A quién importan los pobres si comen en el papel

465 mil familias que esperaban despensas de la SEDESOL fueron engañadas, familias que tal vez dependían de esas despensas para comer una semana. Pero a quién le importa, si estadísticamente ya comieron.

Si para quienes gobiernan este país los pobres son números, no es difícil desviar miles de millones de pesos sin que cambien las cifras o hasta mejorándolas. Tampoco es difícil disminuir el número de pobres con acciones que en realidad no mejoran las condiciones de vida de la gente, pero dan muy buenos resultados en las estadísticas.

Por ejemplo, en el excelente trabajo periodístico realizado por Animal Político y Mexicanos contra la Corrupción e Impunidad, se demuestra el desvío de más de 2 mil millones de pesos en SEDESOL, cuando estaba al frente de esta dependencia Rosario Robles. Por mencionar sólo un ejemplo (para no llenarnos de números), de 500 mil despensas que supuestamente se adquirieron para repartir, sólo llegaron a sus destinatarios el 7 %. El resto seguramente apareció en las cifras como entregado y con eso ayudó a las estadísticas, pero en la realidad no hubo nada. En la cotidianidad, fueron 465 mil familias engañadas, familias que tal vez dependían de esas despensas para comer una semana. Pero a quién le importa, si estadísticamente ya comieron. Y así sucede con miles de millones más en distintos rubros y en diversas dependencias.

Por otro lado, hay formas sencillas de favorecer los números sin mucho esfuerzo y sin sacar a los pobres de pobres. Porque es bueno tener menos pobres en los números, eso mejora la imagen del país a nivel internacional (porque aquí ni quien les crea) y puede atraer inversión extranjera; pero no es bueno que de verdad los pobres salgan de pobres, porque entonces sube el costo de la mano de obra y además ya no venden tan fácil o tan barato el voto. Entonces, trabajar con las cifras y no con las personas, resulta más conveniente.

Por ejemplo, uno de los indicativos de “pobreza” es la calidad de las viviendas y se mide por el tipo de materiales. De entrada esto es absurdo, pues dependiendo del clima y otros factores, se puede vivir mejor en una casa de adobe con un piso de tierra bien cuidado y un buen techo de palma que en una con piso de cemento y techo de lámina, pero eso no importa para los números. Lo que importa es que si tienen piso de cemento, mejoran las estadísticas. Por eso se inventaron los “pisos firmes”. Ahora millones o cientos de miles de viviendas tienen piso firme, aunque el techo se esté cayendo, aunque los que las habitan mal coman sólo una vez al día, aunque el piso abarque solamente un pedazo de la casa y aunque el cemento ya esté cuarteado por la mala calidad.

En cifras, esas personas ya son menos pobres, no importa que ahora se les quiebren los pocos trastes que tienen cuando se caen, ni que duerman mal porque no es lo mismo dormir en un petate sobre un piso de tierra que sobre cemento, el cemento es muy duro. Ya se cumplió con los números y se evitó mejorar realmente las viviendas, no conviene mejorar las casas, porque entonces la gente tendrá más razones para no quererse ir cuando llegue la empresa minera (o la que sea) y necesite sus tierras.

Otro de los indicativos es el acceso a servicios de salud y eso se resolvió inscribiendo a todo el mundo al Seguro Popular. Las cifras de quienes acceden a servicios de salud cambiaron de manera impresionante en los últimos años, hasta funcionarios de organismos internacionales han quedado impresionados con los avances de México en ese sentido. Pero, en realidad, para la mayoría el Seguro Popular es solamente una credencial, porque los servicios de salud no han mejorado, porque las respuestas a la gente en las instalaciones públicas de salud sigue siendo “venga la próxima semana porque ahorita no hay doctor”, “sólo tenemos aspirinas, va a tener que comprar su medicina usted”, “no tenemos los aparatos”, etc. etc. etc. ¡Pero nos felicitamos (bueno, se felicitan) por las cifras!

También la posesión de aparatos domésticos ayuda a las estadísticas, entonces, no importa si no hay electricidad en los domicilios (o lo que tal vez es más frecuente, la hay pero tan mal instalada que si prendes más de dos focos se daña), antes de que pasen los encuestadores se reparten planchas (aunque la gente no tenga más que una muda de ropa) y se entregan televisores. Y ya se redujo el número de pobres.

Si el problema es la carencia alimentaria, inventan resolverla con comedores comunitarios, que cobran cinco pesos por comida. La gente que de verdad no tiene para comer, no tiene para pagar cinco pesos por miembro de la familia para una comida, y comen (o comerían) mejor si lograron sembrar y cosechar su milpa. Los comedores comunitarios sirven para los trabajadores que se mueven por las comunidades, para los choferes, los maestros, etc., pero a los pobres extremos no los benefician. Pero en números, se están proporcionando cientos de miles de comidas al día, aunque muchas nadie se las coma.

Así sucede con todo y los ejemplos son muchos. Las carreteras que benefician comunidades por un par de semanas antes de deshacerse con las lluvias, los que aprenden a leer para aumentar estadísticas, aunque se les olvide en tres meses porque no hay nada para leer en donde viven, los empleos temporales mal pagados, y una larga lista.

Así, las estadísticas mejoran pero los pobres se ven cada vez más empobrecidos. Retomando lo que afirmamos la semana pasada: mientras no se invierta en el campo, mientras se siga despojando a los pueblos de su territorio, mientras continúe la corrupción y el desvío de millones, mientras se atiendan las cifras y no a las personas, nada va a cambiar.

 

@yotlacuila

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