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Entre delgadas líneas. Nos vemos, papá, la opera prima de Lucía Carreras

 

Por: Carlos Muñoz Vázquez (@chasito)

La delgada línea entre la locura y la lucidez ha sido siempre tema de interés en la narrativa literaria, artística y cinematográfica. Desde tiempos impensables, autores de todas las corrientes han intentado determinar en qué momento y por qué razones particulares el ser humano deja de usar la razón y se deja llevar únicamente por impulsos. Y aunque los resultados de esos intentos no suelen ser concretos pero sí diversos, una gran parte de ellos termina casi siempre condenando a la demencia, castigándola así con el más ruin de los prejuicios.

Lucía Carreras, quien previamente escribió la galardonada Año Bisiesto (2010), no sólo nos da en su opera prima su muy particular punto de vista al respecto, sino que además se atreve a sugerir que el equilibrio mental y emocional no es necesariamente la mejor forma de vida.

En Nos vemos, papá, Cecilia Suárez interpreta a Pilar, una casi cuarentona que descubre en ella un complejo de Electra reprimido justo cuando fallece su ya anciano padre. Mientras sufre su particular duelo, convive con José, su hermano menor, Úrsula, su tía, Gabriela, su cuñada, y Marco, su intento de novio, a través de quienes logramos conocerla y hasta cierto punto, entenderla.

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El más grande logro de la directora es que con la ayuda de, quizá, la mejor actriz de México, nos presenta a un muy complejo personaje protagónico gris y antipático que ante nuestros ojos pasa poco a poco de la más intrascendente y aburrida sensatez a un emotivo y apasionante trastorno mental. Pilar cambia su vida para dedicársela al nuevo (o tal vez viejo) amor de su vida y muy probablemente, se enamora por primera vez hasta la locura, hace el amor sin represión alguna, se emociona y hasta se atreve a sonreír. Es entonces cuando la sociedad que la rodea, empeñada siempre en mantener un orden preestablecido, se esfuerza por sacarla a la fuerza de su –para ellos– grave enfermedad.

Y la directora nos pregunta: ¿Quién dice que una hija no puede enamorarse del recuerdo de su padre?, ¿Quién decide si es correcto o incorrecto apasionarse por la figura paterna?, ¿Por qué se juzga al que se atreve, y se le condena a la represión o a la locura?, ¿De qué lado está realmente la sensatez?

Sin embargo, y aunque su premisa suena muy atractiva, Carreras se contiene a ella misma, a su elenco y a su historia. El romance entre un padre muerto y una hija trastornada se desdibuja y nunca alcanza a tomar fuerza. La directora evidencia también un gran miedo a cruzar esa otra delgada línea entre el melodrama y la Pieza (como género teatral) y por lo tanto no deja que Pilar nos emocione ni en su más álgido momento de insanidad. Somos espectadores de la pérdida, el rencuentro, la desestabilización, la indiferencia de algunos y el rechazo de otros, incluso de la incongruencia natural de todos sus personajes, y sin embargo, Carreras no nos invita a participar activamente, no nos involucra; no nos apasiona.

En Año bisiesto, Michael Rowe, con ayuda del guión de la misma Carreras, nos llevó a vivir las más bajas pasiones de una pareja de amantes que exploran su sexualidad hasta degradarse emocional y físicamente. En argumento ambas películas son parecidas pero en ejecución una frontera emocional las separa: la primera logra la identificación y la aceptación de la audiencia ante aquello que se considera lo más denigrante, mientras que la segunda nos mantiene alejados y en el peor de los casos, indiferentes ante la atípica relación amorosa.

A pesar de la distancia, Nos vemos papá se convierte en una propuesta innovadora, en un valioso discurso que se sale de lo convencional y que, para aquellos que son sensibles ante la resignificación de algunos valores como la familia, la locura, el bienestar y la sociedad, podría significar un apreciable hallazgo.

Es hacia el final de la película que la directora nos sugiere su posición ante la neurosis y por lo tanto ante la vida: Pilar y José se dan cuenta de que no hay mejor estado que ese en el que uno es capaz de apasionarse, hacer el amor o sonreír sin cesar. Y que, como a ellos, no debería importar si ese estado se encuentra justo en esa delgada línea que divide la lucidez de la demencia o lo correcto de lo incorrecto.

Nos vemos papá (México, 2011) es uno de los estrenos de enero en la Cineteca Nacional. Para más información de esta y otras películas en la programación visita nuestra página.

 

*Carlos Muñoz Vázquez es parte del área de programación de la Cineteca Nacional. Es programador invitado en el Cineclub Condesa y el Cineclub Revolución de la Ciudad de México.

 

 

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