Marco Cancino

Danzón Politikón

Perfil Politólogo de profesión, dicharachero de nacimiento. Dirige Inteligencia Pública, organización dedicada a la promoción de la transparencia, la rendición de cuentas y de la mejora en la gestión pública. Tiene el mal hábito de jugar todo el tiempo con las palabras y pensar que México va a cambiar. Ha trabajado para los tres poderes de la Unión, la academia, la consultoría y la sociedad civil. Igual se mueve en bicicleta, que en metrobús o coche. Adora a su combi 74 y a su gato llamado Don Juan. También le encanta el Defe y en especial, la Condesa. Adicto a los lentes de pasta, la cafeína y las bebidas energetizantes. Empieza a practicar crossfit aunque con ello pierda su abultado abdomen. Mándale un correo a maquiavelo73@yahoo.com

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No eres tú, son los meses sin intereses

Déjenme ver si entendí bien. En México, ¿la ocurrencia de instaurar “El Buen Fin” como una práctica anualizada previa al inicio del periodo navideño trató de ser una especie de remedo del “Viernes Negro” gringo? Porque no es que sea mala idea tropicalizar algunas de las prácticas extranjeras, pero si se va a hacer algo así, debería de implementarse también lo que va junto con pegado.

Siguiendo mi manía de comparar peras con manzanas, o en este caso con tunas, empezaré con ver algunas de las diferencias entre ambas modalidades.

Primero, el Black Friday o Viernes Negro se lleva a cabo un día después del Día de Acción de Gracias que es el tercer jueves de octubre. El objetivo es que las tiendas minoristas se puedan deshacer de sus inventarios para darle paso a los nuevos modelos, colecciones o ediciones justo para ser presentados para la época navideña. Por lo general, el viernes negro viene acompañado de ofertas que alcanzan hasta el 80 por ciento del precio de los productos como una forma de motivar a los compradores a que salgan enloquecidos a comprar, cosa que logran con bastante éxito. Inclusive después del Viernes Negro, por si fuera poco, el lunes siguiente se mantienen algunos descuentos especiales, sobre todo, en los electrónicos y electrodomésticos.

En cuanto a la versión del Viernes Negro, Región 4, “El Buen Fin”, su surgimiento respondió más a una iniciativa del gobierno en el que buscaba hacerle manita de puerco a algunos minoristas y cadenas de tiendas para que le entraran al asunto, dado su escepticismo (la mula no era arisca).

Además, la versión azteca no buscaba la sustitución del inventario en las tiendas, porque no hay suficiente mercado interno para ello, sino para darle un pequeño empujón a la actividad comercial y así se pudiera ver mover al menos una patita a la economía nacional (algo más abstracto, no puede haber). Esto fue acompañado de un adelanto a los burócratas federales de su aguinaldo, para que, con pachocha en mano, salieran corriendo enloquecidos a las tiendas a aprovechar esos “maravillosos” descuentos que en la mayoría de los casos, sólo eran un “mito genial” (Pedro Aspe, dixit) o estén acompañadas de ese encantador ensarte que es el “monedero electrónico”, el cual te hace volver a la misma tienda a gastar ese supuesto descuento y más y más y…¡más! Para luego tener que sacar la tarjeta de crédito y endrogarte por los siguientes años.

Además, ¿cuántos de nosotros no nos topamos con que los descuentos no eran tales? ¿Cuántos nos dimos cuenta que el precio lo habían subido días antes para luego bajarlo? ¿Cuántos sólo encontramos que la única promoción era comprar a 12, 18, 24, 36 o 48 meses sin intereses? Que no es más que la máxima expresión del aspiracionismo clasemediero: “ya luego vemos cómo le hacemos, pero que me lo llevo, me lo llevo”. ¿A cuántos no les ha pasado que compran un estéreo a meses sin intereses y al mes dos, ya se lo robó esa delincuencia “rampante” (la Dresser, dixit) y tendremos que pagar en los siguientes 22 meses algo que ya no tenemos?

Ya Jorge Hill lo dijo muy bien en su Congal Apocalíptico, estas modalidades de ofertas generalizadas a lo wey, lo único que provocan en el consumidor wannabe azteca es una especie de “rapto maníaco consumista cuasi divino” y deudas que tardaremos en pagar, en el mejor de los casos varias decenas de meses, eso sí, ¿pero qué se compara con la sensación y el placer de desempacar una pantalla Smart Tv LED Full HD de62 pulgadas? ¡Nada! “Aunque sufra la familia”.

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