Regular normativa en seguridad vial salvará vidas

Después de aceptar que mi hijo forma parte de las dolorosas estadísticas y que el número de personas que mueren en un hecho de tránsito son tan cuantiosas, no queda más que pensar que esto debe parar y trabajar en ello.

Regular normativa en seguridad vial salvará vidas
Chema murió en 2011. Hoy su mamá lucha por generar conciencia sobre los peligros de combinar el consumo del alcohol y manejar a través de su organización Chema.Link. Foto: Cortesía de Marcela López-Brun.

Por: Marcela López Brun

Chema tenía 20 años y, al igual que la mayoría de los chicos de su edad, tenía muchos amigos, le gustaban las fiestas y beber alcohol. El 20 de mayo de 2011 no fue distinto a otros fines de semana, regresó de su trabajo, estuvo en casa con Liz y otro amigo hasta las 10 de la noche, cuando se despidió de mí, muy sonriente y contento, con sus amigos.

Fueron a una fiesta al sur de la ciudad; a la una de la mañana decidieron ir a otra reunión, ahora en la zona centro; Chema, Liz y sus amigos se repartieron en dos vehículos, un auto y una camioneta. En esta última viajaba mi hijo y Liz en la parte de atrás, otro joven de copiloto y el conductor, en completo estado de ebriedad y, según testigos, a más de 150 km/h sobre Calzada de Tlalpan.

Fue sobre esta avenida donde el conductor perdió el control, golpeó el camellón central y chocó contra un poste de concreto para terminar volcando 6 o 7 veces. Pese a que los jóvenes que viajaban en la parte delantera del auto salieron ilesos, Liz y Chema perdieron la vida. El otro automóvil que salió al mismo tiempo y del mismo lugar llegó varios minutos más tarde al lugar del incidente.

Esa noche, a diferencia de otras en las que Chema salía, me quedé dormida. Recibí la noticia cuando una vecina me despertó y, de mala gana, me informó que había unos jóvenes afuera para avisarme que Chema había tenido un accidente. No supe nada más. Llamé miles de veces a su celular sin obtener respuesta; otros jóvenes de su grupo de amigos “no sabían nada”, realmente no me quisieron decir. En LOCATEL no tenían datos. Fueron horas de angustia, incertidumbre y miedo hasta que, cerca de las seis de la mañana, recibí una llamada desde el móvil de Chema, al otro lado de la línea hablaba un agente del Ministerio Público. Era la llamada que nadie quiere recibir, sólo me dijo que tenía que ir acompañada para conocer “la situación jurídica” de mi hijo.

Una hora más tarde, acompañada de mis hermanos, recibía la noticia de que mi hijo había perdido la vida en un grave accidente. El impacto fue brutal y no alcanzaba a comprender qué había pasado, que Chema no viviría más. Me había preparado para que naciera, para educarlo, para verlo crecer, para acompañarlo y verlo cumplir metas, objetivos, sueños, pero jamás para sobrevivirlo, para escoger un féretro pensando en cuál le gustaría.

Después siguieron meses de dolor, frustración, rabia y decepción. De escuchar a un juez sentenciar al conductor culpable de “homicidio culposo agravado” con una pena de máximo cuatro años (lo que le permitió no pisar la cárcel) y al pago de una “reparación del daño” de 47 mil pesos por cada víctima. El conductor salió de los juzgados directo a una fiesta.

Después siguieron dos años en los que no podía siquiera trabajar, en los que estuve en tratamiento psiquiátrico, medicada. A la fecha he tenido más de mil horas de acompañamiento psicológico, terapias con grupos de padres y madres en duelo y continúo tomando medicamentos. Hoy puedo decir que no fue sino hasta cinco años después de la muerte de Chema que logré tener estabilidad emocional y paz.

Después de que uno vive un suceso tan devastador como la pérdida de un hijo en un incidente de tránsito; después de aceptar que mi hijo forma parte de las dolorosas estadísticas y que el número de personas que mueren en un hecho de tránsito son tan cuantiosas, no queda más que pensar que esto debe parar y trabajar en ello. El apoyo total a todas las medidas de seguridad que signifiquen la disminución de pérdida de vidas y de discapacidades es rotundo cuando sabemos lo que deriva de estos lamentables hechos totalmente prevenibles. Exhorto a que se apruebe la Ley General de Seguridad Vial para que no haya en todo el país justificación para la cantidad de acciones que se involucran en un accidente fatal.

La regulación normativa salvará vidas.

 

* Marcela López Brun es fundadora de Chema-Link, organización que promueve el consumo responsable del alcohol en jóvenes.

 

Actualmente, en la Cámara de Diputados se discute la iniciativa de Ley General de Seguridad Vial que busca poner un piso mínimo a nivel nacional que nos permita construir ciudades y carreteras más seguras a través de una Agencia Nacional de Seguridad Vial, reglas claras de infraestructura segura, gestión de licencias de conducir, entre otras.

Si bien los datos son importantes, también cada una de las historias que, con una Ley General de Seguridad Vial funcional, pudieron evitarse.

Durante los próximos días estaremos publicando algunas de estas historias tanto en el espacio de opinión de Animal Político, como en TheCityFix México.

¿Tienes una historia similar y crees que una ley general de seguridad vial pudo haberla evitado? Envíanosla a [email protected]

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