La vida puede viajar en una roca con forma de pato

Por su naturaleza primitiva, los cometas como el 67P son cápsulas del tiempo que guardan registros sobre el origen de nuestro planeta. Pero también, sobre el origen de la vida en nuestro planeta

Por: Francisco Riquelme (@FCO_RIQ)

Los compuestos orgánicos se mueven montados en cuerpos interestelares a lo largo de sistemas planetarios. Los cometas, asteroides y meteoritos, errantes furiosos, tropiezan y caen en terrenos baldíos distantes y primitivos. Su carga de moléculas orgánicas se libera y éstas empiezan a reaccionar con el nuevo sustrato: si el sistema fisicoquímico abierto que forman las moléculas orgánicas logra estabilizarse en el nuevo ambiente, se volverá un sistema complejo y eventualmente evolucionará; podrá quizá poblar de vida un mundo nuevo. Este escenario está teorizado por la ciencia en el origen prebiótico de la vida en nuestro planeta. Entonces, los cometas, asteroides y meteoritos están bajo permanente escrutinio.

El cometa 67P / Churyumov–Gerasimenko ha recibido especial atención desde que se lanzó la misión Rosetta en marzo 2 del 2004 para ir en su persecución y la nave secundaria Philae que aterrizó en su superficie en noviembre 2 de 2014. (Science: Catching a comet, 2015). Los cometas como el 67P tienen una estructura y composición arcaica, son relictos de la formación de nuestro Sistema Solar. El 67P es una roca con forma de pato de goma cubierta de hielo, gases pesados y vapor de agua que se formó en los inicios del Sistema Solar. Varias hipótesis correlacionadas sobre la estructura y composición de los cometas se modificaron ante las nuevas mediciones del 67P obtenidas por los aparatos de la Rosetta y de la Philae, por ejemplo: el agua del 67P no se parece químicamente al agua terrestre, entonces es poco probable que los cometas trajeran el agua a nuestro planeta, como se hipotetizaba hasta entonces.

El 67P no posee campo magnético interno. Más bien está formado por partículas de polvo microscópicas que se atraen entre sí por fuerzas gravitacionales y que gradualmente forman concreciones rocosas de grandes dimensiones, como los 4.3 kilómetros de largo del 67P. A este proceso de formación de cuerpos rocosos en el espacio se le llama “Colapso Gravitacional Lento”, y es el mismo proceso que posiblemente formó nuestro planeta. Tal como se describe en el reciente análisis de los datos colectados por la misión Rosetta y publicados hace unos días por Jürgen Blum de la Braunschweig University of Technology, en Alemania. (Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, 2017: DOI: 10.1093/mnras/stx2741) Precisamente, por su naturaleza primitiva, los cometas como el 67P son cápsulas del tiempo que guardan registros sobre el origen de nuestro planeta. Pero también, sobre el origen de la vida en nuestro planeta.

¿Qué es la vida? En nuestro planeta se define por tres constantes:

  1. Es un sistema complejo de organización de la materia en donde el carbón es el elemento base.
  2. Presenta un metabolismo propio, es decir, requiere materia y energía que utiliza para mantener su estructura y organización.
  3. Es capaz de replicarse, o en términos evolutivos, se reproduce en otras unidades biológicas funcionales, no necesariamente idénticas, cuya información inherente será sobrevivir y reproducirse.

Acerca del carbón como elemento base, particularmente, moléculas y compuestos de carbón se encuentran ya presentes en cuerpos interestelares tanto o más antiguos que nuestro planeta, como el cometa 67P. Los instrumentos de la Philae detectaron al menos 16 compuestos orgánicos en la costra externa helada del 67P: una roca con forma de pato de goma que viaja a lo largo del espacio desde antes de la formación de nuestro planeta y que va cargando bloques elementales de compuestos orgánicos. Esta imagen puede ser perturbadora.

 

Francisco Riquelme es Biólogo Evolutivo, Profesor Investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

Close
Comentarios