Por qué quiero una Ley General de Seguridad Vial

Si cada semana tuviéramos un sismo como el del pasado 19 de septiembre, la cifra de personas fallecidas apenas sería similar a la cantidad de personas que mueren cada año en nuestras calles y carreteras.

Por qué quiero una Ley General de Seguridad Vial
Estefanía y Alex, hermanos y mejores amigos. Hoy, Estefanía trabaja en WRI México. Foto: Cortesía Estefanía Martínez.

Por: Estefanía Martínez

Alex… no contesta… su novia… vístete… nos vamos”. Eso fue lo que alcancé a escuchar de voz de mi padre que irrumpía en mi cuarto, el 16 de marzo de 2015 a eso de las 10:30 de la noche. Yo ya estaba dormida.

La cara de mi papá, desencajada, transpiraba miedo; mi mamá no dejaba de insistir en llevar “todo el efectivo” que tuviéramos, “seguro se metió en un problema”, repetía en su confusión. Me comencé a preocupar y, como pude, me vestí y salimos mientras intentaba comunicarme con él.

Mi hermano, Alex, trabajaba en San Juan del Río y ese fin de semana vino a la Ciudad de México a festejar el cumpleaños de su novia; el 16 de marzo tendría que regresar al municipio queretano.

Por fin, cuando pude pensar un poco, comencé a marcar al celular de mi hermano hasta que entró la llamada y una mujer contestó al otro lado.

-¿Me puede pasar a mi hermano?, pedí.

-No. Fue la aburrida respuesta de quien, más tarde comprendería, era una funcionaria pública adscrita al Ministerio Público de Tepeji del Río, Querétaro.

-¿Por qué?, ¿está con usted?, pregunté intentando mantener la compostura.

-Si, aquí está, pero no le puedo dar más información. Tiene que venir al Ministerio Público de Tepeji del Río en el Kilómetro 69 de la (autopista) México-Querétaro, contestó con parsimonia.

-¡Soy su hermana!, si está con usted, comuníquemelo…

-Sí, aquí está pero no le puedo dar más información. Tiene que venir al Ministerio Público de Tepeji del Río en el Kilómetro 69 de la (autopista) México-Querétaro. Repitió.

Desesperada y sin entender qué estaba sucediendo, me atreví a preguntar: “¿está muerto?”; un simple “sí”, seco y breve fue su respuesta. En ese momento mis piernas comenzaron a temblar y una sensación de vacío se apoderó de todo mi ser. Mi vida acababa de derrumbarse por teléfono.

Cuando por fin llegamos al Ministerio Público del km 69 en Tepeji mis ojos vieron la escena más triste de mi vida: la señora con la que hablé por teléfono a un lado de las pertenencias de mi hermano, de Alex, de mi compañero de vida por 25 años, mi “lugar” seguro. Apenas arribamos, nos devolvió su teléfono y nos pidió sentarnos mientras comenzaba a llenar un oficio: ¿edad del occiso, estado civil, lugar de residencia…?

Ante la frialdad de la funcionaria, mis padres no aguantaron y salieron de la sala (¿no hay, acaso, un protocolo para dar una noticia tan fuerte como esta?). Testigos del “accidente” nos contaron que la carretera estaba en obras, justo en una curva, que un tráiler “aventó” el auto de mi hermano hasta el otro extremo de la carretera, que había más personas lesionadas.

No tengo más detalles en mi mente sobre la situación más dolorosa, irreal, imposible, ajena, de mi vida; las estadísticas son brutales: cada día mueren 20 personas en hechos de tránsito en México; la primera causa de muerte de niños y jóvenes de 0 a 30 años son los incidentes viales. A dos años, sólo puedo pensar que todo “hecho de tránsito” es prevenible.

Si cada semana tuviéramos un sismo como el del pasado 19 de septiembre, la cifra de personas fallecidas apenas sería similar a la cantidad de personas que mueren cada año en nuestras calles y carreteras.

Sé que nadie me devolverá a mi hermano ni a las otras 15 mil 999 personas que también fueron arrebatadas de sus familias y amigos mientras se dirigían a algún lugar ese 2015; pero algo que me queda claro es que una ley de seguridad vial con alcance nacional es el primer paso para terminar con esto.

Para que nunca más una madre, un padre, un hijo, una hermana o un amigo tengan que pasar por lo que yo pasé.

 

* Estefanía Martínez es coordinadora de comunicación externa en WRI México.

 

 

Actualmente, en la Cámara de Diputados se discute la iniciativa de Ley General de Seguridad Vial que busca poner un piso mínimo a nivel nacional que nos permita construir ciudades y carreteras más seguras a través de una Agencia Nacional de Seguridad Vial, reglas claras de infraestructura segura, gestión de licencias de conducir, entre otras.

Si bien los datos son importantes, también cada una de las historias que, con una Ley General de Seguridad Vial funcional, pudieron evitarse.

Durante los próximos días estaremos publicando algunas de estas historias tanto en el espacio de opinión de Animal Político, como en TheCityFix México.

¿Tienes una historia similar y crees que una ley general de seguridad vial pudo haberla evitado? Envíanosla a [email protected]

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