Marco Cancino

Danzón Politikón

Perfil Politólogo de profesión, dicharachero de nacimiento. Dirige Inteligencia Pública, organización dedicada a la promoción de la transparencia, la rendición de cuentas y de la mejora en la gestión pública. Tiene el mal hábito de jugar todo el tiempo con las palabras y pensar que México va a cambiar. Ha trabajado para los tres poderes de la Unión, la academia, la consultoría y la sociedad civil. Igual se mueve en bicicleta, que en metrobús o coche. Adora a su combi 74 y a su gato llamado Don Juan. También le encanta el Defe y en especial, la Condesa. Adicto a los lentes de pasta, la cafeína y las bebidas energetizantes. Empieza a practicar crossfit aunque con ello pierda su abultado abdomen. Mándale un correo a maquiavelo73@yahoo.com

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De la Protesta a la Propuesta

¿Cuántos de nosotros no hemos asistido a una manifestación o a un acto de protesta? ¿Cuántos de nosotros nos hemos quejado por algo que las autoridades o legisladores hacen o dejan de hacer? ¿Cuántos de nosotros no hemos pensado que las cosas están mal y decidimos gritarlo a los cuatro vientos? ¿Cuántos? Es muy probable que gran parte de nosotros hayamos asistido ya a una manifestación, marcha, plantón o protesta o que lo hayamos hecho de manera virtual en las distintas redes sociales que se encuentran en el ciber espacio. Para muchos y muchas, la protesta implica un acto más allá de lo catártico, sino también la gran oportunidad de expresar lo que uno piensa con respecto a un problema público.

En lo personal, creo que la posibilidad de que nos manifestemos abierta y públicamente es uno de los tesoros más grandes que tenemos y que debemos cuidar. Inclusive, creo que los ciudadanos tenemos no sólo el derecho, sino la obligación de manifestar nuestro descontento con respecto a las cosas que suceden tanto a nuestro alrededor, como en el conjunto de la sociedad o país en el que habitamos. Además, la forma en que podemos hacerlo pueden ir desde lo individual, hasta lo colectivo; de lo espontáneo, hasta lo organizado; y de lo virtual a las calles.

Creo que el papel fundamental de la expresión, demanda o propuesta ciudadana es la gran capacidad para detectar, reconocer y valorar un problema público, que nos debe no sólo preocupar a todos, sino ocupar, plasmadas en una o varias causas.

Sin embargo, creo que a la par del derecho de protestar también debe ir aparejada la obligación de proponer.  Y esa propuesta puede ser desde algo tan general como la seguridad, el bienestar social, el medio ambiente, la justicia, la transparencia, los derechos humanos, las minorías, la educación, la salud, y la igualdad, es decir, los “qués”, hasta algo más concreto y sofisticado, como los “cómos”.

No se si hay o no un debate con respecto a si la sociedad civil organizada o desorganizada deba ser la misma que identifique los problemas, los haga públicos y posteriormente haga propuestas concretas, pero creo que es importante que a la par de la propuesta, se contemple la obligación de proponer algo, tal vez en lo genérico y permitir el relevo a quienes articulen en propuestas concretas esas demandas ciudadanas. De lo contrario, la protesta estará imposibilitada de trascender a un cambio social efectivo, transformador una vez que sus demandas hayan sido escuchadas y traducidas en reformas específicas, técnicas, administrativa y operativamente viables.

El año pasado, un grupo de intelectuales se manifestaron en contra del papel que estaba desempeñando la entonces presidenta de la Comisión de Cultura de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Edith Ruiz Mendicuti. Ella, de extracción petista, había sido electa diputada local a decir de muchos, por el “efecto Juanito”, ya que su distrito XXVIII pertenece a la Delegación de Iztapalapa, por el cual contendió para la Jefatura Delegacional Juanito.

La ex legisladora local manifestó en diversas ocasiones que fue nombrada presidenta de la Comisión de Cultura porque era lo que quedaba y no por su perfil.

Durante su gestión al frente de la comisión, las innumerables pifias que cometió le otorgaron notoriedad pública, hasta el punto que un grupo de intelectuales se organizaron a través de internet para protestar en contra del desempeño de la entonces diputada local Ruiz Mendicuti. Fue el 21 de septiembre del 2011 que el grupo de intelectuales entregaron una solicitud formal a la Comisión de Gobierno para solicitar la destitución de Ruiz Mendicuti de la presidencia de la Comisión de Cultura.

Como resultado, Ruiz Mendicuti fue removida de cargo y fue nombrado en su lugar el entonces diputado Fernando Cuéllar.

A partir de entonces, el grupo de intelectuales se dio a la tarea de conformar una agenda de trabajo que les permitiera presentar propuestas concretas sobre cultura y educación a la Comisión de Cultura de la Asamblea Legislativa. Es decir, buscaron pasar de la protesta a la propuesta.

Un año después, dicha agenda se materializó en distintas propuestas que inclusive, fueron retomadas ya por el actual presidente de la Comisión de Cultura, el diputado Fernando Mercado, que las arropó y las transformó en iniciativas que está presentando durante el actual periodo de sesiones.

Las dos propuestas son: la conformación de un fondo para jóvenes creadores en la Ciudad de México y un fondo para apoyar la creación de bibliotecas para niños y jóvenes.

Ambas propuestas son el resultado de la colaboración entre ciudadanos comprometidos con la cultura y la educación en la Ciudad de México, así como también de un legislador que supo entender y atender las necesidades de la Capital del País.

El primer paso está dado, ahora tocará que las iniciativas sean discutidas, votadas y esperemos aprobadas y que la nueva administración capitalina las ejecuta con eficiencia, eficacia y transparencia. De lo contrario, ahí estarán los ciudadanos para reclamarlo.

¡En hora buena!

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