Trump y el momento para nuestra libertad

Por un principio de justicia con nuestros hermanos migrantes tenemos que hacer una profunda revisión de los orígenes de la migración, que ha hecho que haya tanto mexicano en Estados Unidos.

Por: Bernardo Altamirano Rodríguez (@beraltamirano)

México en la actualidad transita de la anarquía al despotismo militar,

y de ahí a la anarquía de nuevo”.

Alexis de Tocqueville (1840).

 

No hay mayor prioridad en la actualidad para nuestros gobernantes, empresas y sociedad que definir una estrategia eficaz que enfrente a las amenazas migratorias y comerciales que representan las propuestas del futuro gobierno de Donald Trump. Sin embargo, se ha omitido realizar un balance interno sobre los orígenes de dichos problemas que hacen que hoy nos encontremos frente a una situación límite, y pueda detonar en una grave crisis económica y en violentar los derechos de nuestros paisanos. Nuestra situación es muy vulnerable, lo cual se agrava considerando que quienes atenderán la crisis enfrentan una severa desconfianza e impopularidad. Así, la prioridad debe ser fortalecernos internamente y ser corresponsables de un proceso complicado. En efecto, la victoria de Trump es la oportunidad de vernos en el espejo y de revisar el núcleo de nuestros problemas estructurales e históricos: un Estado intervencionista y corrupto. Esta coyuntura es una gran oportunidad para que desde la sociedad y la empresa rompamos ataduras que han limitado nuestras libertades.

El dilema liberal

Desde nuestra independencia, múltiples de nuestros héroes patrios se inspiraron en el pensamiento y acción de la revolución estadounidense que condujo a su independencia y constitución. No obstante lo anterior, nuestros vecinos nunca tuvieron confianza de que en México se replicara exitosamente dicho modelo. Thomas Jefferson pensaba que éramos poco aptos para el “autogobierno”, y de encontrarnos libres de España, caeríamos “en el despotismo militar y se convertirían en los instrumentos asesinos de las ambiciones de sus respectivos Bonapartes”. John Adams fue escéptico sobre la viabilidad en América del Sur de la visión de democracias libres basadas en constituciones, pues era “tan absurdo como el tratar de establecer democracias entre las aves, las bestias y los peces”. Incluso el mismo Tocqueville, al referirse a cómo México adoptó el federalismo, vio cómo tomamos “prestada la letra de la ley”, sin ser capaces “de trasladar el espíritu que le había dado la vida”[i].

¿Porqué si enarbolamos y perseguimos los mismos principios, somos tan diferentes y nos separan profundas divisiones? A pesar de múltiples coincidencias filosóficas y de pensamiento político, somos observados como extraños, incluso pintorescos. Como bien señala José Antonio Aguilar Rivera, “ha nacido así el absurdo de que en las universidades norteamericanas se enseñen cursos sobre la civilización latinoamericana en oposición a la civilización occidental”. A lo largo de más de dos siglos encontramos diferentes elementos que alejan nuestros “estilos de gobernar”, pero el más relevante de la actualidad es que nuestra constitución no ha sido un elemento que limite y acote el ejercicio del poder de los gobernantes, sino que ha sido el espacio idóneo para su actuar corrupto, ilimitado e impune, que en lugar de crear esquemas de rendición de cuentas y de colaboración que construyan ciudadanía y riqueza, han degenerado en un sistema extractivo, clientelar y patrimonialista.

Tenemos instituciones que forman una fachada de modernidad, con políticos que le dan un contenido acorde al antiguo régimen, y son ellos quienes en realidad nos tratan como “aves” o “bestias”, y pulverizan las efectivas posibilidades de “autogobierno”, pues les da terror perder esos controles y quedar expuestos en su incapacidad. Son políticos que no aportan valor a nuestras vidas diarias, sino que lo anulan o extraen. Por estas razones, es que las circunstancias políticas con Estados Unidos son el momento para que la ciudadanía de pasos más enérgicos en torno a nuestra democratización, en romper mecanismos del régimen autoritario y liberarnos de una clase política corrupta.

Migración, alternancia y justicia

Durante nuestra primera alternancia se buscó procesar crímenes del pasado vinculados con el autoritarismo represor del Estado mexicano. Sin lugar a dudas, una alternancia democrática implicaba un necesario cambio de paradigma ético y por tanto exigía resolver pendientes sobre violaciones a las libertades fundamentales. Esta búsqueda de justicia ha sido omisa al revisar las profundas causas de la migración que por décadas han emprendido millones de paisanos, quienes en la búsqueda de mejores condiciones de desarrollo y dignidad, enfrentaron los peores riesgos, incluso la muerte. Cual fuenteovejuna, la pobreza y la falta de oportunidades han explicado la migración de una manera cómoda, anónima y reduccionista. Sin embargo, estos problemas encuentran su explicación de manera muy frecuente en la corrupción y abusos de gobernantes, particularmente los caciques locales, quienes no solo se han aliado con grupos criminales, sino que con sus controles económicos se han empeñado en solo generar riqueza para sus compadres y familias, y cerrado las puertas y oportunidades a la mayoría de sus representados. Si encontramos una correlación entre corrupción y pobreza, entonces existe una razón criminal en el origen de la migración y el Estado mexicano debe responder por ello.

Ni la clásica película de la Ley de Herodes es capaz de describir las vejaciones y abusos generalizados en múltiples ciudades a lo largo y ancho del país a cargo de esos alcaldes y gobernadores, quienes simulando el federalismo y municipio libre practicaron un despotismo y caciquismo que condujo a la expulsión silenciosa de generaciones de mexicanos que lo único que buscaban era una oportunidad. Esos gobernantes -empezando por los de las zonas más pobres- que con autocomplacencia hablaban de progreso e igualdad, no hicieron más que vaciar arcas y sesgar sus decisiones económicas a favor de sus cuates, y quienes de una manera inexplicable hoy son propietarios de cuentas bancarias y residencias millonarias en todo el mundo. Por otro lado, la histórica violencia de esos gobernantes representó una amenaza para la supervivencia y ejercicio mismo de las libertades y derechos humanos.

Esta corrupción y represión causantes de migraciones masivas y permanentes podrían incluso ser valoradas como crímenes de lesa humanidad. Sin duda, hoy tenemos que dar la batalla para que los derechos de los mexicanos en Estados Unidos no sean violentados, pero por un principio de justicia con nuestros hermanos migrantes tenemos que hacer una profunda revisión de los orígenes de la migración, juzgar a todos esos gobernantes corruptos y eliminar esos mecanismos de control político y económico de los que han dispuesto por décadas, y crear un nuevo esquema de gobernanza que beneficie a las personas, no a los caciques. Este es un paso indispensable para pelear por nuestra libertad en el ámbito más directo de nuestra vida cotidiana, el local.

Migrantes, intervencionismo y emprendimiento

México es en la actualidad el tercer país más sobrerregulado de la OCDE. Esto quiere decir que enfrentamos restricciones regulatorias de diferente índole, que desincentivan a los individuos a emprender, crear su negocio o asumir riesgos. Se trata de una de las batallas más complicadas que se han dado en el último par de décadas, pues por haber vivido casi ochenta años bajo la praxis del nacionalismo revolucionario, padecemos un Estado terriblemente interventor en la economía, no sólo con los tradicionales trámites y permisos burocráticos, sino desarrollando actividades productivas y comerciales desde instancias gubernamentales, con el consecuente desplazamiento de la empresa privada. Además, en donde se instalaron las empresas públicas, el incentivo de los ciudadanos no era abrir su propio negocio y competir contra el Estado, sino hacerse amigo de los responsables de la ventanilla o de sus sindicatos, ya sea para pedir contratos o empleo. Muchos no encontraron lugar en este modelo o tampoco quisieron ser parte del mismo, lo que también condujo la migración. De ahí que quienes decidieron hacer sus maletas y trasladarse al norte en busca de empleos o una oportunidad eran tomadores de riesgo, emprendedores, cuyo talento y energía el país no supo aprovechar.

Esos primeros migrantes, en su mayoría, encontraron empleos mal pagados y de enorme desgaste físico, pero encontraron la forma de sostener a sus familias. Conforme fueron asentándose, sus tipos de empleos y empresas se han ido diversificando y hoy representan una fuerza social en Estados Unidos. Con esto cúmulo de experiencias y testimonios se deben de identificar los principales patrones y tendencias en el ámbito económico que motivaron esos desplazamientos. De manera paralela, en medio de la marea intervencionista, en México surgió el ímpetu aperturista, que si bien impulsó a las grandes empresas con procesos y tecnología de vanguardia, no encontró terreno fértil en microempresarios, pues no existía esa cultura ni ecosistema, rezago que hoy todavía padecemos. De ahí que al conjugar estos dos elementos, tenemos la enorme oportunidad de romper cadenas de controles de esos gobernantes y avanzar en nuestras libertades económicas. Asimismo, aprender de las duras y maravillosas experiencias de migrantes que decidieron emprender, identificar sus motivaciones y los incentivos que encontraron. Estos elementos contribuirán a fomentar el emprendimiento en México y fortalecer nuestras capacidades.

¡Viva el México libre!

Tener una comunidad de mexicanos tan grande en Estados Unidos nos obliga a innovar y liberarnos de tradicionales mecanismos de vinculación. La estrategia mexicana debe partir del reconocimiento de un país dividido electoralmente y con gran independencia en lo local. En efecto, el cabildeo y relaciones públicas implicarán recursos importantes, que serán malgastados si pensamos en destinarlos exclusivamente en Washington, tanto en la Casa Blanca, como en el Congreso. La realidad estadounidense -con medios de comunicación locales muy sólidos que inciden en construir opinión pública local, y sobre la cual representantes y senadores tenderán a tomar decisiones- obliga a promover un trabajo de comunicación regional y local con información directa y veraz sobre lo que representa México, los mexicanos y el TLCAN. Caer en la tentación y glamour de las grandes cadenas nacionales o los medios de mayor impacto para las élites mundiales sería un grave error y revelaría que no aprendimos nada del reciente proceso electoral.

Finalmente, el presidente Peña Nieto mismo debe encabezar encuentros con mexicanos en Estados Unidos, entender sus inquietudes, anhelos, preocupaciones y ser el escudo con el cual sientan solidaridad frente a actos de discriminación, intimidación y violencia. Debe emprender una gira amplia en las principales concentraciones de paisanos y dirigir mensajes públicos y de motivación. Sin duda alguna, podría remembrar ese controversial discurso que dio Charles de Gaulle en Montreal en 1967, cuando a una multitud extasiada por su visita, la enardeció con breves palabras: ¡Viva Quebec! ¡Viva Quebec libre!

Sin duda, lo que necesitan nuestros paisanos –y nosotros también- es un grito que levante su ánimo y fortalezca la unidad de la Nación mexicana, reconocer el gran valor que ellos aportan con su trabajo a sus comunidades en Estados Unidos y en México, pedirles perdón por haber tenido que dejar su tierra, y cicatrizar heridas de una relación entre México y millones de sus ciudadanos y descendientes. Lo que se requiere más que nunca es apelar a un sentido de identidad y valores.

***

Enero será el banderazo de una serie de acciones intensas e inciertas. El gobierno tendrá que cumplir su responsabilidad y entender que esta relación no está limitada a negociaciones entre instituciones públicas, sino que las empresas y sociedad tenemos mucho que aportar para la construcción y consolidación de una relación compleja y estratégica. Evitemos que la presidencia de Trump y sus acciones nos distraigan de combatir a nuestros verdaderos enemigos: el intervencionismo y la corrupción. México no puede continuar con estos terribles cánceres. Es el momento de liberarnos de un agotado “establishment” político mexicano.

 

@centralcyc

 

 

[i] Citas obtenidas de Aguilar Rivera, José Antonio, En pos de la quimera, CIDE y FCE, México, 2000, pp. 23 y 25.

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