Sobre el plagio a indígenas

El plagio al conocimiento y al arte indígena es cosa de todos los días y no hay legislación que lo impida ni institución que los proteja, como acaba de ocurrir en la Universidad de Guadalajara.

Esta semana encontré en Youtube un video de la Universidad de Guadalajara titulado Matices zapotecas, que inicia con un poema de Irma Pineda recitado por ella. En ningún momento, ni cuando se le escucha hablar ni en los créditos del final se menciona que es de su autoría, ni siquiera que es su voz. Es decir, simplemente lo plagiaron. Se lo encontraron en alguna parte, les gustó y lo utilizaron sin preocuparse por mencionar a la autora y menos aún por consultarla.

Éste es un ejemplo más del plagio del arte y el conocimiento indígena que realizan descarada e impunemente empresas, instituciones y negociantes en general.

Entre los casos más conocidos últimamente está el de la diseñadora francés Isabel Marant, que en 2015 presentó como diseño propio una blusa que imitaba los bordados mixes tradicionales de Santa María Tlahuitoltepec; el de la marca argentina de ropa Rapsodia, que plagió hace un año una prenda de la comunidad zapoteca de San Antonino Castillo Velasco, para su colección de invierno, y la marca española Intropia, que utilizó diseños de huipiles chinantecos de San Juan Bautista Tlacoatzintepec, en febrero pasado (los tres son pueblos de Oaxaca). También están los tenis Nike con diseños huicholes y mixtecos.

Los anteriores son los casos que han sido denunciados en los últimos años, pero hay muchos más. Hay, por ejemplo, carteras y monederos supuestamente con bordados del Istmo de Tehuantepec hechos a mano, pero al abrirlos se encuentran etiquetas que dicen “made in China”. O piezas supuestamente de arte huichol hechas en China, que cualquier huichol distingue de las que elaboran ellos por ciertos detalles.

Por otro lado, hay que recordar también que el PRI utilizó para la campaña electoral de 2015 la imagen del reconocido músico purépecha Juan Victoriano Cira sin consultar con nadie. Y ni qué decir de los múltiples y reiterados casos de robo de conocimiento ancestral por parte, por ejemplo, de las empresas farmacéuticas, etc.

El plagio al conocimiento y al arte indígena es cosa de todos los días y no hay legislación que lo impida ni institución que los proteja, a pesar de que está establecido en el artículo 31 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas que: “Los pueblos indígenas tienen derecho a mantener, controlar, proteger y desarrollar su patrimonio cultural, sus conocimientos tradicionales, sus expresiones culturales tradicionales y las manifestaciones de sus ciencias, tecnologías y culturas, comprendidos los recursos humanos y genéticos, las semillas, las medicinas, el conocimiento de las propiedades de la fauna y la flora, las tradiciones orales, las literaturas, los diseños, los deportes y juegos tradicionales, y las artes visuales e interpretativas. También tienen derecho a mantener, controlar, proteger y desarrollar su propiedad intelectual de dicho patrimonio cultural, sus conocimientos tradicionales y sus expresiones culturales tradicionales”.

Además de ser una violación a los derechos indígenas, el plagio es una falta de respeto a las personas y es indignante que una universidad lo practique, cuando supuestamente debería combatirlo.

 

@yotlacuila

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