Carlos Cruz

Cauce ciudadano

Perfil De la generación del 73, se define como autodidacta, educador popular y emprendedor social. También se describe socialmente como un pandillero constructor de paz Es socio fundador y Presidente de Cauce Ciudadano A. C., organización con 12 años de experiencia en trabajo con jóvenes Impulsa el trabajo con habilidades para la vida y generación de resiliencia, Seleccionado como FELLOW de ASHOKA Emprendedores Sociales en 2004 FUNDADOR de la Escuela latinoamericana para la actoría social juvenil con presencia en 7 países de America latina. Fundador de la Escuela de Habilidades para la Vida “Escuela del Futuro“ SEMILLA-DANONE Integrante del grupo promotor de la RED DE CULTURA DE PAZ Es coordinador nacional de la Red Contra el Crimen Organizado RETOÑO En el año 2011 fue premiado por su trabajo por el Continuty Forum realizado en Miami, Florida.

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Verdad y memoria: 2190 días para hacer la tarea

“La memoria despierta para herir a los pueblos dormidos que no la dejan vivir libre como el viento”

La memoria, León Gieco

 

Escuchando un poco de música desde hace meses he venido discutiendo como se reconstruye un tejido social que se fractura todos los días con la indiferencia a decir la verdad y a construir nuestra memoria, memoria que se sacude al ver las agresiones a los estudiantes que se manifiestan el 1 de diciembre de 2012 y nos hacen recordar Atenco, o los tres cadáveres hallados en bosque de Naucalpan o los siete cuerpos mutilados y hallados en la colonia el Obispado en Torreón Coahuila el día domingo 2 de diciembre de 2012 como bienvenida al nuevo Gobierno. Estos datos, más los 130,000 muertos los 30,000 desaparecidas y desaparecidos y los miles de casos de abuso y violencia que se generaron en el sexenio de Calderón bien pueden ser incluidos en la canción de León Gieco, “La memoria”.

Desde la estética misma que no deja asombro, pareciera una pincelada dramática que se desdibuja en un paisaje del terror Estatal y criminal y la falta de ética para construir la verdad y la memoria que nos ayuden a no cometer el mismo error en los próximos seis años.  ¿Dónde está el oficio político para mediar el conflicto con quienes se manifiestan?, ¿dónde está la inteligencia para detectar a los que se infiltran y generan violencia?, o bien ¿dónde está la oficina que empezará a contar las historias y la vida de las personas, sus nombres, edades, género, oficio, ocupación, incluso sueños, de las personas asesinadas en México? Por lo pronto yo ya le sumo nueve personas entre 20 y 34 años de edad, tres a este sexenio.

La falta de verdad, la negación de la realidad y la falta de memoria se entretejen en el mundo del barrio, lo popular, lo femenino, lo masculino, lo juvenil, lo infantil, pero siempre con el estipendio intelectual del mundo adulto. Las nuevas formas de discriminación acompañan a la guerra contra el crimen organizado, algunas frases que muchas personas pronuncian al ver que sus familiares se relacionan con otras:

“No hay que ir al velorio. Seguro era narco”.

“No juegues con ese niño, su papá tiene una camionetota. Seguro es narco”.

“No le hables a ese niño. A su papá lo mataron por narco”.

“No te juntes con ese chavo. Imagínate, a su papá lo mataron por narco”.

“¿Tú con esa chava? Nomás no puedo imaginarlo, ¿qué no sabes que a su papá lo mataron por narco?”.

“Esa familia dejó que su hija se fuera con un narco. Seguro por puro dinero”.

“A tu papá lo mataron porque era un policía corrupto”.

“Estudiante, ése es un reboltoso que no tiene oficio ni beneficio, no te quiero ver con ellos”.

“Estudiantes, que se pongan a trabajar, espero que no salgas como ellos”.

En los últimos años la ola de homicidios impunes ha generado estragos en el tejido social que va desde las formas de exclusión y autoexclusión hasta las nuevas formas de discriminación que padecen los familiares de víctimas inocentes de la lucha contra el crimen organizado. Ésta es producto de la impunidad con la que el sistema de justicia en México atiende las más de 130,000 muertes violentas en los últimos seis años. La falta de justicia de verdad y memoria ha generado en la población civil una percepción de que todo aquel que muere es un criminal y por lo tanto se lo merece él y toda su estirpe.

Esta percepción se debe a un fenómeno de naturalización de la violencia criminal y la justificación de los ciudadanos de no contar con un Estado fuerte con el que colaboren y modifiquen su realidad. Esto significa, en el imaginario social, político y económico, la derrota del Estado democrático por la instauración de un Estado autoritario. La historia en el mundo nos describe la manera en la que Estados autoritarios son más tolerantes con las mafias del crimen organizado que con las familias de víctimas, véase el caso de Italia en la década de los 80 y 90.

Una claridad absoluta del trabajo con, desde y para las personas de poblaciones asediadas por el crimen organizado debe ser la verdad y la memoria. Iniciaré describiendo la segunda, pues en la memoria se reconoce la historia y en ésta, el anhelo de paz se construye y se teje. La memoria contribuye a reconocer que las personas asesinadas en nuestro país deben ser recordadas, pues cada muerte violenta acompaña la muerte del Estado democrático y da paso a un Estado autoritario. Sólo con una memoria activa millones de mexicanos afectados por la criminalidad y el delito global gritan a los cuatro puntos cardinales: ¡Ni una más!, ¡Paz con justicia y dignidad!, ¡No más sangre! y ¡Verdad y memoria!

Y es en la verdad donde descansa la posibilidad de frenar la nueva ola de discriminación, esta ola que lacera la integridad de las personas, pues perder a un familiar en esta guerra implica ser señalado con el dedo flamígero e inquisitorio sin tener idea de la verdad de esa persona. Recordemos el caso de Villas de Salvárcar en Ciudad Juárez, donde una frase de Felipe Calderón lapidó a dos grupos de población: a los jóvenes de las pandillas y a las víctimas inocentes de su guerra. Recordemos también la muerte de nueve jóvenes en la discoteca News Divine, donde buena parte del mundo adulto de la Ciudad de México referían señalamientos contra los padres y contra los gustos musicales de los nueve jóvenes, y por lo tanto las familias quedaron marcadas de por vida como irresponsables con sus hijos.

Por lo anterior y por miles de casos al año, las administraciones local y federal deben a las personas que habitan este país  una acción contundente para frenar la ola de discriminación que genera la impunidad de un Estado autoritario y corrupto.

En un futuro la CONAPRED, la CNDH y todo el sistema de derechos humanos deberá iniciar una gran acción para mitigar el daño que provoca la falta de verdad y memoria. Sólo así se contribuye a la reconstrucción del tejido social; sí, sólo así estas instituciones aportarían al proceso de pacificación en México; sí, sólo así se contribuye a la vida democrática del país; sí, sólo así niñas, niños, jóvenes, mujeres, adultos y viejos entenderemos que la verdad hace a un país más respetuoso y que con ella se anula la discriminación que vive hoy México.

Nosotros por lo pronto ya estamos trabajando en RED pues entendemos nuestro papel como Sociedad Civil, y que la memoria de las víctimas se teje con otras victimas inocentes  no sólo en México, también con otros países que enfrentan a las mafias del crimen organizado, así organizándose en red de sociedad civil antimafia con LIBERA en Italia, como ejemplo este botón.

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