Adiós al PRI, adiós al Moreirato

Hoy renuncio al PRI porque no creo que sea posible un cambio desde adentro, porque me avergüenza el pragmatismo pusilánime de muchos liderazgos en el partido, y porque creo que el estado no aguanta seis años más de Moreirato.

En Coahuila el PRI está secuestrado por una cúpula cerrada que se ha dedicado a hacer negocios, a someter o amedrentar a periodistas y opositores, y a consolidar el control de una familia sobre todo el territorio del Estado.

En estos años de Moreirato, el líder de los Zetas se avecindó en Coahuila, el crimen impuso su ley y nos enseñó a vivir con miedo. En estos 12 años, las finanzas del estado fueron saqueadas, los programas sociales pervertidos para comprar conciencias, y las obras públicas administradas para esconder sobre-costos y negocios privados.

El Congreso, el Tribunal Superior, la Auditoría Superior del Estado y varios partidos locales se convirtieron en peones de la familia que gobierna. La Procuraduría, la Contraloría y la Secretaría de Finanzas del Estado se dedicaron a esconder la evidencia, a entorpecer procesos y a legitimar a un régimen corrupto hasta sus más profundas entrañas. Hay miles de millones de pesos que entraron y salieron de las arcas del gobierno cuyo destino jamás ha sido aclarado. El monto que hemos pagado por servicio de la megadeuda ya es superior al costo de todas las obras realizadas durante el sexenio de Humberto Moreira, y sin embargo el monto total adeudado no ha bajado ni un centavo. La “pluralidad” en el PRI de Coahuila hoy se reduce a disputas temporales e intrascendentes entre los hermanos Moreira, que jamás han puesto en duda el pacto de impunidad une a los dos. En el camino decenas de funcionarios locales y sus socios terminaron con millonarias cuentas bancarias y propiedades en el extranjero, con empresas fantasmas, con notarías y con medios de comunicación a sus nombres.

Por todo lo anterior, hace mucho tiempo dejé de sentirme representado por ese partido. A través de mis columnas en Vanguardia y en El Siglo de Torreón hice pública mi preocupación y mi denuncia, pero nunca di el paso de renunciar al PRI. Hace más de una década fui consejero político nacional y funcionario de un gobierno emanado de ese partido. Sé que en las filas del PRI hay gente honorable, que quiere hacer las cosas bien. Por ello siempre mantuve una esperanza, quizá ingenua, de que muchos priistas concluirían eventualmente que la disciplina no puede sustituir a los principios, y que pintarían su raya.

Lamentablemente los liderazgos que pudieron encabezar una corriente crítica local al interior del partido fueron cooptados o sometidos. Quienes pudieron ejercer influencia sobre la dirigencia nacional, o sobre el propio presidente de la República escogieron callar o no fueron escuchados. Hoy me queda claro que la dirigencia nacional del PRI ha decidido jugársela con los Moreira hasta el final. Como resultado, el mismo grupo que saqueó al estado conduce un proceso desigual e inequitativo, diseñado para coronar al candidato que representa la continuidad del Moreirato. La decisión del partido a nivel nacional deja a la militancia con una sola alternativa: la complicidad o el rompimiento.

Celebro la decisión de Javier Guerrero de renunciar al PRI. Me parece un acto de congruencia y valentía, que otros precandidatos y militantes del partido deben considerar seriamente. ¿Cómo seguir en el PRI cuando es abundantemente claro que en Coahuila el PRI protege a los corruptos? La elección del 2017 es demasiado importante para nadar de muertito. Más allá de partidos y candidatos, tenemos que elegir entre dos opciones. Apoyamos a los Moreira o queremos que se vayan. Celebramos la impunidad o exigimos rendición de cuentas. Queremos más de lo mismo o decimos basta. Nos congratulamos o nos avergonzamos de los últimos 12 años. Las circunstancias obligan a todos los coahuilenses a escoger bando: con el PRI para proteger a los Moreira, o contra el PRI para defender al Estado.

Hoy renuncio al PRI porque no creo que sea posible un cambio desde adentro, porque me avergüenza el pragmatismo pusilánime de muchos liderazgos en el partido, y porque creo que el estado no aguanta seis años más de Moreirato. Dos sexenios han sido suficientes para socavar nuestras instituciones, para devastar nuestras finanzas y para ensuciar nuestra historia. Es tiempo de unir fuerzas para reconstruir Coahuila, para empezar de nuevo, para recuperar la confianza en nuestros gobernantes. Necesitamos perder el miedo. Somos más los que queremos limpiar la casa y los que exigimos sacar la basura. Si somos ciudadanos libres, y si de verdad amamos a Coahuila, no podemos dejar de rebelarnos.

 

@oneflores 

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Comentarios
  • Salvador Penilla

    El pri es igual en todo el país.

  • DARÍO

    el actual gobernador de Coahuila tiene una cara de rata que no puede con ella lo único que le falta son los bigotes