La Tlacuila

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Perfil Margarita Warnholtz Locht (la tlacuila) es etnóloga egresada de la ENAH. Trabajó muchos años con organizaciones indígenas en cuestiones de comunicación, entre otras, coordinó un proyecto de incorporación de organizaciones indígenas a internet a finales de los 90, proyecto con el cual se convirtió en fellow de Ashoka (red internacional de emprendedores sociales). En los últimos años se ha dedicado a difundir información de los pueblos indígenas en la prensa escrita, colaborando con diarios como Excélsior en 2006 y Milenio de 2007 a 2010.

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Ojalá hubiera más como él

Sí, ojalá hubiera más personas como Rodolfo Stavenhagen, antropólogo egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, doctorado en sociología por la Universidad de París, absolutamente comprometido con los pueblos indígenas de todo el mundo. Un académico que opina que los intelectuales deben ser públicos, que no pueden mantenerse al margen de los problemas sociales y tienen la responsabilidad de usar el conocimiento para mejorar la realidad, y que ha sido toda su vida consecuente con este planteamiento.

El otro día le hicieron un homenaje en El Colegio de México y las tres horas que duró solamente alcanzaron para mencionar algunas de las miles de cosas que ha hecho en su vida. Como el acto fue en El Colmex, se habló mucho de su obra académica, de él como investigador, profesor, creador y fundador del Centro de Estudios Sociológicos de esa institución y de las decenas de libros que ha escrito (aquí hay unas síntesis de su curriculum). Sin duda es uno de los antropólogos y sociólogos contemporáneos más importantes a nivel mundial, pero además ha dedicado su vida a defender los derechos humanos y los derechos de los pueblos indígenas desde diversas trincheras.

Stavenhagen, por ejemplo, fundó en 1984 la Academia Mexicana de Derechos Humanos, junto con Mariclaire Acosta, organización que tuvo una importante incidencia en las políticas públicas sobre el tema, particularmente en la creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Como comentó Sergio Aguayo en el mencionado homenaje, “logró legitimar el concepto de derechos humanos entre las élites y cambió la cultura política para siempre”. Ha sido y es directivo, consejero y consultor de diversos organismos internacionales, perito de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y fue miembro de la Comisión de Seguimiento y Verificación de los Acuerdos de San Andrés.

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Respecto a los derechos de los pueblos indígenas, después de años de trabajar el tema fue nombrado el primer Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la Situación de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de los Pueblos Indígenas (de 2001 a 2008). Con ese cargo visitó a pueblos originarios de todo el mundo para informar sobre la situación en la que se encontraban. Según contaba él mismo el día del homenaje, su trabajo tenía poca incidencia, pues por más que recogía el sentir y las demandas de los pueblos e intentaba divulgarlos, y presentaba los informes en la ONU, no les daban seguimiento. Sin embargo, esos informes han servido a los pueblos indígenas como bandera para sus luchas.

El día que decidí escribir mi blog de esta semana sobre Stavenhagen, pedí a algunas y  algunos dirigentes indígenas que me enviaran en breves líneas su opinión  sobre él, y creo que vale la pena reproducir íntegramente dos de los textos que recibí, el de María Teresa Huentequeo, lideresa mapuche del Consejo de Todas las Tierras de Chile, y el de Martha Sánchez Néstor, amuzga de Guerrero, México, actual coordinadora  de la Alianza de Mujeres Indígenas de Centroamérica y México.

Huentequeo me escribió:

“La visita oficial a Chile realizada por Rodolfo Stavenhagen como Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la Situación de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de los Pueblos Indígenas, los días 18 a 29 de julio de 2003, y los informes para los pueblos indígenas y los mapuche de Chile, significaron la argumentación irrefutable de la realidad histórica y actual, y pusieron de relieve que los Estados no han tenido la capacidad ni la voluntad política para establecer una relación institucional recíprocamente aceptable con los pueblos indígenas, para así construir una paz firme y duradera. El Pueblo Mapuche expresa un sincero y caluroso reconocimiento a las labores del Doctor Rodolfo Stavenhagen, respaldado por el significativo trabajo que ha efectuado con el Pueblo Mapuche”.

Y Martha Sánchez me mandó estas líneas:

“Don Rodolfo Stavenhagen, como yo le digo, primero por ser un hombre sabio, de más edad, de más caminar, por respeto a sus pasos para una mejor Nación, para una más humana sociedad, siempre nos inspira. Me gusta y valoro mucho su compromiso con los pueblos indígenas o los pueblos originarios, porque hemos visto y compartido sus acciones por lograr el respeto y reconocimiento a la lucha de las mujeres indígenas. Lo hemos visto y hemos escuchado de manera profunda, en este incansable caminar de muchas de nosotras y nosotros, como un leal aliado, acompañante, un ser humano con un corazón fuerte, con mirada diversa, con años de enseñanzas, de aporte, de apertura, de sumar y de visibilizar las demandas, los informes, las propuestas, las problemáticas y la defensa de los derechos colectivos de los pueblos originarios en México y en el mundo. Aportando en todos los momentos, también tejiendo el diálogo con los otros actores, gubernamentales, académicos, políticos, pero sobre todo sociales. Le mando un abrazo fraterno”.

Se necesitarían varios gigas para contar todo lo que ha hecho Rodolfo Stavenhagen, por ejemplo que desde 1975comenzó a argumentar que México era un país multicultural, término que ahora todo mundo usa, pero en esa época era un nuevo planteamiento; y tanto insistió en ello que terminó convenciendo al gobierno en turno de crear la Dirección General de Culturas Populares (en 1977). O que fue el primer latinoamericano en ser subdirector general de la UNESCO, encargado de la división de Ciencias Sociales y un largo etcétera.

Entre sus múltiples actividades y entre viaje y viaje, se dio el tiempo para colaborar en el suplemento “Mundo Indígena” que sacamos durante un par de años en Milenio, lo cual le agradezco infinitamente;  y no sólo era el más puntual y cumplido de los colaboradores, sino que enviaba excelentes textos de diversos temas: sobre los conflictos de los indígenas en Perú, sobre la importancia de la defensa del maíz, acerca de los beduinos en el desierto del Negev,  y (obviamente) sobre los derechos de los pueblos indígenas, por mencionar sólo algunos.

En fin, habría mucho más que decir de él, de este agradable joven que hace unos meses cumplió 80 años, de su compromiso y calidad moral, de su simpatía, su sencillez y de todos sus aportes. Si quieren conocerlo, o ya lo conocen y quieren verlo, pueden asistir al homenaje que le harán en la UNAM el próximo 30 de abril.

Creo que, definitivamente, el mundo sería mejor si hubiera más Rodolfos, más académicos comprometidos con la realidad, más preocupados por la sociedad que, por ejemplo, por obtener puntos para pertenecer al Sistema Nacional de Investigadores.

 

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