Las diferencias físicas en mujeres desaparecidas

En promedio, las desaparecidas miden casi cinco centímetros más que el resto de mujeres. En el caso de hombres, esta diferencia es de poco más de un centímetro.

Por: José Merino (@PPmerino) y Carolina Torreblanca (@caro_whitetower)

Según el Registro Nacional de Personas Extraviadas y Desaparecidas (RNPED), desde el 2000 se han presentado 28,951 denuncias de fuero común por la desaparición de personas en México. ¿Quiénes son estas 28,951 personas desaparecidas y por qué desaparecieron? No lo sabemos, pero gracias a que se registra información de su talla y complexión, podemos saber que probablemente los hombres y las mujeres que desaparecen en México desaparecen por razones diferentes: mientras que los hombres tienden a ser casi idénticos en estatura al promedio de cada entidad, las mujeres suelen ser atípicamente altas.

Esta diferencia sistemática en los fenotipos de las mujeres desaparecidas, pero no en el de los hombres, apunta a que una buena proporción de las desapariciones de mujeres se explican por un fenómeno diferente al de los hombres, un fenómeno en el que la apariencia física de ellas es un criterio para su desaparición.

Peso, talla y sexo

La relación entre el peso y la talla de una persona es muy estrecha: entre más midan, en promedio más pesan.

Por supuesto que la estatura y, por tanto, el peso de las personas, depende también de la edad que tengan y de si son hombres o mujeres. Esto quiere decir que, en general, todos los hombres o mujeres de una población específica van a tener una estatura y peso similar a cualquier edad dada.

La relación entre estatura, peso, edad y sexo significa que podemos saber si las personas que desaparecen se parecen al resto de la población mexicana o si tienen una apariencia física atípica. Esto es importante porque, si las características físicas de los desaparecidos no estuvieran relacionadas con la razón por la cual desaparecen, deberían ser, en promedio, idénticos en peso y talla a la población general. En otras palabras: si la altura y peso de las personas que desaparecen son idénticas a las de la población mexicana en general, entonces podemos asumir que su desaparición no está relacionada con su apariencia; en cambio, si son sistemáticamente más altos o delgados, entonces tenemos evidencia para suponer que su apariencia física está relacionada con la razón por la cual desaparecen.

Desaparecen personas delgadas

Usando los datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT 2012) podemos saber el peso y la altura promedio de los hombres y mujeres de todas las edades del país en cada una de las entidades; mientras que usando el RNPED podemos conocer la estatura de las y los desaparecidos y si estos tenían una complexión delgada, mediana, robusta u obesa. Al comparar las medidas de estos dos grupos de personas, sabremos si la apariencia física de los desaparecidos es sistemáticamente diferente a la de la población general.

Empecemos con la complexión; mientras que el 32% de los hombres y el 31% de las mujeres en México tienen una complexión delgada, cuando se les compara con las personas de su edad en la entidad en la que habitan, las personas con esta complexión representan el 52% de los hombres que desaparecen y el 55% de las mujeres desaparecidas.

Tanto los hombres como las mujeres desaparecidas son desproporcionalmente delgados, pero el fenómeno es aún más visible para las mujeres.

Las mujeres que desaparecen son más altas, pero los hombres no

La “complexión” como la registra el RNPED no es una medida objetiva, es difícil pensar que todas las personas que registraron la complexión de los desaparecidos tenían el mismo criterio para diferenciar entre personas “delgadas” o “medianas”, por ejemplo. Es decir, no podemos saber si la mayoría de las personas que están categorizadas como de complexión “robusta” y tienen una edad similar pesan más o menos mismo. Sin embargo, tenemos una medida mucho más precisa: la estatura.

Si comparamos la altura promedio de las dos poblaciones, los desaparecidos y la población mexicana en general, vemos que las mujeres que desaparecen fueron reportadas sistemáticamente mucho más altas que el promedio nacional, mientras que los hombres que desaparecen son casi exactamente igual de altos que la población mexicana.

Cuando vemos las diferencias por edad, la importancia de la altura en desaparecidas mujeres y la irrelevancia de esta característica en los hombres que desaparecen es aún más evidente. Mientras que las desaparecidas son notoriamente más altas que la población general de su edad, aun ponderando por las diferencias de altura promedio en las entidades de la República, la altura de los hombres desaparecidos es casi indistinguible de la de los no desaparecidos. Esto quiere decir que, si desaparecen más personas en el norte del país y los habitantes del norte son en promedio más altos al resto del país; entonces la diferencia en estatura entre desaparecidos y el resto se debería simplemente a su distribución geográfica. Al estimar los promedios de estatura de ENSANUT con base en la distribución geográfica de RNPED evitamos cometer ese error.

En promedio, las mujeres desaparecidas son 4.9 cm más altas que las mujeres de su misma edad en los estados en los que desaparecieron mientras que los hombres desaparecidos son solo 1.1 cm más.

Las desaparecidas son jóvenes altas en todas las entidades

La relación entre altura y desaparecidas mujeres es muy clara en casi todas las entidades del país, pero es indiscutiblemente un patrón más notorio en algunos estados. Si calculamos la altura promedio de todos los y las desaparecidas según su edad y las comparamos con la población de esa edad en el estado en el que desaparecieron, podemos saber si son, en promedio, más, menos o igual de altos que sus contrapartes en la población general.

En la siguiente gráfica podemos ver dos cosas: en primer lugar, que la gran mayoría de las mujeres que desaparecen son jóvenes, pero también que, en promedio, tienden a ser más altas.

En el EDOMEX, por ejemplo, desde 2000 hasta la fecha, han desaparecido mujeres de todas las edades, excepto de 61 y 63 años de edad; en casi todos los casos la estatura promedio de las desaparecidas es mayor que la estatura promedio de las mujeres de esa edad en el EDOMEX. Otros estados donde este fenómeno es especialmente marcado son Puebla, la CDMX, Tamaulipas, Sinaloa, Guerrero, Coahuila y Veracruz.

Por otro lado, en promedio los hombres que desaparecen no tienen una altura diferente que los hombres de su edad que viven en la entidad en la que desaparecieron. La altura parece ser un factor irrelevante en el caso de los hombres. La edad también parece ser menos determinante, pues en más entidades de la república desaparecen hombres no jóvenes.

De hecho, si desagrupamos la información y en lugar analizamos la altura de individuo por individuo, no el promedio por edad, resulta que casi el 50% de las mujeres desaparecidas desde 2000 a la fecha eran más altas que la mujer promedio de su edad en la entidad en la que desaparecieron, mientras que solo el 36% de los hombres tenía una estatura atípica. Este 36% más alto para hombres es casi exactamente igual al porcentaje de hombres que era de la misma estatura que la población general, 35% y que el 30% que era más bajo que la población general. Esta similitud en los porcentajes es lo que esperaríamos observar cuando la altura fuera independiente a la probabilidad de desaparecer o no, a diferencia del claro sesgo a favor de mujeres más altas.

Esto quiere decir que la estatura de los hombres no es una variable que aumente notoriamente la probabilidad de desaparecer, pero que para las mujeres sí está positivamente asociada.

¿Qué hacemos con esta información?

¿Qué conclusiones podemos sacar sobre las razones por las que desaparecen las personas usando su apariencia física? ¿Las procuradurías estatales y federal lo saben? ¿Les importa? ¿Han iniciado investigaciones para entender este fenómeno?

Para empezar, es importante aclarar que la información de talla y peso que analizamos en este artículo es inexacta por varias razones, pero la más importante probablemente es porque estamos usando solamente las medidas de las personas que están registradas en RNPED. Esto significa que en incluimos datos de víctimas de desaparición forzada, secuestro y privación de la libertad, pero no información de aquellas cuya desaparición se atribuye explícitamente a la trata.

También hay que entender que el RNPED no es un censo de personas desaparecidas, pues para que un individuo aparezca ahí su desaparición tiene que haberse denunciado y, sin duda, hay personas que no denuncian desapariciones de familiares o conocidos por miedo a su seguridad.

Este subregistro y la posible exclusión de las averiguaciones que explícitamente se refieren a la trata nos hace pensar que estamos de hecho subestimando las diferencias en apariencia física entre las mujeres que desaparecen y la población general. Esto quiere decir que probablemente las diferencias físicas de las mujeres que desaparecen son todavía más extremas.

Es lógico pensar que si las mujeres que están desapareciendo tienen un fenotipo tan particular es porque las están desapareciendo factiblemente por tener esta apariencia física. Saber con certeza si este es el caso y entender por qué ocurre no se responde con datos, se responde con investigación por parte de las autoridades.

 

@datacivica

 

 

Nota Metodológica

Se usaron datos de la ENSANUT 2012 y del RNPED fuero común, descargados en octubre de 2017. Los puedes consultar en esta liga.

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