Bridget Jo

Conejita de Indias

Perfil Bloguera y ajonjolí de todos los moles. Hace radio, habla mucho, canta mal y trabaja para la Empesa Más Grande de Medios del Mundo Mundial en Estados Unidos. En sus ratos libres, se transforma en una Conejita de Indias, con la absoluta frustración de nunca haber usado un bonito leotardo negro de satín, cuello y puños blancos, altas zapatillas y unas coquetísimas orejitas que hagan juego con la colita de peluche pegada en su -bien formado- trasero.

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Apareció después de meses de ausencia.

—Bonita, se leía en el mensajito del Buen Conejo Pluma Blanca en mi BlackBerry.

Leí tres veces la frase.

Ya casi me había olvidado lo mal que la pasé sin sus palabras. Ash.

¿Es que debía contestarle como si aquí no hubiera pasado nada, fingiendo esa amnesia indolora que me sale tan bien o pasar de largo su mensaje con un dejo de desprecio o reclamar a la grande como una buena Coneja histérica que soy? Escribí, borré, escribí, borré

Se había ido hace varios meses. Un día así nomás me dí cuenta que ya no estaba.

Ok sí, tengo que ser sincera: hubo una época que me mandaba mensajes constantes, me llamaba al teléfono, me buscaba por cielo, mar y tierra si yo no contestaba. Y yo andaba distraída empiernándome con ya-no-me-acuerdo-quien y faltaba a nuestro trato de comunicación a la distancia.

Cuando noté su ausencia, él se había estado yendo desde meses atrás. Cada vez líneas más cortas, mensajes más espaciados, menos llamadas telefónicas y al final, espacios infinitos de silencio.

Yo, hice lo que tenía que hacer. Lo que cualquier Coneja desesperada hace cuando ve el agüita irse entre los dedos.

Escribí 123 mensajes en un solo día.

—Mucho trabajo, fue la respuesta.

Inventé 27 asuntos “urgentes” para tratar en un solo día.

—Estoy ocupado, contestó

Le hice 5 llamadas de larga distancia.

—Estoy en una junta, dijo

Mandé 1 y sólo un correo electrónico. Un último intento. Melodramático, telenovelero, chantajista pero a puritito corazón abierto. Mi arrastre final, vamos.

No hubo respuesta. No hubo disculpa. Ni inmediata, ni a largo plazo. Silencio absoluto.

Hasta hoy.

—Bonita, me escribió en el chat.

Con ese mismo endemoniado tonito que me mueve el piso debajo de los pies.

—Hoy te extraño mucho más de lo que te extraño cada día, decía la segunda línea.

Bajé la guardia. Sonreí de oreja a oreja, entrecerré los ojos y le volví a creer. Como siempre.

@conejitadindias

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