México, cambio climático y su relación con EUA

Si cuando Estados Unidos estornuda, a México le da pulmonía, ¿qué pasa cuando a Estados Unidos le da una fiebre ideológica que siembra odio contra los inmigrantes como una fiebre física producto del cambio climático?

Por: Lawrence M. Krauss

Mis compañeros de México me enseñaron una expresión: “Cuando Estados Unidos estornuda, a México le da pulmonía”. Pero entonces, ¿qué pasa cuando a Estados Unidos le da fiebre, ya sea una fiebre ideológica que siembra odio contra los inmigrantes como una fiebre física producto del cambio climático? De cualquier manera, las consecuencias para el país vecino serán muy graves. Si bien compartir frontera con uno de los países más poderosos del mundo tiene sus ventajas evidentes, también tiene sus desafíos. Encarar de manera estratégica estos desafíos puede tener un impacto positivo en los dos países, así como en el resto del mundo.

Primero, echemos un vistazo a las políticas relacionadas con el cambio climático y a su impacto. En este momento, Estados Unidos es la única potencia industrializada en donde todos los poderes del Estado están controlados por un partido que tiene la política de desestimar la realidad sobre el cambio climático, así como sus posibles consecuencias en el ambiente. Por si fuera poco, Estados Unidos también es responsable de producir un porcentaje más alto del dióxido de carbono presente en la atmósfera —y que seguirá allí por más de 600 años a menos que hagamos algo al respecto— que ningún otro país.

Es fácil entender su actitud pasiva frente al cambio climático: cuenta con grandes reservas de combustible fósil, tiene muchas industrias que se benefician del uso de estos combustibles y posee suficientes fondos como para mitigar muchas de sus posibles consecuencias. Además, muchos factores demográficos lo hacen un poco menos susceptible que otros países a las consecuencias locales del cambio climático.

Una de estas consecuencias es la posibilidad de sequías graves. Si bien, recientemente, California ha tenido problemas de escasez de agua, y el clima seco ha contribuido a intensificar grandes incendios en ese estado, se estima que el sudoeste del país tendrá un clima aún más seco debido a los efectos del cambio climático. Sin duda, esto pondrá el derecho al acceso al agua en el centro del debate, como fuente potencial de un conflicto político.

Sin embargo, el impacto de las sequías va mucho más allá de la falta de agua y podría tener consecuencias sociales inesperadas. Por ejemplo, un periodo de sequías prolongadas en las áreas rurales de Siria provocó una gran migración hacia las zonas urbanas, lo que intensificó las tensiones políticas. A su vez, esto provocó la guerra civil de Siria, que no solo cobró muchas víctimas, sino que también acabó por completo con la forma de vida en muchas partes de ese país y en el país vecino, Irán. Después de unos años, esto ocasionó la formación de ISIS, el grupo terrorista que ya ha dejado su huella a nivel global.

Cuando se trata del impacto del cambio climático en la migración y la agricultura, es probable que México sufra más las consecuencias que Estados Unidos. De acuerdo con el CIA World Factbook, los agricultores representan el 13.4 % de la fuerza laboral mexicana; en comparación, tan solo el 0.7 % de la población estadounidense trabaja en la industria agrícola. Es muy probable que la reducción en la producción agrícola causada por los cambios climáticos tenga consecuencias notables en la migración. Se calcula que, para el 2080, la caída en la industria agrícola expulsará a entre 1.4 y 6.7 millones de mexicanos de su país. La mayoría terminará en Estados Unidos.

Las sequías prolongadas, intercaladas entre periodos de fuertes lluvias e inundaciones, son algunos de los desafíos climáticos más importantes que enfrentará México en el próximo siglo. La Ciudad de México, una de las áreas urbanas más grandes del mundo, ya está teniendo problemas por la disminución del nivel freático causada por el aumento de la población en zonas urbanas, que incluyen daños a carreteras y edificios afectados por los bajos niveles de aguas subterráneas.

Este hecho no se les escapa a los estrategas militares: la Office of Net Assessment (Oficina de Valoración Neta) del Pentágono encargó un informe sobre las posibles implicaciones del cambio climático en la seguridad nacional. Los autores del informe hicieron una afirmación bastante premonitoria:

Es muy posible que Estados Unidos y Australia construyan fortalezas defensivas alrededor de sus países porque cuentan con los recursos y las reservas como para ser autosuficientes. Gracias a su diversidad climática, a su riqueza, a su tecnología y a su gran cantidad de recursos, es posible que Estados Unidos sobreviva a ciclos de cultivo más cortos y a condiciones climáticas adversas sin sufrir pérdidas catastróficas. Se reforzarán las fronteras para prevenir la entrada de inmigrantes desesperados de las islas del Caribe, de México y de Sudamérica.

Australia ya tuvo que resolver cómo lidiar —muchos consideran que lo hizo de manera muy poco eficaz— con la llegada de personas en bote desde Indonesia. He tenido la oportunidad de conversar con políticos que han decidido no actuar o retrasar medidas para lidiar con las emisiones de carbono de ese país. En esas ocasiones, siempre fui muy directo: si creen que ahora tienen un problema, tan solo deben esperar a que suba el nivel del mar y eso obligue a millones de personas que viven en zonas bajas de la región ecuatorial a buscar otro hogar. Cabe destacar que Australia es el territorio cercano más grande (y, en su mayoría, vacío). Se estima que, para el año 2050, 200 millones de personas tendrán que migrar a otro lugar por las consecuencias del cambio climático.

En Estados Unidos, ocurre una situación similar ahora que la inmigración ilegal ha pasado a ser prioridad para el público y para el gobierno. En 2016, de los 11.3 millones de inmigrantes no autorizados en Estados Unidos, 5.6 millones eran de México. Si el cambio climático afecta seriamente la producción agrícola o el acceso a agua limpia en México, este número podría triplicarse fácilmente. En sus negociaciones sobre la inmigración y el muro propuesto por el presidente Trump, México debería relacionar estos dos problemas.   Asimismo, México, Canadá y Estados Unidos están negociando sobre el futuro del TLCAN. Tanto México como Canadá podrían poner presión sobre Estados Unidos para intentar fomentar el desarrollo de tecnologías que no emitan carbono mientras discuten impuestos, tasas y otros asuntos.

México sufrirá las consecuencias directas de las políticas de energía, agua y comercio de Estados Unidos más que ningún otro país. Aunque esto lo deja en un lugar más vulnerable a las exigencias de Estados Unidos, también plantea una enorme responsabilidad: aprovechar su capacidad de influir —por mínimo que sea— en las decisiones de este país. Hay otra expresión popular en México: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Tal vez sea así, pero lograr que esta superpotencia establezca políticas globales lógicas demostrándole que eso actúa en su propio beneficio no solo sería bueno para México y el resto del mundo, sino que sería un acto de generosidad con el vecino del norte.

 

* Lawrence M. Krauss es físico teórico y Director del Origins Project en la Arizona State University (ASU).

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