La Tlacuila

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Perfil Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010.

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Universidades indígenas sin reconocimiento del Estado (segunda parte)

La semana pasada les contaba del Encuentro Internacional sobre Educación Superior y Pueblos Indígenas, que se realizó a finales de marzo, y terminaba comentando que me llamó la atención que no estuviera entre los organizadores la Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe (CGEIB) de la SEP, aunque sí asistieron representantes de algunas de las universidades adscritas a este organismo, de las cuales hablaría hoy, así que retomo el tema.

A diferencia de las universidades interculturales participantes de los otros países, que han surgido por iniciativa de los pueblos indígenas, en México hay diez de estas universidades creadas por la SEP y los gobiernos estatales, que son las de ChiapasEstado de MéxicoPueblaTabasco, Guerrero, Quintana RooMichoacán,   San Luis Potosí, Hidalgo y Veracruz. Ésta última fue abierta por la Universidad Veracruzana. Hay otros tres centros de educación superior que sí fueron fruto de la  iniciativa de comunidades u organizaciones indígenas, pero a ellos me referiré más adelante.

En estas universidades se imparten carreras como comunicación intercultural, lengua y cultura, turismo alternativo, desarrollo sustentable y salud intercultural; todas cuentan con presupuesto de la SEP y del gobierno estatal correspondiente (aunque según sus funcionarios éste es insuficiente) y, obviamente, al ser de la SEP cuentan con reconocimiento oficial. Tanto el presupuesto como el reconocimiento son importantes ventajas que tienen sobre algunas de otros países y sobre la Universidad Intercultural de los Pueblos del Sur (de Guerrero), que no tienen ni lo uno ni lo otro.

Sin embargo, según lo que escuché en las exposiciones que hicieron en el encuentro, y los comentarios de algunos dirigentes indígenas que consulté después, e incluso de un par de funcionarios de las mismas universidades, me parece que tienen varias desventajas. La principal es que, al no ser iniciativas de los pueblos, no cumplen realmente con las expectativas de éstos y tienen poca vinculación con las comunidades. Noté por ejemplo que la mayoría de los rectores no son indígenas, en casi todas ellas los planes de estudio fueron elaborados por profesionales externos y no contemplan aspectos importantes para los pueblos como el derecho indígena o el estudio de los conocimientos ancestrales y además, son muy pocos los maestros que son indígenas y no se ha incorporado a la planta docente a los sabios de las comunidades, lo cual yo creo que limita la enseñanza de los saberes propios de los pueblos.

Uno de los expositores presumía que sus maestros forman ya parte de Programa de Mejoramiento del Profesorado (PROMEP) y que tienen cuerpos académicos como en las otras universidades, y leí en la página web de la CGEIB que el perfil deseable para los maestros es que tengan algún posgrado.  Al respecto, me comentaba un amigo que trabaja en una de estas universidades (no digo su nombre, no sea que se quede sin chamba…) que esto les ha causado problemas, pues hay maestros indígenas que tienen licenciatura y que además manejan conocimientos tradicionales y ahora los están limitando, y por otro lado, les está costando trabajo encontrar  maestros con posgrado dispuestos a trabajar en su universidad.  Creo que con todo lo anterior, en lugar de elevar el nivel académico de las universidades, les quitan lo intercultural, están perdiendo el objetivo de constituir un diálogo de saberes en igualdad de condiciones o de, como lo plantea la propia CGEIB “revalorar los saberes de los pueblos indígenas”.

También ví en la página de la CGEIB que en el último ciclo escolar atendieron en total a 9,448 estudiantes, lo cual para ser diez universidades, la mayoría con varias sedes, me parece poco y creo que tiene que ver con la desvinculación que hay entre éstas y las comunidades y organizaciones.

Creo que a pesar de todo lo anterior es bueno que existan estas universidades, y sin lugar a dudas son una alternativa para muchos estudiantes, pero me pregunto: ¿por qué, si ya las iban a hacer, no consultaron adecuadamente a las comunidades y no incorporaron realmente los saberes tradicionales? En 2006 entrevisté a un grupo de profesionales indígenas que en 2001 abrieron la que llamaron “Universidad Indígena Latinoamericana” en Tabasco. Funcionaba, al igual que las de otros países, con la idea de combinar los conocimientos de los pueblos originarios con el conocimiento occidental. Durante cinco años pelearon por el reconocimiento oficial y nunca lo consiguieron, hasta que finalmente  la cerraron. Más o menos al mismo tiempo, se abrió la universidad intercultural de la SEP en ese estado. ¿Por qué hacer otra en lugar de apoyar a la que ya estaba? Supongo que por cuestiones políticas, según me decían los entrevistados, uno de los argumentos para no acreditarla era que “ahí había mucha gente del PRD”.

En la actualidad tenemos el caso de la ya mencionada Universidad Intercultural de los Pueblos del Sur (UNISUR), de Guerrero. Esta universidad se fundó por iniciativa de varios dirigentes mixtecos, nahuas, amuzgos, tlapanecos y afromexicanos de ese estado, que realizaron consultas y asambleas en las comunidades para definir las necesidades y planes de estudio. En 2003 comenzaron a organizar su creación y en 2004 presentaron una propuesta al gobierno estatal que, en lugar de retomarla, abrió en 2006 la Universidad Intercultural de Guerrero (UIEG), con otras carreras y otro enfoque (similar a las otras interculturales), excluyéndolos totalmente. Ante ello, en 2007 decidieron abrir la UNISUR con sus propios medios y con apoyo de maestros voluntarios de fuera, principalmente de la UAM Xochimilco. Tiene varias sedes y los rectores y otros maestros son profesionales originarios de las comunidades (aquí y aquí hay más información sobre UNISUR). Evidentemente no les han otorgado el reconocimiento oficial y lo que les dicen es que se integren a la UIEG. ¿Por qué no más bien integran la UIEG a la UNISUR? O bueno, por lo menos deberían de darles el reconocimiento. Lo peor del caso es que mientras se deciden, los estudiantes que egresan no pueden obtener su título profesional; sin embargo, siguen asistiendo y se siguen inscribiendo nuevos alumnos, que la prefieren a la oficial de la CGEIB.

Hay otros dos centros de educación superior indígena que sí surgieron de los pueblos y que sí tienen reconocimiento. Uno es el Colegio Superior para la Educación Integral Intercultural de Oaxaca (CSEIIO), que está integrado por 39 bachilleratos interculturales, cuatro extensiones y una licenciatura en educación media superior. Se formó por iniciativa de algunas organizaciones indígenas que pensaron que antes de hacer una universidad intercultural había que empezar por hacer bachilleratos de ese estilo, pues solamente había primarias bilingües, por lo que en secundaria y preparatoria se iba perdiendo la identidad. Entonces se fundó el CSEIIO, a la vez que se han ido abriendo secundarias comunitarias con enfoque similar. Esta iniciativa sí fue apoyada por la SEP y por el gobierno oaxaqueño y ha funcionado bien.

El otro es la Universidad Autónoma Indígena de México la crearon en conjunto antropólogos, líderes indígenas, la Universidad de Occidente y autoridades estatales. Inició en 1999 con el nombre de Instituto de Antropología y en 2001 pasó a ser universidad. Atiende a población de diversos pueblos indígenas de México y América Latina y actualmente cuenta con más de 15 licenciaturas, seis maestrías y tres doctorados.

Parece ser que estos dos últimos centros pudieron tener éxito porque se pusieron de acuerdo todos los interesados. En los demás, como sucede con la mayoría de los proyectos gubernamentales, siguen imponiendo programas sin tomar en cuenta a los pueblos involucrados.

 

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