México Resiliente. Un desastre, una oportunidad

¿Qué dice sobre nuestro país que a dos semanas del sismo, el 79 % de las escuelas privadas en la CDMX estén en operación, pero solo el 20 % de las públicas?

Por: Braulio Torres

Se dice que en 1985 nació la sociedad civil organizada. ¿Qué tenemos que hacer ahora para que nuestros hijos digan que 2017 fue el año cuando nació un país más fuerte y más justo?

Ya demostramos al mundo que somos capaces de levantarnos. Mexico shrouds its sorrow in solidarity—CNN; Civilian volunteers rise to the challenge of deadly Mexico earthquake —The Guardian. ¿Podremos ahora demostrar que somos capaces de levantarnos transformados?

Yo creo que sí. Yo veo que somos muchos quienes queremos un país más fuerte que antes. Los esfuerzos de auxilio inmediato –ejército, rescatistas, hileras de ciudadanos—han marcado la pauta hacia un estándar muy alto de sentido de comunidad. La colaboración entre sectores de la sociedad apareció inmediatamente; entre universidades y gobierno, entre gobierno y empresarios: “Rectores y gobierno pactan comité científico para la reconstrucción[1]”; “El Consejo Coordinador Empresarial crea un fideicomiso de reconstrucción[2]”. #Epicentro, un grupo plural de organizaciones emerge –a los pocos días del sismo— como un mecanismo de transparencia y seguimiento de los recursos públicos destinados a la reconstrucción. “ReConstruir México: 100 arquitectos por la restauración inteligente del país” es una muestra más, de gremios profesionistas entrando al quite. La lista es larga. Tierra fértil hay. #YoSoy132 fue solo el principio.

La tragedia es una oportunidad para reimaginar nuestro país. Yo no quiero la mera restauración del status quo (anterior al desastre), porque –como bien dice la Federación Internacional de la Cruz Roja— la “restauración puede inadvertidamente, perpetuar la vulnerabilidad”. Cómo le hacemos ahora para convertirnos en un país más justo, donde los terremotos no afecten desproporcionadamente a mujeres, a comunidades remotas, ni a los mexicanos de bajos ingresos. ¿Qué dice sobre nuestro país que a dos semanas del sismo, el 79 % de las escuelas privadas en la CDMX estén en operación, pero solo el 20 % de las públicas?[3]

Yo quiero un país solidario donde todos seamos responsables de aquel que, por sí mismo, no puede levantarse rápidamente. Que tal si pensamos en reconstruir viviendas, escuelas y reestablecer servicios, pero al mismo tiempo pensamos en salir adelante con cimientos más sólidos, más parejos, más iguales para todos. Podemos aprovechar la crisis para repensar nuestras calles, ordenar los reglamentos, institucionalizar brigadas de servicio social. Estoy seguro que septiembre de 2017 puede ser el parteaguas cuando nació una generación con un nuevo sentido de solidaridad cotidiana. Semillas ya hay. Falta regarlas.

¿Hay agua? El primer paso hacia un país más fuerte es la formulación de una visión compartida y un entendimiento común sobre el país y sobre los esfuerzos de recuperación. El paradigma de resiliencia ofrece una mirada fresca que permite darle cara a la tragedia con cierto sentido de futuro… a la tragedia impredecible… y también a la de todos los días.

Resiliencia urbana, una perspectiva para construir visión compartida

Resiliencia es la capacidad de levantarse más fuertes que antes; es el proceso de reconstruir un país mejor (de como estaba previo al desastre)[4]. Resiliencia es un término relativamente nuevo que le inyecta una nueva mirada a la planeación urbana y al diseño de políticas públicas. Es un concepto que se pidió prestado a la ingeniería, ecología y psicología. Organismos internacionales[5], académicos[6] y fundaciones privadas[7] han rescatado esta perspectiva para que los desastres nunca más se conviertan en un socavón, sino al contrario, para que las crisis sirvan de trampolín a ciudades y países enteros. Nuestros vecinos del norte recibieron un golpe durísimo en 2005 en Nueva Orleans. A raíz de ese huracán devastador comenzó a gestarse un movimiento en torno al concepto de resiliencia urbana[8].

El elemento más importante de la resiliencia es salir adelante con nuevas capacidades; más preparados para el siguiente golpe. Los grupos de rescatistas que surgieron en 1985 son una manifestación de resiliencia. El Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) que se estableció a finales de los 80s, es otra muestra. Nuestro país tiene las capacidades de prevención y rescate que hoy tiene, a raíz de aquel 19 de septiembre. ¿Qué capacidades nuevas puede construir ahora nuestro país, a partir del 19 de septiembre de 2017?

Mucho se ha escrito sobre las características de una ciudad (o un sistema) resiliente. Aquí resalto algunas características del paradigma de resiliencia:

  • La administración del riesgo, es decir, esa capacidad de entender la incertidumbre y planear al respecto. El Fondo de Desastres Naturales es un ejemplo de la capacidad que tiene México para atender los infortunios de la naturaleza.[9]
  • La redundancia, es decir, la capacidad “de sobra” para responder ante lo inesperado. Nuestro país mostró algunas capacidades redundantes de rescate: lo puede hacer el ejército, también protección civil, si no, los ciudadanos de a pie o los rescatistas profesionales de la sociedad civil.
  • La coordinación, esa capacidad de integrar vertical y horizontalmente a los actores e instituciones para responder ante un problema común. Hubo problemas durante la coordinación de la respuesta inmediata. Pero hay protocolos institucionales de coordinación, que están plasmados en la Ley General de Protección Civil, que no existían hace 32 años. Hay que fortalecer su implementación.
  • El ingenio[10], que se refiere a la capacidad de identificar formas alternativas de usar los recursos. Nuestro país mostró viveza ante la descoordinación durante los ímpetus de auxilio. El mismo día que recibimos un embate desde la tierra, ese mismo día, teníamos albergues instalados, donde sobraba agua y comida, y de manera orgánica aparecieron movimientos como manosalaobra.mx y #verificado19s para vincular ofertas de ayuda con necesidades.
  • La equidad, es decir, la distribución pareja de la vulnerabilidad, es una característica clave durante el proceso de construir resiliencia, porque si se cae una columna, se cae todo el edificio. En este texto de Ala Izquierda se delinean diez ideas encaminadas a reconstruir una ciudad con justicia social.
  • La reflexión, esa capacidad de aprender de los errores y los aciertos.

Reconstrucción y transformación, los siguientes pasos

Los ciudadanos esperamos de nuestro gobierno una respuesta bien pensada y de mediano plazo. Ya pasó la crisis inmediata. El país necesita una agenda de reconstrucción clara y ordenada, en la que participe toda la sociedad. Esta agenda, que considere una perspectiva de resiliencia, debería incluir: a) un componente de recuperación y reconstrucción para CDMX, Edo. de México, Morelos, Puebla, Tlaxcala, Guerrero, Oaxaca, Chiapas; b) un componente de prevención y preparación ante futuros desastres; y c) un componente de acción “plus”.

Japón, a raíz del terremoto y tsunami de 2011, diseñó una estrategia post-desastre a 10 años que estableció acciones en tres etapas: de 0 a 4 meses, de 4 a 11 meses, de 11 meses a 10 años. O por ejemplo, Nueva Orleans, a raíz del huracán Katrina, está construyendo un mejor sistema de administración de aguas. La ciudad está invirtiendo en infraestructura verde para contener y retrasar el exceso de agua por tormentas. Esto necesitamos: un plan con metas y con acciones específicas de recuperación que nos preparen mejor ante futuros desastres. Resiliencia es volverse más competente a partir de una crisis. Y debe ser el gobierno quien tome el liderazgo. Porque es el actor que tiene los instrumentos para coordinar, implementar y escalar los esfuerzos. Obvio, esta estrategia de estado debe estar alimentada por las opiniones, acciones y necesidades de todos los sectores de la sociedad.

Antes de que pasen 4 meses, el gobierno federal debería emitir lineamientos básicos para alinear los esfuerzos de recuperación y reconstrucción, donde las comunidades locales sean el eje de reconstrucción[11]. Asimismo, el gobierno bajo la supervisión de la sociedad civil debería tener en plena operación un sistema de información sobre los daños y los avances. ¿Cuántos centros de salud están inoperables en Chiapas? ¿Cuántos hospitales están de vuelta en funcionamiento? Este sistema debe estar en operación antes del siguiente temblor.

Antes de los 6 meses, el gobierno debería establecer la agencia de gobierno encargada de coordinar el plan de recuperación a 10 años. No podemos subestimar lo importante que es invertir en coordinación. Coordinación. Coordinación[12]. Diferentes dependencias de gobierno y sectores de la sociedad tenemos que aprender a trabajar juntos.

Antes de los 11 meses, la Coordinación Nacional de Protección Civil y el CENAPRED deberían publicar una evaluación de las acciones de respuesta (inmediata y de corto plazo) que sí sirvieron y cuáles no, junto con un plan para prepararnos mejor ante futuros desastres. ¿Qué tan bien o mal estuvo operacionalizado el Programa Nacional 2014-2018 “Prevenir es Vivir”? Es momento de una actualización del reporte de progreso[13] de nuestro Sistema Nacional de Protección Civil.

Para que se fortalezca la gestión integral de riesgos, en el siguiente presupuesto de egresos de la federación, ejecutivo y legislativo, deberían subir la proporción de fondos dirigidos a la prevención. En 2017 se destinó 4 %[14] a prevención, del total del presupuesto dirigido a desastres.

Por último, el gobierno debería formular acciones y mecanismos que fortalezcan la resiliencia de la sociedad: un componente “plus”. La resiliencia ya se encuentra definida en la ley general de protección civil, así como en iniciativas de la SEDATU. Ahora, el país debe imaginar un plan para salir adelante con nuevas capacidades—más allá de la prevención y mitigación del riesgo, más allá de la reconstrucción. Por ejemplo, ahora que vamos a reconsiderar los reglamentos de construcción, ahora que sabemos que tenemos una epidemia de diabetes y que es importante la activación física, por qué no incorporar mejoras generales al código, independientemente del riesgo de sismos, mejoras que tomen en cuenta otros riesgos que tenemos los mexicanos; por ejemplo, un código de construcción “plus” que por default induzca a las personas a usar las escaleras, porque los elevadores deberán colocarse en segundo plano[15]. Hoy tenemos una oportunidad para incluir la perspectiva de salud pública en la planeación de ciudad. La reconstrucción es una oportunidad para abrir espacios a las voces que no suelen escucharse.

Reconstruir con resiliencia, la pregunta clave

Esto que se está pensando, ¿está preparando al país para ser más fuerte y más justo ante futuras eventualidades?

Este filtro es al que debemos someter todas las propuestas que escuchemos. Los créditos que ha ofrecido el gobierno para vivienda, para negocios afectados por el sismo; el presupuesto público que han de regresar los partidos políticos al erario de la federación; las carpas y víveres provenientes de la filantropía; todos esos esfuerzos indispensables, ¿se están alineando dentro de un proceso que transforma el status quo (previo al desastre)? ¿Estamos reconstruyendo un país con perspectiva de resiliencia, más fuerte que antes, con nuevas capacidades sociales e institucionales?

En su artículo “El Abismo y la Esperanza” Marco A. López ofrece propuestas concretas para mejorar la calidad y legalidad de las edificaciones, así como fortalecer el apoyo civil en actividades de emergencia.

El anhelo, la oportunidad

No vamos a conformarnos con lo mismo de siempre; con declaraciones al aire. No más. Tampoco vamos a estar dispuestos a que las constructoras no cumplan los estándares de construcción. Ni dispuestos a que los vecinos no paguen su cuota de condominio o que los automovilistas no cedan el paso al peatón, ni que los más vulnerables sean siempre los más afectados. 2017 será el año en que el gobierno y la sociedad nos sujetamos a estándares más altos de convivencia y paz. Porque a raíz del sismo, tenemos un nuevo sentido de comunidad.

México está en los últimos lugares de índices de sociedad civil[16]. No más. 2017 será el año cuando salimos todos los días a participar en sociedad; cuando todos los mexicanos hicimos equipo con el gobierno; cuando salir a las calles a levantar escombros y buscar sobrevivientes duró para siempre. Cómo hacemos para mantener la inspiración… sostenerla cinco días más para que no falten víveres… sostenerla 20 años para convertirnos en el país que siempre hemos soñado.

 

* Braulio Torres es egresado de la licenciatura en psicología por la UDLAP, maestro en políticas públicas por la Universidad de Chicago y actualmente es Research Fellow en el Departamento de Estudios Urbanos y Planeación del MIT. Es director en Fundación IDEA.

 

 

[1] Nota del 2 de octubre de 2017 en Revista Proceso.

[2] Nota del 20 de septiembre de 2017 en Expansión.

[3] Nota del 5 de octubre 2017 en Periódico Reforma.

[4] En los últimos diez años se ha popularizado el término Build Back Better, que es más que un mero slogan de agencias internacionales; es un principio de política de reconstrucción que resume la esencia del paradigma de resiliencia. Aquí se puede consultar más información al respecto.

[5] La Agenda 2030 Para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, que entró en vigor en 2016, incluye el concepto de resiliencia dentro de sus objetivos de desarrollo. Asimismo UN-Habitat ha desarrollado su propio programa de resiliencia.

[6] El Centro de Resiliencia de la Universidad de Estocolmo ha desarrollado un marco conceptual para explicar los principios del pensamiento ‘resiliente’. Aquí más detalle.

[7] Fundación Rockefeller a través de su Programa 100 Ciudades Resilientes ha desarrollado un marco conceptual y una definición clara de resiliencia. Ver detalle aquí. Se define resiliencia urbana como: “the capacity of individuals, communities, institutions, businesses, and systems within a city to survive, adapt, and grow no matter what kinds of chronic stresses and acute shocks they experience.”

[8] Recomiendo el libro: “The Resilience Dividend: Being Strong in a World Where Things Go Wrong” escrito por Judith Rodin.

[9] El Banco Mundial ha dicho que México, con este Fondo, está a la vanguardia en la gestión del riesgo de desastres.

[10] No se me ocurrió un término más preciso para traducir resourcefulness: the capacity to recognize alternative ways to use resources; es una definición de la página del Programa 100 Ciudades Resilientes.

[11] En países como India y Nepal, como respuesta a desastres naturales recurrentes, se ha implementado un modelo de reconstrucción basado en las comunidades: owner-driven reconstruction. Aquí y aquí se pueden ver algunos ejemplos al respecto.

[12] Coordinación es el eje central de la ley general de protección civil.

[13] Este reporte nacional de avances está basado en el Marco de Acción de Hyogo 2005-2015 de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres. Existe un nuevo Marco Internacional 2015-2030: el Marco Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres.

[14] Estimación propia basada en el presupuesto 2017 que considera los siguientes rubros: presupuesto del Centro Nacional de Prevención de Desastres dentro del Programa de Ciencia, Tecnología e Innovación y los presupuestos del Fondo de Prevención de Desastres Naturales (FOPREDEN) y del Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) dentro del Ramo 23 Provisiones Salariales e Económicas.

[15] Existe una certificación piloto de construcción para Usuarios Activos, que fue desarrollada por el US Green Building Council.

[16] En el estudio del John Hopkins Center for Civil Society Studies publicado en 2004 se muestra a México en el lugar 32 de 34 países. Hay otros estudios y datos más recientes sobre cohesión social, sociedad civil y participación electoral, pero el Global Civic Society Index me parece una metodología sólida para hacer comparaciones entre países. En ese mismo estudio, México aparece en último lugar de 36 países en cuanto a la proporción de empleados en el sector de la sociedad civil dentro de toda la economía nacional. En Holanda, el primer lugar, el 14.4% de los empleados de la economía trabajan en la sociedad civil. En México solamente el 0.4%. En un análisis de las cuentas nacionales con datos del 2013 se muestra que el PIB generado por organizaciones de la sociedad civil en México equivale al 2.7% del total del PIB nacional. En Australia es el 4.1% de su PIB.

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Comentarios
  • Inocencio

    Como le he dicho varias veces, Braulio hace un buen trabajo partiendo el análisis en pedazos y utiliza un framework seguramente bien identificador para analizar el problema. Me parece un artículo muy muy humano.