Ernesto Ramos

Ciudad de Alfabetos

Perfil Maestro en Derecho por la Universidad de Nueva York. Candidato a Doctor por la Complutense de Madrid. Papa de cinco, tránsfuga de sí mismo, hincha del Santos. Lamenta no haber sido Amanuense de Arreola. Siguelo en twitter: @eramoscobo

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El empaquetado todo

Niños a la orilla del rio, y adultos, y jóvenes: una larga fibra tatuada de tiempo.  Parecen sus miradas ganar en desconfianza con los años, siendo punto de inflexión el rascarse la cabeza del pequeño, con sus aires de “no comprendo”.

Son –se nos dice, indígenas en aislamiento voluntario.  El verde fósforo que los enmarca es jardín despeinado, muro que protege y alimenta.  Seguramente, a sus espaldas, hay máquinas hambrientas de caucho, taladros sedientos de gas, mientras ellos –se nos dice, sólo quieren en paz alejarse del mundo moderno.

La lente, el obturador, la placa de grano reventado que se ha ido perdiendo; y la mirada nuestra, ésta del siglo veintiuno, que ha ido olvidando la larga fila de piedras talladas que condujo a los satisfactores de ahora, con sus prisas y angustias que en ocasiones ciega.

Ignoro lo que ustedes piensen, más eso que llamamos progreso, ese estar aquí por horas solitario, picándole al ratón frente a la pantalla incandescente, a mí no me lo parece tanto.

¿Cuál es el equilibrio a buscar?

No creo se trate de regresar a la tarde de tocacintas en la calle Londres seis ocho dos.  Ni pensar dar la espalda a lo que el tiempo carga consigo.  Después de todo progreso es antibiótico, es aumento en expectativas de vida, es inmediatez en comunicaciones y tantas cosas más;  y es también lo que está por llegar, que seguramente en su creciente individualismo quitará más tiempo.

Todos los tiempos han sido azarosos, con el añadido ahora de reconocernos interconectados, dependientes, pero solos, pequeñas piezas de un frágil sistema global de producción y consumo.   Sí la desigualdad es la principal carencia, la liga sólo tiende a estirase pues el mercado no ve a otro lado.   Así, ahora que las democracias liberales han ganado la batalla, y los remiendos noqueados de la izquierda no saben que decir, la percepción individual es de abandono, de desconexión, de carencia de horizonte, semilla de polvorín que cohesionado pudiera traer cambios dramáticos.

¿Que va a pasar?

Lo ignoramos, mientras caminamos por los pasillos del súper, entre el empaquetado todo.

Pero aun así, en medio del drama, y permitiéndonos frivolizar, reconforta recordar los remansos.  Pensar que siempre existirá un resquicio calmo insinuándose con la mano en la cintura, cual hilo de seda, como ha sido siempre.  Que siempre podremos sentarnos al río en la comodidad de un tronco con el miembro al aire cualquier día por la tarde.

@eramoscobo

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