¿Hay sesgo partidista en el abstencionismo?

Este domingo tenemos elecciones federales y locales. Tradicionalmente sabemos que las elecciones intermedias de un sexenio tienen una tasa de participación electoral más baja que las presidenciales. Por ejemplo, la participación electoral de 2012 fue de 63%, mientras que en 2009 apenas fue de 44.6%. Por su parte, a nivel local, las elecciones de gobernador tienen una mayor participación que las que solo renuevan municipios o congresos locales.

Hay varios factores que podrían incrementar la participación de este año respecto a 2009. En primer lugar, hay más elecciones concurrentes para gobernador que antes –y varias de ellas parecen estar bastante reñidas, lo cual tiende a incrementar la participación. Por otro lado, la implementación de la casilla única en las entidades con elecciones concurrentes también puede facilitar el voto (porque sólo hay que hacer una fila y no dos, por así decirlo). Por último, la tasa de votos nulos podría aumentar significativamente respecto a 2009. En contraparte, la inseguridad en diversas regiones del país o el desencanto con el proceso electoral mismo, podrían aumentar el abstencionismo.

¿El abstencionismo puede tener un impacto electoral? No es una pregunta sencilla: primero habría que distinguir si las preferencias típicas de los abstencionistas son similares o diferentes a las de los votantes. De haber un sesgo significativo, en segundo lugar habría que estimar si este es suficientemente fuerte como para cambiar el resultado de una elección en un estado o distrito.

En teoría, no es difícil imaginar que, si algún partido tiene una base de “voto duro” importante, o bien cuenta con una fuerte capacidad de movilización del voto (la famosa maquinaria, que le llaman), el abstencionismo podría beneficiarlo. Sin embargo, la evidencia comparada ha demostrado que cambios marginales en la tasa de participación electoral difícilmente cambiarían la composición de un Congreso por una razón sencilla: el “abstencionista marginal” (ese que a la mera hora prefirió no ir a votar) se parece mucho al “votante marginal”. Ahora bien, si los cambios en la tasa de participación son mayores, mayor será la probabilidad de que tengan algún impacto en el resultado electoral.

En esta entrada de blog intentaré responder una pregunta relacionada: ¿hay algún partido que se haya beneficiado sistemáticamente del abstencionismo en elecciones recientes? Lo ideal sería contar con evidencia a nivel individual. A falta de ella –porque resulta muy difícil encuestar abstencionistas– podemos considerar los resultados electorales a nivel distrital o estatal. Veamos.

Elaborado con base en los cómputos distritales del IFE. // Javier Aparicio
Elaborado con base en los cómputos distritales del IFE. // Javier Aparicio

 

 

La primera gráfica ilustra la relación entre la participación electoral a nivel distrital y el porcentaje de votos obtenido por el PRI, PAN y PRD en las elecciones legislativas entre 2006 y 2012. Por ejemplo, en los distritos con mayor participación electoral en 2006, menos votos recibió el PRI. Sin embargo, para 2009 esta relación se invirtió: a mayor participación distrital, mejor le fue a ese partido. En el caso del PAN, la relación entre participación y voto también fue positiva en 2009, pero ésta fue prácticamente nula en 2012. Por último, en el caso del PRD, este partido se vio beneficiado de la mayor participación en 2006 y 2012, pero no así en 2009. En resumen: si dos de los principales partidos se benefician de una mayor participación, el tercero tiene que verse perjudicado porque las elecciones son un juego de suma cero.

A partir de los resultados de 2009 y 2012, hay quien dice que el abstencionismo ha dejado de beneficiar al PRI. ¿Será? En teoría, esto no es imposible: basta considerar que ese partido ya no tiene la fuerza hegemónica que alguna vez tuvo, o que los demás partidos también han cultivado un voto duro o una maquinaria. Poner a prueba tales hipótesis requiere un análisis que escapa a este blog.

Ahora bien, para motivar un análisis más cuidadoso del tema, dejo aquí solo dos piezas adicionales de evidencia: elecciones locales y distritos rurales. La siguiente gráfica ilustra la relación entre participación electoral y voto del PRI tanto en elecciones federales como locales entre 2005 y 2013. En este caso, la unidad de análisis ya no es el distrito, sino los resultados electorales a nivel entidad. Como se aprecia, en elecciones locales sigue existiendo una clara relación negativa entre participación electoral y votos para el PRI. En las elecciones locales recientes, el abstencionismo aún parece beneficiar al PRI, mientras que la mayor participación ayuda tanto al PAN como al PRD.

Elaborado con base en los cómputos distritales del IFE. // Javier Aparicio
Elaborado con base en los cómputos distritales del IFE. // Javier Aparicio

La tercera y última gráfica ilustra la relación entre participación electoral y voto del PRI en 2012 en dos tipos de distritos: urbanos y rurales (definidos como aquellos donde el INE considera que más de la mitad de las casillas son rurales). Como puede apreciarse, hay una relación asimétrica entre participación y votos por ese partido: en 2012 el abstencionismo benefició al PRI en distritos urbanos, pero lo perjudicó en los rurales. Mientras tanto, al PRD le pasó justo lo contrario: la mayor participación le ayudó en zonas urbanas.

Elaborado con base en los cómputos distritales del IFE. // Javier Aparicio
Elaborado con base en los cómputos distritales del IFE. // Javier Aparicio

¿Son deseables o no estos sesgos? Eso dependerá de quién lo mire. Espero que todo lo anterior sirva para persuadir a algún lector de que el abstencionismo puede tener consecuencias importantes y vale la pena saber por qué. Concluyo con un humilde exhorto a los abstencionistas. Sea cual fuere tu opinión sobre el sistema electoral o de los políticos, si no revelas claramente tus preferencias en las urnas, alguien más se encargará de elegir por ti a tus gobernantes. Solamente un día cada tres años los ciudadanos tenemos el poder de tachar una boleta y con ello tener un impacto pequeñito pero real en el gobierno: al abstencionista nadie lo escucha (y al anulista la verdad quién sabe). Ojalá no desaprovechen esta oportunidad.

 

@javieraparicio

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