso terrible, trágico. Un caso que combina todo: violencia sexual, desaparición, feminicidio. Tan es así que el domingo 17 de septiembre miles de ciudadanas y ciudadanos salieron a las calles para protestar, para exigir “ni una menos”.

Menos de 48 horas después llegó el segundo sismo. Cabe mencionar que en este sismo, en la Ciudad de México, perdieron la vida por lo menos 71 hombres y 127 mujeres. Casi el doble de mujeres que de hombres, porque muchas eran trabajadoras domésticas o mujeres de hogar, presentes en las casas en el inicio de la tarde.

Hoy por hoy, la movilización causada por el caso de Mara Castilla parece eclipsada por el terremoto y por los esfuerzos que se necesitarán para la reconstrucción. Pero las discusiones sobre el feminicidio en México sin duda regresarán.

¿Puede el caso de Mara ser el punto de inflexión? ¿Puede dar el impulso para que se empiecen a resolver todos los casos pendientes – miles de asesinatos y desapariciones de mujeres en todo el país? ¿Puede comenzar a reducir esta vergonzosa montaña de impunidad y generar nuevas políticas públicas?

A pesar del admirable nivel de movilización uno puede fácilmente caer en fatalismo. No es la primera ola de indignación. Ha habido otras – desde la década de los noventa, cuando la situación en Ciudad Juárez la convirtió en el símbolo mundial del feminicidio. Ha habido también múltiples recomendaciones de los sistemas internacional e interamericano y sobre todo, una condena histórica, la sentencia del emblemático caso del “Campo Algodonero”. Y mientras esto pasaba, la situación seguía empeorando.

Claro, las cifras no dicen todo – y además, ninguna vida humana se puede reducir a una estadística. Sin embargo, las cifras sí nos dicen algo y no es nada positivo. De hecho, la tasa de feminicidios en Ciudad Juárez y en el estado de Chihuahua sigue siendo alta. La diferencia ahora es que esa ciudad y ese estado ya no son vistos como excepcionales. Lo que antes fue local, hoy es nacional.

Al nivel nacional el número de asesinatos de mujeres se duplicó de 2007 a 2010, de 1083 a 2418 casos registrados por INEGI – un alza que corresponde al comparable incremento del conjunto de homicidios en ese periodo. En 2016 hemos llegado a 2735 homicidios de mujeres.

¿Entonces, de hecho no se puede esperar nada de la movilización que ha suscitado el caso de Mara, luego de ser comprensiblemente interrumpida por el desastre natural?

Estoy convencido de que una realidad distinta es posible y que no requiere milagros. Requiere voluntad de las autoridades y de la ciudadanía. Requiere responsabilidad, valentía e imaginación.

Imaginemos juntos, juntas.

Empecemos con la obligación dura e indudable del Estado, tanto a nivel estatal como a nivel federal: la obligación de investigar los delitos graves. Imaginemos que todos los liderazgos políticos actuales, de todos los partidos, y todos los candidatos y candidatas en los procesos electorales del año 2018 admiten públicamente que el nivel de impunidad es dramático e inaceptable. Imaginemos que se comprometen a transformar las procuradurías en fiscalías independientes y profesionales, que eso efectivamente sucede y que se empiezan a investigar con debida diligencia y perspectiva de género no sólo los nuevos casos sino también los que se han acumulado desde hace años.

Imaginemos también que estas personalidades políticas se comprometen públicamente a cumplir con todos los pendientes de la sentencia de “Campo Algodonero” incluyendo todas las recomendaciones de varios mecanismos internacionales, y que se ponen a trabajar.

Y finalmente, imaginemos que todo funcionariado público o académico y personas en general, que en el ámbito público reaccionen banalizando las agresiones en contra de las mujeres, culpando y estigmatizando a las propias víctimas, sufren una fuerte sanción de la opinión pública, en todos los ámbitos: medios, redes sociales, hasta en las casas.

Si ese México imaginable es posible, entonces ¿quién nos dice que no se puede salir adelante?

 

* Jan Jarab es representante en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

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