La Tlacuila

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Perfil Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010.

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El chile sí cura

 

Hace muchos años me diagnosticaron gastritis o principios de úlcera. No había con qué curar eso, lo único que se podía hacer era cuidar la alimentación y tomar antiácidos, y así me la pasé por mucho tiempo. Un día un compañero tojolabal, Margarito, me dijo que eso se quitaba comiendo no me acuerdo qué tipo de chile en ayunas por dos semanas. “Los primeros días te duele, pero después se va curando”, me dijo.  No supe si creerle o no, pero la verdad no me atreví a probar su remedio. En esa época lo último para la gastritis era la ranitidina, la tomé varias veces pero nunca me sirvió.

Años después se pusieron de moda el omeprazol, el pantoprazol y sustancias similares que supuestamente sí curaban ese mal; me tomé, en distintos momentos, la del estómago anaranjado, la del azul, la del botecito, la genérica… y ninguna me funcionó. Finalmente me hicieron estudios hace unos meses y resulta que lo que tenía yo era una bacteria llamada Helicobacter pylori, la cual, según descubrieron los científicos hace unos años, causa la gastritis. Para que se me quitara tuve que tomar no sé qué antibióticos en ayunas, que por cierto me causaron el mismo dolor que imaginaba me daría el chile.

Me acordé de la receta de aquel compañero tojolabal y me puse a investigar, encontré que algunos tipos de chile tienen sustancias antibióticas y me di cuenta de que, si le hubiera hecho caso a Margarito, me hubiera ahorrado muchos años de dolores de estómago. Pero no, me esperé a que los científicos occidentales (al fin y al cabo mi cultura) descubrieran lo que los médicos tojolabales sabían desde hace cientos de años. Hace poco me volvieron los dolores de estómago y me los quité desayunando chile unos días.

En este caso, la receta me la dio un tojolabal, pero todos los pueblos indígenas tienen médicos, medicinas y formas de curar que les funcionan, no sólo a ellos sino a los que les hacen caso (y son menos incrédulos que yo…).

Hace un tiempo conocí a doña Enriqueta Contreras, una médica tradicional zapoteca de Oaxaca, que me contaba que su hijo es médico alópata y que se apoyan mutuamente para atender a sus pacientes. Cuando a ella le llegan casos que no puede curar, por ejemplo un apendicitis que requiere cirugía, se los manda a su hijo y cuando su hijo recibe a alguien que se da cuenta que tiene “susto” porque sufrió algún accidente, o a alguien que puede mejorar con algún té o un masaje, se lo manda a ella. Doña Enriqueta me explicó también que, aunque muchos no le creen, ella tiene el don de la curación, pero para poder curar tiene que estar bien física, mental y espiritualmente, pues si está cansada, enojada o triste no puede hacer un buen diagnóstico y menos un tratamiento. Además del don de la curación, tiene un enorme conocimiento de las plantas medicinales, que heredó de su  abuela que también era curandera.

Enriqueta Contreras trabajó durante más de 20 años en lo que fue el Instituto Nacional Indigenista (INI), básicamente como promotora de salud. Entre otras cosas, participó en la elaboración de varios libros sobre medicina tradicional publicados por la mencionada institución, basados en los conocimientos de médicos tradicionales de todo el país, y que ahora se encuentran en internet en la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional MexicanaÉsta es la obra más completa que he encontrado sobre el tema. Tiene, entre otras cosas, un diccionario enciclopédico con los términos que se usan en las distintas regiones del país para enfermedades, males, curas, plantas, etc.; un atlas de plantas medicinales e información sobre la medicina de cada pueblo indígena. Se puede consultar, por ejemplo, qué es el empacho en sus 15 diferentes tipos, con qué recursos herbolarios se controla la diabetes, qué causan los calambres según cada pueblo y miles de cosas más.

En la portada de esta obra dice que “no tiene la intención de ofrecer prescripciones médicas” y que el uso que se le dé a la información es responsabilidad del lector, y doña Enriqueta también me advirtió que no es bueno tomar plantas medicinales sin consultar primero al médico tradicional, porque cada persona es diferente y requiere de tratamientos distintos, pero sí nos sirve para conocer sobre el tema y para que, cuando vayamos con un médico tradicional, podamos consultar qué nos está recetando.

Hay quienes creen ciegamente en la medicina tradicional y quienes piensan que no sirve, yo por mi parte, después de mi experiencia con la gastritis, coincido con doña Enriqueta en que lo mejor es combinarla con la alópata, según el padecimiento. ¿Ustedes qué opinan?

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