La seguridad vial no solo salva vidas en las calles

Es claro que el deceso de mi hermana no fue solo por el choque, sino por todo lo involucrado como el factor humano, un vehículo sin adaptaciones de seguridad, el diseño vial, la falta de atención médica, el tránsito en la autopista que retrasó su traslado…

La seguridad vial no solo salva vidas en las calles
Víctor trabaja temas de movilidad y transporte en El Poder del Consumidor. Hace casi 20 años perdió a su hermana en un hecho de tránsito. Foto: Cortesía de Víctor Alvarado

Por: Víctor Alvarado

Casi cumplía seis años mi hermana, pero no fue así. Murió en terapia intensiva a consecuencia de un choque automovilístico en una autopista.

El 11 de mayo de 1998 mi madre y mi hermana salieron, junto con otros familiares, de la comunidad rural La Tinaja (entre Cadereyta y San Juan del Río en Querétaro) para ver a una tía que se encontraba hospitalizada. Iban en una camioneta con placas de Estados Unidos (conocidos popularmente como “autos chocolate” por no estar registrados legalmente en el país).

Alrededor de las 9:00 horas salieron hacia Cadereyta, nadie llevaba cinturón de seguridad y el conductor manejaba a exceso de velocidad en una carretera de dos carriles, uno por sentido, rebasando continuamente.

Seis kilómetros y medio antes de llegar al destino, un intento de rebase mal calculado y un volantazo hicieron que la camioneta girara y se impactara sobre el costado en el que iba mi hermana, para después volcar por el terraplén de la autopista y terminar llantas arriba. Testigos afirmaron que mi hermana salió “volando” por la ventana después del impacto.

Cuando mi madre reaccionó, buscó a mi hermana en el interior de la camioneta, salió arrastrándose y, como pudo, se aproximó y le habló; mi hermana sólo le preguntó por la falta de uno de sus tenis y le dijo que no podía ver. Fueron dos vehículos involucrados, 11 personas afectadas. Otros automovilistas se detuvieron a ayudar para que todos salieran de los vehículos, acción que agradezco porque salvó más vidas; la camioneta en la que viajaba mi familia se incendió minutos después.

Gracias a la cercanía con el hospital de Cadereyta, la ambulancia llegó pronto y trasladó primero a mi madre y hermana, las que estaban más graves. Ya en el hospital se percataron que no podrían intervenir a mi hermana por falta de instrumentos técnicos debido a la gravedad de sus lesiones (hígado destruido y fractura en cráneo) por lo que decidieron trasladarla a un hospital en San Juan del Río.

Mi madre esperaba ver a su hija bien, pero no fue así. Recibió la noticia de su muerte en una cama de hospital y, 15 días después, fue a un panteón a llevarle flores.

Yo tenía 11 años y jugaba. Vi cómo se comenzaron a reunir varias personas de la comunidad para avisar del choque. Viajé “solo” (sin un familiar cercano) en un auto rumbo a Cadereyta. Pude ver el lugar del impacto y los restos de la camioneta quemada. Pude ver a mi madre internada y más tarde regresé a casa acompañado de un tío. En la noche llegó una carroza con el cuerpo de mi hermana, me la entregaron en un ataúd, desnuda, con una abertura que iba desde su matriz hasta su pecho y costuras extremadamente grandes.

Mi padre se encargó de los trámites administrativos y legales sin apoyo jurídico. Tuvo que darle la noticia de la muerte de mi hermana a mi madre.

Mi padre falleció después de ver su salud deteriorada al perder el sentido de la vida después del incidente; mi madre aun tiene secuelas como dolor de cintura y espalda.

Es claro que el deceso de mi hermana no fue solo por el choque, sino por todo lo involucrado como el factor humano, un vehículo sin adaptaciones de seguridad, el diseño vial, la falta de atención médica, el tránsito en la autopista que retrasó su traslado…

Estoy consciente que contar con una Ley General de Seguridad Vial permitiría resolver la mayoría de los factores que condujeron a la muerte de mi hermana y a todo lo que sucedió después en mi familia y conmigo. Debemos dejar de ver un hecho vial como un dato estadístico en el tiempo y pasar a ejecutar acciones claras contra la violencia vial; esta ley permitiría mejores regulaciones y control de vehículos, tener conductores capacitados y un mejor registro de licencias y mejores protocolos de atención prehospitalaria y psicológica a familiares, entre otras.

 

* Víctor Alvarado es coordinador de transporte eficiente en El Poder del Consumidor.

 

Actualmente, en la Cámara de Diputados se discute la iniciativa de Ley General de Seguridad Vial que busca poner un piso mínimo a nivel nacional que nos permita construir ciudades y carreteras más seguras a través de una Agencia Nacional de Seguridad Vial, reglas claras de infraestructura segura, gestión de licencias de conducir, entre otras.

Si bien los datos son importantes, también cada una de las historias que, con una Ley General de Seguridad Vial funcional, pudieron evitarse.

Durante los próximos días estaremos publicando algunas de estas historias tanto en el espacio de opinión de Animal Político, como en TheCityFix México.

¿Tienes una historia similar y crees que una ley general de seguridad vial pudo haberla evitado? Envíanosla a [email protected]

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