¿Cuentos chinos?

Disminuir la pobreza y aumentar el ingreso de millones parece algo lejano en la región latinoamericana, pero en China lo han hecho posible. Además, hoy el país está reescribiendo las reglas del comercio global;

Por: Román Meyer Falcón (@MeyerFalcon)

Desde la óptica urbana, el crecimiento y desarrollo de las ciudades se miden en términos de décadas, o incluso siglos; sin embargo, esta norma no aplica cuando hablamos de China. Hace unas semanas visité este enorme país que alberga a casi 1,400 millones de habitantes. Especialmente, me sorprendió la ciudad de Hangzhou localizada en una de las zonas de mayor crecimiento económico del país, a las orillas del Rio Delta. En esta región, conformada por diferentes zonas económicas, coexisten 28 ciudades, de las que Shanghái es el centro financiero dominante con 24 millones de habitantes. Hangzhou se ha convertido en una de las ciudades de más rápido crecimiento en la historia del mundo, pasó de tener 1.48 millones de habitantes en a 9 millones el día de hoy. Esta ciudad es, además, centro de un importante número de empresas tecnológicas, entre las que destaca Alibaba, dedicada al comercio electrónico y la amenaza directa de Amazon.

Para reflejar una imagen moderna y cosmopolita, la ciudad ha construido en tiempo récord distritos urbanos del tamaño de Santa Fe en la Ciudad de México, planificados de punta a punta, y que todavía no están habitados. Esta sección de la urbe que se llama Qianjiang es de casi 8 km2, está localizada a un costado del río y presenta un desarrollo de extrema velocidad, dejando al visitante sin aliento.

Es claro que China no tiene parangón en la historia del desarrollo económico de las naciones, incluso desde los orígenes del capitalismo industrial en el siglo XVIII. No obstante, este rápido crecimiento y desarrollo económico ha multiplicado y magnificado los problemas que enfrentan las ciudades. Además, hoy China enfrenta desafíos sin precedentes en materia ecológica y medio ambiental, así como riesgos políticos internos al haber expandido la brecha de desarrollo entre el interior del país y la parte más aventajada de la costa.

No se puede entender el milagro económico de China sin dejar de mencionar el conjunto de reformas económicas denominadas “socialismo con características chinas”. A inicios de los años 80, el país se transformó de una economía centralizada, planificada y cerrada por una de más parecida a las economías de mercado y con apertura en ciertos sectores. Lo anterior impactó todos los ámbitos sociales, económicos y culturales de este inmenso país. Desde entonces al día de hoy 700 millones de habitantes han superado la línea de pobreza[1] y para 2030 se estima que un 35% de la población, o 480 millones de personas, formen parte de la clase media. La consecuencia se aprecia en que el gobierno central estima que para el 2050 se duplique el Producto Interno Bruto (PIB).

Disminuir la pobreza y aumentar el ingreso de millones parece algo lejano en la región latinoamericana, pero en China lo han hecho posible. Además, hoy el país está reescribiendo las reglas del comercio global; por ejemplo, en estos últimos días se ha llevado a cabo un importante esfuerzo por reactivar las antiguas rutas de seda, con la iniciativa “una franja y una ruta”. Este plan de inversión, de un millón de millones de dólares, busca un mayor dinamismo económico en el mundo, enfatizando el intercambio económico entre África, Asia y Europa.

Todo lo anterior se debe de entender bajo la luz del punto que articula y planifica toda la vida política y económica: el Partido Comunista de China (PCCh). Éste se encuentra por encima del gobierno central y dicta las políticas que darán rumbo del país. Constituido por 86 millones de miembros y cuyo secretario general es Xi Jinping, agrupa un poder centralizado único, con una capacidad de planeación a mediano y largo plazo incomparable con sus contrapartes occidentales, cuyos partidos operan bajo un esquema democrático electoral. Los ciclos electorales, si bien son parte fundamental de la democracia, significa que los políticos pretenden reinventar políticas cada 3 o 6 años De esta manera, no se sabe si el siguiente mandato seguirá con la misma visión o la sustituirá, incluso hay quienes pretenden borrar toda huella de la administración pasada; lo anterior puede generar un ciclo de desarrollo más lento y errático.

Con un emergente y rápido posicionamiento de China como líder económico-comercial y una desgastada relación con Estados Unidos, ¿de qué forma podrá México tomar ventaja de esta situación? Una respuesta obvia es apostar por la diversificación del comercio. Por ejemplo, se pueden diversificar las importaciones al país, a la vez que se invierte en la infraestructura necesaria para fortalecer nuestras exportaciones con otros países. A largo plazo, se debe pensar en depender menos del TLCAN e incrementar y profundizar nuestra relación económica con China. Si bien en muchos bienes hay competencia directa entre la producción mexicana y china, en la medida en que ambas economías se diversifiquen se pueden encontrar áreas para hacerlas complementarias. Para muestra basta ver que a pesar de que no tenemos un tratado de libre comercio, China ya es el segundo socio comercial para México[2]. En lo que debemos avanzar ahora es en fortalecer las relaciones culturales y educativas con China, lo que llevará a dar pasos más sólidos para profundizar las relaciones comerciales.

Cruzar los 1,200 km que separan Pekín de Shanghái muestran una China con una alta velocidad de trasformación, reflejo de un crecimiento promedio de cerca del 10% del PIB en los últimos 10 años. El modelo de desarrollo económico y urbano de este gigante es ya un referente mundial. El punto central que emerge de un ejercicio comparativo entre nosotros y China muestra que sus logros se han fundamentado en políticas completamente contrarias a nuestro modelo liberal y, sobre todo, sustentado en un estado fuerte y autoritario. Si bien la democracia mexicana enfrenta retos, al existir amplias áreas del país tomadas por el crimen organizado, no es deseable, ningún autoritarismo que ponga en riesgo las libertades y los derechos humanos. En el país debemos encontrar caminos para recomponer, limpiar y sanear al aparato de gobierno, para que el país funcione en consonancia con las demandas de las muy diversas regiones y estratos de nuestra sociedad.

 

*Román Meyer es maestro en Gestión Urbana (UPC). Se ha enfocado en la administración de proyectos de diverso enfoque siempre vinculados a temas urbanos como son salud pública, movilidad, evaluación financiera, desarrollo inmobiliario, entre otros.

 

 

[1] The New Class war, The Economist, Julio 9 2016. Disponible aquí.

[2] The Observatory of Economic Complexity, México. Disponible aquí.

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