El otro muro de México

El muro “invisible” que separa al sur del resto del país sigue ahí, construido por la historia de sus estructuras políticas y sociales.

Por: Khublai Villafuerte

“Voltear al sur”. No es la primera vez que los (pre)candidatos a la Presidencia proponen atender las carencias de esta región y en los siguientes meses –seguramente- escucharemos esta frase con mayor frecuencia.

AMLO propone hacer de estos estados una prioridad; Meade seguiría impulsando las políticas actuales basadas en las Zonas Económicas Especiales (ZEE) y el Frente propone darle “especial atención” dentro de la estrategia integral de desarrollo.

Lo cierto es que el muro “invisible” que separa al sur del resto del país sigue ahí, construido por la historia de sus estructuras políticas y sociales como atinadamente menciona Luis Rubio (artículo del 4/12/17 en Reforma).

Basta comparar a Nuevo León y Oaxaca, donde hay una diferencia en desarrollo similar a la que existe entre Uruguay y Vietnam. A nivel municipal, la distancia es aún mayor.

Actualmente hay dos esfuerzos en proceso que buscan comenzar a cambiar esta dinámica: la creación de zonas económicas especiales y la implementación de la reforma educativa. Aunque son un inicio, no son parte de un plan estratégico que atienda los problemas estructurales y sistémicos de estas regiones. Ahí radica el verdadero reto.

¿Cómo podemos impulsar a la región desde una perspectiva integral?

1) Desarticulando las estructuras políticas arcaicas que han perdido gran parte o toda su legitimidad, resultando en comunidades enteras que desconocen al gobierno como autoridad e incluso, como mediador. A veces, llegan a confiar más en el machete como instrumento de justicia que un juez y asumen que para ser escuchados sólo les queda protestar e incluso, vandalizar. El tema ya no es descontento social, sino la falta de un estado funcional.

2) Terminar con la “trampa de la pobreza” (ver aquí), que impide el desarrollo de capital humano (en todas sus dimensiones) y desincentiva al ahorro y la inversión. La educación, el trabajo y el micro emprendimiento no permiten mejorar la posición económica inmediatamente, se requiere de un gran impulso para poder acceder al siguiente nivel que los programas actuales de la SEDESOL, SAGARPA y otras dependencias, no dan. Su propósito es que los más rezagados “desaparezcan” de la estadística de pobreza, en lugar de empoderarlos o capacitarlos, o incluso llegan a enfocarse en el desarrollo de redes de operación política.

3) Generar incentivos para salir de la trampa: atraer inversiones y proyectos que sean una plataforma de crecimiento para estas regiones, a la par del desarrollo de capacidades humanas y laborales en estas comunidades. El problema actual es que sin el capital humano disponible ¿cómo participarán los habitantes en el desarrollo de un parque eólico o de una ZEE más allá de hacerlo a través de la venta de sus tierras? Esto, está al centro de los argumentos en contra de estos proyectos.

Hoy se requiere de un enfoque técnico en la resolución del problema y, sobre todo, de voluntad política para asumir los costos que derivan de hacer valer el siempre nombrado/nunca respetado estado de derecho y terminar con estructuras clientelares, políticas y sociales. Esta es la oportunidad que tiene el gobierno que entrará en 2018, de lo contrario, la brecha entre el norte y el sur se ampliará de manera exponencial, generando una crisis que aún no logramos dimensionar.

 

* Khublai Villafuerte es consultor en Inteligencia de Riesgo-Entorno en Riskop.

 

 

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