Marco Cancino

Danzón Politikón

Perfil Politólogo de profesión y dicharachero de nacimiento. Es investigador de CIDAC y consultor en comunicación política y gestión pública. Tiene el mal hábito de jugar todo el tiempo con las palabras y pensar que México va a cambiar. Ha trabajado para los tres Poderes de la Unión, la academia, la consultoría y la sociedad civil. Igual se mueve en bicicleta que en coche. Ama la Ciudad de México y en especial, la Condesa. Adicto a la cafeína y a las bebidas energetizantes. Síguelo en Twitter en: @marco_cancino o mándale un correo: maquiavelo73@yahoo.com

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Cuando la influenza nos alcance

Dedicado a todas aquellas personas infectadas por el virus AH1N1, se por lo que están pasando.

 

-  Buenos días señoguita.

-  Buenas.

-  ¿Me podría decig pog favog a qué hoga puedo pasag con el dogtog?

-  ¿Es del turno de la mañana o de la tarde?

-  De la tagde

-  Uuuuy, pues el turno empieza hasta las dos. ¿Trae cita?

-  No.

-  Entonces lo que tiene que hacer es ver de los que no traen cita quién es la última persona del consultorio cuatro pa que se forme detrás de ella.

Magco, pguegúntale a la señoguita si hay alguna águea especial paga los enfegmos del AH1N1.

-  Claro güera. Señorita, disculpe usted. ¿Podría decirme si hay alguna área especial para las personas que tenemos el AH1N1?

-  No.

-  ¿Cómo, están mezclados todos los pacientes?

-  Sí.

-  ¿Pero no que el tema de la influenza es algo importante para las autoridades sanitarias?

-  ¿A sí? Pues nadie nos ha avisado aquí en el IMSS.

-  ¿No ve las noticias?

-  Sólo las novelas.

-  ¿Y entonces? ¿Debemos estar los enfermos de la influenza con gente a la que podemos contagiar?

-  Ajá. Además, no podemos hacer nada hasta que de “allá arriba” nos avisen que tenemos que hacer cambios y no nos han notificado nada.

En días pasados, mi domadora había adquirido el AH1N1 muy probablemente en la escuela donde trabaja y lógicamente, me la pasó a mí. Ya saben, nuestro matrimonio es de esos que compartimos todo, hasta los bichos.

El punto es que habíamos tenido que ir a la clínica familiar del IMSS que nos toca porque en su escuela le pidieron el certificado de incapacidad, por lo tanto, teníamos que salir de nuestro reposo y aislamiento obligatorio para ir a tramitarlo.

-  ¿Qué te dijo?

-  Que niguas güerever, que aquí es muy democrática la cosa y los bichos son de quien los trabaja.

-  Mamila. ¿Qué te dijo exactamente?

-  Oh, pues, que no hay un área especial, que esta es la única sala de espera.

-  ¿Con los otgos pacientes?

-  Sip.

-  ¿Y si los contagiamos?

-  Pues no se. Pues a aplatanarse un rato.

-  Ok. Hay lugar al lado de esa viejita.

-  No se dice viejita, ¿no ves que ya no está de moda? Ahora se les llama adultos mayores.

-  Para mi es viejita.

-  Oh, pues. Siéntate ahí.

Yo de plano intenté alejarme lo más que pude de la gente, porque a pesar de traer tapabocas un paliacate, gel antibacterial, kleenex que dizque eliminan el 99.9% del virus de la gripe (tal vez el 0.1% es la patita que le dejan viva al cabrón bicho), no me sentía muy cómodo alrededor de toda esa gente que iba a atenderse a cosas muy distintas a lo que traíamos nosotros.

Para no hacer tan tediosa la espera, me puse a leer un periódico que decía que el joven secretario de salud, Salomón Chertorivski, quien no se la razón por la que me recuerda aquella frase de Hangk Gonzáles “lo importante no es ser el que sabe, si no tener cuates que saben”, decía que no había de qué alarmarnos, que todo, absolutamente todo estaba bajo control. Que habían poco más de 1.4 millones de dosis del antibiótico contra el bicho este y que podrían estar casi casi en cualquier lugar disponible si chasqueaba los dedos.

Además declaraba terminantemente que no existían el número suficiente de casos para considerar que existía una nueva epidemia de influenza (diría la maestra Gordillo la influencia AHLNL).

Mientras pensaba yo “qué bien que nuestra salud y nuestras vidas esté en manos de estrategas como el joven Chertorivski, (que ni es médico, ni es doctor como le dijo a Carmen Aristegui, quien sólo le faltó preguntarle, entonces ¿Qué eres? ¿Por qué diablos eres secretario de salud?)” de pronto en la sala de espera, junto a la entrada de un consultorio se empezaron a escuchar gritos.

-Señorita, este señor se metió. Él acaba de llegar.

- Ni madres señorita, yo ya estaba aquí, sólo que llegué a las 10 de la mañana y me fui a desayunar.

Claro, ya eran la 1:45 de la tarde y apenas iba regresando el adulto mayor empoderado, de 1.80 mts, quien le gritaba a una minúscula señora y le exigía insistentemente a la secretaria del consultorio que respetaran su lugar.

-  No saben con quién se mete señora.

De hecho, nadie, porque nunca dijo su nombre, lo que si reveló fue su prepotencia. Inmediatamente, todas las señoras que también estaban formadas, le echaron montón al don en plenitud y lo hicieron retroceder. Y de pronto vi una imagen interesante, los que abusan del poder (en algún grado), tratan inmediatamente de convencer a la autoridad de que sus privilegios valen – como el gentelman de las lomas, pues- en tanto los que están viendo atropellados sus derechos, se aglutinan y se organizan ante una emergencia. Pues así estaban, el don tratando de convencer a la secretaria que él si llegó, apartó su lugar y en pleno ejercicio de los usos y costumbres, se fue a desayunar, almorzar y casi comer para después volver. En tanto que la diminuta señora, se puso a organizar en contra del don y la secretaria una rebelión en la sala de espera para hacer que no lo dejaran pasar antes que a todos que habían estado esperando horas ahí.

Magco, ya me toca pasar.  Espégame aquí.

Y yo, cual perrito afuera del súper esperando que su dueño haga las compras, aguardé pacientemente a que la güerever pasara con el doctor para que le dieran su incapacidad.

15 minutos más tarde.

-  ¿Qué te dijo el doctor güerever de mi vida y de mi amor?

Ya saben, cuando uno está bajo el influjo de algún antibiótico, a uno lo hace comportarse raro y decir cosas extrañas.

-  Pues que tenemos influenza wey.

-  ¿De la puerca?,

-  Sip.

-  Bueno, eso ya lo sabíamos, pero de la incapacidad, ¿te la dio o te la reconoció? Jajaja.

-  Baboso. Sí me la dio, pego me dijo cosas integuesantes.

-  ¿Cómo cuáles, mividita?

-  Estás muy gago Magco, como que andas muy mamuco.

-  No es nada, cuéntame.

-  Pues que no debemos estag donde haya gente que podamos contagiag.

-  ¿Cómo en la sala de espera de la clínica?

-  Jajaja, justo eso le pguegunté y me contestó que no tenían pgotocolos paga eso.

-  ¿Neto?

-  Sip. También me dijo que los médicos y los hospitales pguivados no guepogtan a las autoguigades el númego de pegsonas contagiadas con esta influenza.

-  ¿Entonces los datos del secretario de salud están incompletos?

Segugamente. También me dijo que tomemos muchos líquidos, llevemos una dieta blanda, ¿a qué se guefiere con una dieta blanda?

-  Pues seguramente a base de papillas, patés, embutidos, carne molida, flanes, gelatina.

-  Mamón.

-  Oh, pues.

-  Pero que en efecto el desmadguito de la falta de medicinas en las farmacias pguivadas, es que en vegdad agagó a todos despguevenidos, como el año pasado había estado gazonablemente tganquilo el asunto, este año no se pgueocupagon y pog eso no planeagon las autoguidades la llegada de otgo bgote importante.

-  Ni los distribuidores farmacéuticos, que los agarró a todos comiendo camote. Por eso no encontrábamos el Tamiflu en ninguna farmacia particular el otro día. ¿Y qué más te dijo?

-  Que tenemos que ig a epidemiología.

-  ¿Ahorita mismo?

-  Sí, ahoguita mismo.

-  Señorita, ¿dónde está epidemiología?

-  Vaya por ese pasillo, al final verá unas escaleras, sube y en el primer piso, a mano derecha está epidemiología.

-  Muchas gracias.

-  A veg, toca la puegta.

-  No contestan. Y está cerrada. Déjame preguntarle a aquella señorita. Disculpe, ¿sabe si están los de epidemiología?

Uno supone que en plena pre contingencia, por llamarle de alguna forma, de influenza AH1N1, el área de epidemiología va a estar trabajando a marchas forzadas.

-  Uy, joven, cierran a la 1:30.

-  ¿Y a qué hora vuelven?

-  Hasta mañana.

-  ¿Hasta mañana? Pero nos mandaron para acá para ver lo de nuestra influenza (ya es nuestra, porque la influenza es de quien la trabaja… y padece).

-  Pues sí joven, pero qué raro que no le hayan dicho que cierran a esta hora.

-  ¿Y entonces?

-  Pues puede usted volver mañana.

-  ¿Qué te dijo Magco?

-  Que a las autoridades sanitarias de este país no les parece que esto sea para tanto y que se tomen medidas para ello, ¿será por las elecciones? Pues quien sabe. ¿Me das un besito güera con todo y tapabocas?

-  No empieces de puegco Magco, además, sería como fajar con guantes.

-  Oh, pues, te lo pierdes.

 

 

 

 

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