Carlos Cruz

Cauce ciudadano

Perfil De la generación del 73, se define como autodidacta, educador popular y emprendedor social. También se describe socialmente como un pandillero constructor de paz Es socio fundador y Presidente de Cauce Ciudadano A. C., organización con 12 años de experiencia en trabajo con jóvenes Impulsa el trabajo con habilidades para la vida y generación de resiliencia, Seleccionado como FELLOW de ASHOKA Emprendedores Sociales en 2004 FUNDADOR de la Escuela latinoamericana para la actoría social juvenil con presencia en 7 países de America latina. Fundador de la Escuela de Habilidades para la Vida “Escuela del Futuro“ SEMILLA-DANONE Integrante del grupo promotor de la RED DE CULTURA DE PAZ Es coordinador nacional de la Red Contra el Crimen Organizado RETOÑO En el año 2011 fue premiado por su trabajo por el Continuty Forum realizado en Miami, Florida.

Ver Más

El silencio también aporta

 

  • Enrique Peña Nieto: 2159 días para hacer la tarea. Desde el silencio, trabajo de campo. In situ nueva modernidad, tejido social en comunidades zapatistas.

 

En los últimos años, constantemente hemos leído y escuchado sobre el tejido social, su rompimiento y deterioro en barrios, colonias y municipios. Ante esto se diseñan políticas públicas sobre la base de atacar los factores de riesgo; primer grave error pues hay que fortalecer los factores protectores para el desplazamiento de los factores de riesgo. Se realizan planes y programas, se ejercen recursos; sin embargo, siempre se somete la creatividad y complementariedad a la imposición de los modelos de organización y participación de fuera del país. Cohesión social o cultura de la legalidad se implantan como una modernidad política y social, que hoy son el reflejo de un sistema que todos los días naufraga uno de sus buques en un mundo de ilegalidad, impunidad y corrupción.

Aprender de nosotros mismos o hacer uso de la complementariedad es un imperativo ético y estético, es uno de los aprendizajes que nos da la movilización ciudadana del EZLN el pasado 21 de diciembre, donde ejemplo a seguir y aprendizaje a retomar son sus realidades sociales, políticas, comunitarias, alejadas del crimen organizado y de los delitos de grupos criminales o vinculación con ellos, y su permanente lucha contra la corrupción, la impunidad, el cambio de sistema y la alternativa de otro mundo posible.

Mientras, la cultura política moderna insiste en colocar la solidaridad como único vehículo de organización ciudadana, la universalidad como elemento de pensamiento, la individualidad como motor de transformación, la competencia como indicador de desarrollo, la ganancia como fuente de riqueza, la libertad como principio de relación social, la tolerancia como valor político, el aprovechamiento de los recursos naturales como única fuente de riqueza y la cultura de paz como un ejercicio de pasividad y el permanecer inerme ante la desgracia.

Podemos ver que frente a los tópicos de la cultura política moderna, el movimiento Zapatista y la lucha por los derechos de los pueblos originarios; del Abya Yala, la patria grande, como se le conocía a América antes del genocidio y la conquista;, la cultura ancestral que ha permitido la vida Zapatista, su articulación y polinización del mundo, hoy resurgen los principios del J’tekilaltik, el buen vivir Tojolabal, la reciprocidad como vehículo de organización y participación, la diversidad como riqueza del pensamiento, la comunidad como indicador de tejido social, la complementariedad como motor del desarrollo, equilibrio como fuente de recursos materiales, humanos, económico, la justicia como principio de la relación y mediación de las relaciones humanas y figura del Estado, el respeto como forma de vida política y cultural, la armonía con la madre tierra como forma sustentar la vida y el futuro de la s nuevas generaciones y la convivencia armoniosa como forma de vida.

Estos tópicos bien aprendidos y puestos en marcha como lo ha hecho el Zapatismo, su presencia y movilización, su conceptualización y construcción de la existencia y sobre todo su vida comunitaria, son el referente perfecto para saber como se debería de construir la organización ciudadana frente al crimen organizado.

Es un imperativo ético y estético reconocer que las comunidades Zapatistas aportarían muchas de las formas de organización que hoy deberíamos tener para enfrentar las emergencias y urgencias del deterioro del tejido social, que provocaron los seis años de guerra del gobierno invidente de Calderón.

Identidad cultural y vida cultural activa como una constante de acción ciudadana política y educativa, así como el gusto y uso de lo nuestro frente al consumo por lo extranjero, es parte de una autoestima colectiva que nos hace vernos como seres creadores, emprendedores, transformadores y cuidadores de la vida social y el medio ambiente físico, la participación más allá de sólo votar. El ejercicio del derecho de manifestación y organización son pilares de una democracia activa,  sociedad que se complementa con la modernidad  tecnológica como fuente de simetría entre pobres y ricos, los liderazgos legítimos que transforman en actores sociales del cambio y una espiritualidad basada en el respeto por las otras espiritualidades centrando sus saberes en el cuidado de la madre tierra.

Son estas formas de vernos y hacernos sentir en la vida privada y pública las que nos permitirán transitar del mero enojo y molestia mediática a la movilización y transformación cultural y el cambio sistémico que permitirán hacer de México y la región un buen vivir para todas y todos.

Deja un comentario