Hace unas semanas tuve la oportunidad de participar en un taller organizado por el World Economic Forum en Puerto Vallarta llamado Norms, Values and Governance: Shaping Digital Media in Latin America (Normas, Valores y Governanza: Dando forma a los medios digitales en Latinoamérica). La discusión, entre otros temas, incluyó los controversiales intentos de regular el Internet para proteger los derechos de autor y la propiedad intelectual, que en su momento enfrentó a medios tradicionales y compañías de tecnología. Estas últimas demostrando su descontento en “Un Día sin Internet”.
Entre los participantes, por lo menos los que se encontraban en mi proximidad, encontré unanimidad en que un marco legal para proteger la propiedad intelectual es importante para garantizar el modelo de negocios de los productores de contenidos y, en teoría, proteger su calidad y viabilidad. Sin embargo, los esfuerzos por hacerlo no deben limitar la innovación que caracteriza al Internet, y que se ha convertido no solo en un importante motor para la economía global, sino una herramienta instrumental para la organización y acción cívica, la promoción de valores democráticos y participativos, y la libre expresión.
Hasta ahí, todo bien. Pero ¿cómo solucionar el problema sin limitar la innovación? Ahí sí, adiós a la unanimidad entre los participantes. Yo estaba en la minoría. Es evidente que entre los medios aún predomina la percepción que descargar ilegalmente un contenido (ya sea una canción, película o texto) o compartirlo por medio de un Peer-to-Peer (P2P) Network (estilo Mega Upload) es lo mismo que robar.
Es una mentira que hemos perpetuado los medios para proteger nuestros contenidos e intereses, y que de tanto repetir hasta la creemos, pero que no se sostiene bajo el más mínimo escrutinio. Y es que empeñarse en poner en el mismo plano robar y compartir solo entorpece cualquier posibilidad de llegar a una legislación sensata sobre el tema.
El robo, por definición, es un juego de suma cero. Es decir, si tu tienes una bici y yo te la robo, tu ya no tienes bici. La ganancia de un lado necesariamente representa una pérdida para el otro. Ese no es el caso ni en la descarga ilegal de archivos ni en compartirlos en una red P2P.
¿Más claro? Así:
Por otra parte, no hay prueba alguna de que quién consume una canción en un P2P sin costo haría lo mismo si tuviese que pagar por ésta. Es decir, no sabemos si le representa al productor una pérdida real. Eso es particularmente cierto en países en desarrollo, donde el costo de una descarga es mayor en relación al ingreso promedio de una persona. Probablemente algunos pagarían por el contenido si no estuviese disponible gratuitamente, pero no todos. Quién sabe, quizás la posibilidad de descubrir música nueva al descargar ilimitadamente resulta en mayores ventas futuras. Posiblemente el dólar que no pagaste por bajar una canción se compensa más adelante en boletos de conciertos, mercancía y todo aquello que hoy le representa la mayor fuente de ingreso a la industria de la música. Quizás el efecto de amplificación que tienen los ‘infractores’ no es tan malo para la industria. No sé. La verdad es que nadie lo sabe a ciencia cierta, porque ningún estudio serio lo ha medido.
El caso del comediante Jeff Dunham me hace pensar que sí. Seguro algunos de ustedes lo conocen, es un ventrílocuo Americano, si no, búsquenlo en YouTube. Según la revista Forbes, Dunham es el tercer comediante mejor pagado en los Estados Unidos, superado solo por el insuperable Jerry Seinfeld y el insoportable Chris Rock. Solo entre Junio del 2008 al 2009, Dunham ganó más de $30 millones de dólares en ventas de DVDs, mercancía y shows en vivo. ¿Cómo se convirtió un comediante de ‘stand-up’ en uno de los comediantes mejor pagados de la historia? Amplificación. Los videos de Dunham son de los más vistos en YouTube. Su introducción del personaje Ahmed es el noveno más visto en la historia de YouTube. Cerca de 400 millones de vistas. Gratis. Aún así, su DVD vendió más de 400 mil copias en sus dos semanas de estreno.
Según los promotores de las fallidas leyes SOPA y PIPA, el problema de la piratería online tiene un costo para la economía de Estados Unidos de aproximadamente 250 mil millones de dólares al año, y es responsable por la pérdida de 750 mil empleos. Según un artículo de Kal Raustiala and Chris Sprigman publicado en freakonomics.com: “Estos números parecen verdaderamente preocupantes: una pérdida de 250 mil millones de dólares al año sería equivalente a $800 dólares por cada hombre mujer y niño de EEUU. Y 750,000 empleos sería el doble al número total de personas empleadas en industria del cine en el 2010…La buena noticias es que estos números están equivocados, como explica Julián Sánchez del CATO Institute.”
Sin embargo, los medios, en este caso miopes a la verdad, promocionamos leyes punitivas irresponsablemente, sin saberlo a ciencia cierta. La realidad es que los intentos por legislar, cabildeados hasta el cogote, están basados en información cuestionable y solo han resultando en intentos legislativos mal diseñados.
Las fallas en el diseño de estas leyes empieza por poner la responsabilidad de “hacer de policía” en la iniciativa privada. Como respondió Google a legisladores en Inglaterra, “Pedirle a los buscadores o proveedores de Internet revisar el contenido de las páginas web es como pedirle a las compañías de teléfono que monitoreen todas las llamadas hechas a través de sus redes por actividad sospechosa.”
El segundo gran problema es que para que haya justicia, o por lo menos la percepción de ésta, debe haber balance. El castigo que imponen las leyes propuestas por transgresiones menores (uso no autorizado de contenido) es, efectivamente, desaparecer al infractor del Internet. En efecto, es apagarle es switch a operaciones e inversiones, potencialmente de millones de dólares, por el uso no autorizado de unas imágenes. Este enorme desbalance entre infracción y castigo colocaría a los sitios web en una precaria situación que podría tener un efecto adverso en las inversiones en línea.
Más aún, entregarle el poder al gobierno o la industria privada de ‘apagar el switch’ a un medio por una transgresión menor solo sienta las bases para limitar la competencia y la libertad de expresión. Es una herramienta perfecta para un gobierno que busca silenciar un medio opositor, o una compañía que busca acabar con su competencia.
Por último, las repercusiones a nivel global podrían ser catastróficas. Estados Unidos impone el estándar en estos temas, y el mundo lo sigue. Estados Unidos no puede dar ese ejemplo. México tampoco. ¿Qué mensaje envía a lideres de sociedades mas represivas? Esa misma ley en Siria, Irán, Venezuela, China, Cuba, por nombrar unos ejemplos, solo legitimaría los esfuerzos de esos gobiernos por limitar la libertad de expresión.
Ya existen mecanismos, nacionales e internacionales para la protección de la propiedad intelectual. Los hoy difuntos Megaupload y Napster son solo dos ejemplos de que los mecanismos legales establecidos funcionan.
La piratería hay que combatirla. La mejor manera es que las compañías de medios evolucionen y aprendan a distribuir y monetizar sus productos a través de canales no tradicionales. Para eso, sus mejores aliados son las compañías de tecnología con las que hoy disputan.
Los productores de contenido necesitamos las herramientas para proteger nuestra propiedad intelectual y así prosperar. Sin eso no tendrá sentido seguir produciendo. Aún así, el camino está en la innovación y la tecnología, no en una legislación desmesuradamente punitiva. Nuestro futuro estará en mejor manos si entrenamos a la próxima generación de ingenieros, programadores y periodistas, en vez de la próxima generación de cabilderos y abogados.


