México debe adaptarse a una nueva realidad

México tiene que acelerar la formación de alianzas estratégicas y comerciales tanto para presionar en la negociación con EU sobre el TLCAN, como para cubrirse de una medida unilateral que no por ser irracional es imposible.

Por: Jorge Suárez Vélez (@jorgesuarezv)

La reciente decisión de Donald Trump de dar marcha atrás a la participación de Estados Unidos en el acuerdo climático más importante en la historia confirma una tendencia geopolítica en extremo peligrosa que, además, debe invitar a México a reflexionar.

Sin ambages, puso en riesgo a instituciones multilaterales que fueron vitales en la posguerra, y por su nativismo le cede el liderazgo mundial a potencias como China, con todas las implicaciones que eso conlleva.

El nuevo gobierno estadounidense tendría éxito en La Hora del Aficionado, pero es un peligro en la Casa Blanca. Es altamente visible, pero es sólo el primero en una serie de potenciales liderazgos en los que quien está en el timón está a años luz de entender la magnitud del cambio que ocurre. Francia se salvó de Le Pen, Holanda de Geert Wilders y Austria de Norbert Hofer, quienes hubieran querido seguir el camino de Trump, apelando a quienes han perdido en el vertiginoso cambio que la sociedad y la economía mundial viven, aprovechando para culpar al comercio, a la integración de minorías raciales y a la globalización por cambios que poco tienen que ver. Prometen un regreso imposible a un pasado que sólo existe en su imaginación y en su intransigencia. El año próximo, México enfrentará una decisión similar. López Obrador ofrecerá soluciones mágicas a problemas complejos. Si gana, provocará un retraso irreversible.

La humanidad sufre una peligrosa adicción a sobresimplificar el análisis y proponer pequeños parches a cambios colosales en cómo participamos en la forma de hacer cosas, en cómo nos comunicamos y en cuánto vivimos. En lugar de armar estrategias multidisciplinarias sensatas a largo plazo, maximizando los beneficios del cambio y minimizando sus costos, sólo se busca exprimir el beneficio político instantáneo.

El mundo está inmerso en una revolución tecnológica sin precedente. La capacidad de las computadoras ha crecido exponencialmente, permitiendo tareas hasta hace poco inimaginables. El mapeo del genoma humano, el desarrollo de automóviles sin chofer y la ubicuidad de Internet, entre muchos otros fenómenos, provocan cambios potencialmente muy positivos si nos adaptamos con rapidez. Si no lo hacemos, pueden detonar una realidad distópica de pronóstico reservado.

La condena del populista en la Casa Blanca al comercio internacional y a la migración por la pérdida de empleos acelerará procesos de automatización y robotización. Se pueden combinar un par de fenómenos que acelerarían la robotización. La insistencia de Trump de evitar que empresas industriales estadounidenses abandonen el país, sumado a la posibilidad de que se otorguen estímulos fiscales para la repatriación de alrededor de 2.5 millones de millones de dólares que empresas estadounidenses guardan en otros países, podrían provocar que se acelere la automatización industrial como estrategia para mantener competitividad. Esto podría acentuarse por una segunda ventaja fiscal si las tasas impositivas corporativas se reducen dramáticamente, como se propone.

Según un estudio de Daron Acemoglu y Pascual Restrepo de MIT, tanto el empleo como los salarios han sido afectados por la creciente adopción de robots industriales entre 1990 y 2007. Según sus estimados, por cada unidad que aumenta la proporción de robots por mil empleados, se reduce la proporción de empleo a población en hasta un tercio de punto porcentual, y los salarios en hasta medio punto porcentual. El estudio estima que 47 % de todos los trabajadores estadounidenses podrían ser afectados por esta tendencia, y el Banco Mundial cree que 57 % de los trabajadores en la OCDE lo estarían.

El número de robots industriales se cuadruplicó en Estados Unidos y Europa occidental entre 1993 y 2007. Para 2015 había entre 1.5 y 1.75 millones de éstos en operación. Boston Consulting Group estima que habrá entre 4 y 6 millones en 2025. Esto reduciría el empleo en hasta 1.76 puntos porcentuales, y los salarios podrían crecer hasta 2.6 % menos. En una cifra potencialmente alarmante para México, 39 % de los robots existentes están en la industria automotriz.

El estudio antes citado estima que 6.2 trabajadores pierden su empleo por cada robot. La pérdida se concentra más en trabajadores con menor educación. Estiman la pérdida en EU hasta ahora en entre 360 mil y 670 mil empleos. Sin embargo, la reducción en costos de producción y el crecimiento en competitividad pueden permitir el crecimiento de empleo en actividades comerciales, por ejemplo.

Tanto en el caso de las razones dadas para atacar el TLCAN, como en las que se usaron para justificar la salida del acuerdo climático de Paris, es totalmente falaz la posibilidad de que sin uno u otro se podrían recuperar empleos en manufacturas, o recuperar actividades como la minería de carbón, que ha sido herida de muerte por otra innovación, la de la perforación horizontal de yacimientos de petróleo y gas de esquisto.

Todo lo anterior tiene implicaciones importantes para México. Primero, porque resulta poco realista pensar que podremos mantener ventajas competitivas por la capacidad para producción industrial en gran escala, que se diluye ante el surgimiento de nuevas tecnologías como la de las impresoras en tercera dimensión, o por la oferta de mano de obra barata, que sucumbirá ante procesos intensivos de robotización. México tiene que priorizar el proceso de integración de la población a la economía formal como vehículo para acelerar la capacitación de trabajadores para nuevas formas de producir, o para nuevas actividades que surgen por éstas. Debemos pasar de una reforma educativa retórica a una pragmática que privilegie la adquisición de habilidades mercadeables (programar, escribir código, estrategias de comunicación con redes sociales, terapia física, etc.) sobre la obtención de diplomas insulsos.

Pero, además, ante la superficialidad del análisis para justificar salir del acuerdo climático, tenemos que estar conscientes de que el mandatario estadounidense podría decidir salirse unilateralmente del TLCAN e incluso de la OMC. México tiene que acelerar la formación de alianzas estratégicas y comerciales tanto para presionar en la negociación como para cubrirse de una medida unilateral que no por ser irracional es imposible. Y, particularmente, tenemos que fortalecer el Estado de derecho y mejorar la seguridad como herramientas para incrementar urgentemente nuestra competitividad.

 

 

* Jorge Suárez Vélez es Economista por el ITAM. Actualmente es asesor en temas financieros en Nueva York. Es socio fundador de SP Family Office. Es autor de La próxima gran caída de la economía mundial y de Ahora o nunca, la gran oportunidad de México para crecer. Es parte del panel de expertos de @MexicoComoVamos.

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