El desastre que más vidas ha costado al sur del país

Además del temblor del 7 de septiembre hay otro desastre, uno humano, político, lento y continuo, que ha aquejado a Chiapas y Oaxaca y que seguramente han costado más vidas a lo largo del tiempo.

Por: Valeria Moy (@ValeriaMoy)

Hasta el momento hay 96 muertos resultado del temblor del jueves 7 de septiembre. La mayoría concentrados en Oaxaca, con 76 decesos. El daño está extendido en toda la región del Istmo de Tehuantepec. Solo en Oaxaca hay al menos 800 mil damnificados, de acuerdo a la información oficial.

Chiapas reporta 15 personas fallecidas hasta que esto se escribe y se estima que hay 40 mil viviendas dañadas, además de 42 escuelas que necesitarán ser reconstruidas. No son los únicos estados afectados, pero sí donde se ha concentrado la mayor parte del daño.

Cierto. Es el temblor más fuerte que se ha registrado en México en mucho tiempo. Es la tragedia derivada de un desastre natural. Pero hay otro desastre, uno humano, político, lento y continuo, que ha aquejado a estos estados del sur del país y que seguramente han costado más vidas a lo largo del tiempo.

Oaxaca y Chiapas son dos estados increíblemente ricos en cultura y tradiciones, pero bajo cualquier medición económica son también dos de los estados más pobres del país.

Con los últimos datos disponibles, Oaxaca es el tercer estado con más pobreza del país, solo superado por Guerrero y Chiapas, con 63.1 % de sus 3,967,889 habitantes en situación de pobreza laboral (cuando el ingreso proveniente del empleo no es suficiente para adquirir la canasta alimentaria básica). No será raro ver cómo todos los demás indicadores son consistentes con este rezago económico histórico. En los últimos cinco años, la economía de Oaxaca solo ha crecido 1.8 % en promedio por año, crecimiento absolutamente insuficiente para mejorar las condiciones de vida de los oaxaqueños. La gran parte de los empleos de Oaxaca son de carácter informal, 73.6 por ciento de la población ocupada lo hace en la informalidad. La baja creación de empleo formal es el evidente reflejo de la situación anterior. Por su dinámica poblacional, en Oaxaca se deberían de crear 38,600 empleos formales al año. Entre 2012 y 2016 apenas ha creado 15 % de esos empleos por año.

No sorprende, entonces, observar una baja productividad laboral en el estado. La productividad en el país es baja, aproximadamente 135 pesos por hora trabajada como promedio nacional. Pero la oaxaqueña es la segunda menor, solo seguida de la chiapaneca. El valor de la hora trabajada en Oaxaca es 67 pesos, menos de la mitad del nacional.

Chiapas está peor que Oaxaca en casi todos estos indicadores económicos. Chiapas no solo no ha crecido nada en términos económicos en los últimos cinco años, sino que ha decrecido. En promedio, el PIB chiapaneco se ha contraído 0.2 % por año en el periodo comprendido entre el primer trimestre de 2013 y el mismo trimestre de 2017. Es el estado que tiene el mayor porcentaje de la población viviendo en pobreza laboral, 68.4 % de sus 5,217,908 habitantes se encuentran en esa situación. La informalidad en Chiapas es ligeramente mejor que la oaxaqueña, pero se encuentra entre los cinco peores del país, que ya de por si es informal. 67.8 % de los trabajadores chiapanecos se ocupan en la informalidad. Evidentemente, tampoco hay creación de empleo formal. El estado únicamente ha creado, en promedio, 6 % de los 45,100 empleos de los que necesita su población año con año. El valor de la hora trabajada en Chiapas es 58 pesos, el menor de país.

 

Los años pasan por Oaxaca y Chiapas y su situación económica no mejora. Los recursos que se les han destinado han sido completamente ineficientes, además de las prácticas corruptas y el débil Estado de derecho que prevalecen, como bien lo señala The Economist en su nota sobre el terremoto.

El temblor de la noche del jueves fue intenso, pero las condiciones sociales y económicas que se viven en este par de estados del sur han hecho que las consecuencias sean aún más devastadoras. Hemos visto imágenes de los edificios y las viviendas destruidas. En gran parte, son construcciones hechas sin ningún estándar de calidad ni de seguridad. La gente construye sus viviendas poco a poco, conforme le llegan los apoyos o se hace de algunos recursos que le permiten agregarle un cuarto o un piso a una vivienda. Los apoyos que ahora lleguen no deberán de olvidar esta realidad y tratar de mejorarla, tomar la oportunidad que tristemente llega ahora y empezar a capacitar y a construir con mejores estándares.

No es noticia la diferencia entre el norte y el sur, pero el sismo nos debería de ayudar a abrir los ojos a darnos cuenta de que los datos económicos –crecimiento, informalidad, productividad- no son números al aire ni datos sin sentido. Son datos que capturan, quizás de una manera fría y poco empática, la calidad de vida de los habitantes del país. De esta forma, también, capturan sus diferencias.

 

@MexicoComoVamos

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