La Tlacuila

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Perfil Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010.

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Manos Unidas: lo que el gobierno no hace

Hace 11 años, cuando una mujer amuzga o mixteca acudía al hospital de Ometepec, Guerrero, generalmente la trataban mal. Se tardaban en atenderla, le cobraban en exceso, si no hablaba español corría el riesgo de que la ignoraran y, a menos que se estuviera muriendo o estuviera a punto de dar a luz, la mandaban a su casa para que volviera en unos días. No sabían que si iba por atención médica, era porque la partera de la comunidad la había mandado al hospital porque tenía algún problema serio que ella no podía resolver, ni se les ocurría que, para llegar ahí, había tenido que caminar horas hasta la carretera (o ser transportada en burro o en carretilla si no podía hacerlo) para de ahí tomar un transporte público.

Ahora, y desde finales de 2002, cuando una de estas mujeres llega al hospital cuenta con una traductora, la atienden inmediatamente, no le cobran y, si debe regresar en unos días, tiene un lugar donde quedarse junto con los familiares que la acompañen, en el que le dan de comer y, casi siempre, le dan también los medicamentos que necesita. Además, puede acudir a talleres de salud reproductiva o a pláticas sobre los derechos de las mujeres y, si su marido la golpea, puede también solicitar apoyo.

Este cambio no se dio porque de pronto mejorara el sistema de salud estatal o nacional, sino porque un grupo de mujeres indígenas se organizó para hacerlo posible. Fueron muchas las gestiones que tuvieron que hacer para lograr abrir la Casa de Salud de Mujeres Indígenas “Manos Unidas”, en donde proporcionan la atención mencionada. Finalmente recibieron apoyo de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, que les proporcionó un pequeño espacio de sus instalaciones en Ometepec y los recursos mínimos para mantenerlo. Así empezaron y, con el tiempo, han ido creciendo.

Actualmente cuentan con una casa propia donde atienden a mujeres de 30 comunidades de los municipios de Ometepec, Xochistlahuaca, San Luis Acatlán, Malinaltepec, Tlacoachistlahuaca e Igualapa (aunque si llega alguien de otra comunidad también le abren las puertas). En cada comunidad hay por lo menos una promotora y/o una partera que ha sido capacitada a través de talleres de prevención de muerte materna y violencia intrafamiliar. Ellas visitan a las mujeres embarazadas, las revisan y cuando detectan algún problema, por ejemplo que el bebé viene mal acomodado, las remiten con anticipación a la Casa de Salud, para evitar todos los problemas que implica una emergencia. Todas son voluntarias, no reciben ningún salario, salvo hace un par de años en que la Secretaría de la Mujer del Estado de Guerrero les otorgó una beca de 320 pesos mensuales, pero con el cambio de gobierno ese apoyo terminó.

 

La Casa está abierta siempre, tanto para las que llegan enviadas o acompañadas por las promotoras, como para las que llegan por su cuenta. Es atendida por cinco mujeres que a veces reciben un mínimo sueldo (cuando consiguen recursos de la CDI, de alguna dependencia estatal o de alguna fundación), pero cuando no hay de todas formas ahí están. Ellas llevan a las enfermas al hospital para traducirles, ayudarles a hacer los trámites y vigilar que las traten adecuadamente y que no las discriminen. Tienen un convenio con el hospital regional de Ometepec (que depende de la Secretaría de Salud del Estado de Guerrero) para que no les cobren a las mujeres que llegan a través de la Casa, convenio que hasta hace unos años era fundamental, pues no existía el seguro popular. Ahora a quien lleva su credencial de este seguro de por sí no le cobran, pero ellas se encargan de que no le cobren tampoco a las que no la tienen, pues todavía no hay una cobertura total.

Además de albergar, alimentar, atender y acompañar al hospital a las mujeres que lo requieren, en la Casa de Salud se realizan talleres sobre temas relacionados con la salud materna, los derechos sexuales y reproductivos, la violencia intrafamiliar y los derechos de las mujeres. Iniciaron con capacitaciones para las parteras, continuaron con talleres para mujeres en edad reproductiva y, de unos años para acá, llevan a cabo talleres también para parejas, para hombres y para adolescentes, niñas y niños.

El lunes pasado la Casa de Salud de Mujeres Indígenas “Manos Unidas” celebró su décimo aniversario. No pude acompañarlas pero le hablé a Francisca de la Cruz Victoria para felicitarlas. Ella fue hasta hace poco coordinadora (cargo que van rotando) y ahora es asesora. Me contó que les había ido muy bien en el festejo, que habían asistido las fundadoras de la casa Martha Sánchez Néstor, Felícitas Martínez Solano y Libni Dircio Chautla, casi todas las promotoras y algunos invitados.  Me comentó también que siguen dando talleres, que ya son más de seis mil personas de la región que han asistido a alguno, y que ya están comenzando a impartirlos ellas mismas. “Ahora nos estamos capacitando para dar nosotras los talleres, antes los organizábamos y venía gente de fuera a impartirlos, pero ya estamos aprendiendo a ser facilitadoras y nos hemos fortalecido en los temas sobre salud materna, derechos reproductivos y violencia para ya no tener que buscar personas de fuera sino dar las capacitaciones nosotras. Y ya también las compañeras nos estamos capacitando para hacer los proyectos para conseguir recursos”, me dijo.

 

Me contó además que ha aumentado su trabajo con jóvenes de ambos sexos y que, aunque como siempre, tienen problemas de recursos, siguen trabajando y están buscando financiamiento para atender a más comunidades y para “visibilizar el trabajo de las parteras, que haya reconocimiento y que les paguen”.  Y me contó que ya hay otras dos casas de salud similares en Guerrero que fueron gestionadas por las mismas compañeras; una en San Luis Acatlán, que tiene como dos años y otra en Acatepec, que se inauguró hace como un mes, y que hay 19 en todo el país.  Van desde aquí nuevamente mis felicitaciones a estas valiosas mujeres.

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