Marco Cancino

Danzón Politikón

Perfil Politólogo de profesión, dicharachero de nacimiento. Dirige Inteligencia Pública, organización dedicada a la promoción de la transparencia, la rendición de cuentas y de la mejora en la gestión pública. Tiene el mal hábito de jugar todo el tiempo con las palabras y pensar que México va a cambiar. Ha trabajado para los tres poderes de la Unión, la academia, la consultoría y la sociedad civil. Igual se mueve en bicicleta, que en metrobús o coche. Adora a su combi 74 y a su gato llamado Don Juan. También le encanta el Defe y en especial, la Condesa. Adicto a los lentes de pasta, la cafeína y las bebidas energetizantes. Empieza a practicar crossfit aunque con ello pierda su abultado abdomen. Mándale un correo a maquiavelo73@yahoo.com

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Buenas intenciones

 

Por lo general, los mexicanos estamos acostumbrados a escuchar durante las elecciones muchísimas promesas por parte de los candidatos en campaña. Una vez que alguno de ellos logra ganar y quedarse con el puesto que tanto ansiaba, empieza la prueba de fuego: cumplir con sus promesas.

Sin embargo, al momento de que los políticos, ahora funcionarios públicos de elección popular quieren cumplir algunas de las promesas que plantearon durante su campaña, pueden provocar más problemas de los que buscan resolver. Me explico.

El primer paso para una exitosa política, por lo general tiene que ver con una adecuada identificación del problema, ya que por más que se quiera hacer algo por cambiar la realidad del país, si no se es capaz de realmente entender cuál es el problema, sus principales causas y los efectos que éste provoca, es casi seguro que la solución planteada será poco efectiva.

El siguiente paso es, una vez identificado el conflicto, plantear una o varias soluciones, las cuales pueden ir desde las más descabelladas, hasta las más prácticas, realistas y viables. Por lo general, las complicaciones no están aisladas y normalmente vienen acompañadas de otras que tienen que atenderse también para que el problema principal pueda ser resuelto o al menos, mitigado.

Esto último es muy importante, porque por lo general, los políticos, sus asesores y los funcionarios públicos encargados de proponer propuestas para solucionar un problema, muchas veces olvidan que la realidad es mucho más compleja y que con atenderlo únicamente desde una trinchera se solucionará. Grave error.

Por ejemplo, la eliminación de la tenencia de los coches, conocida formalmente como Tenencia y Derechos Vehiculares, buscó originalmente reducirle la carga económica a los propietarios de un coche en todo el país. Esto como resultado de una propuesta de campaña del entonces candidato del Partido Acción Nacional a la Presidencia de la República, Felipe Calderón y que una vez que ya fue presidente, se apresuró a cumplirla. Esta medida, que podría ser sumamente popular para algunos, generó algunos beneficios inmediatos en un sin número de hogares, en efecto, pero también un daño importante a las finanzas públicas de todos los estados del país.  ¿Por qué? Simplemente porque los gobiernos de los estados vieron reducidos sus ingresos a partir de la desaparición de este impuesto federal que se entregaba completamente a sus gobiernos y los enfrentó a un dilema: aumentar el derecho local por el uso del vehículo a tal nivel que puedan compensar la caída de los recursos que recibían por este mismo impuesto desde la Federación, o evitar asumir el “costo político” de cobrarlo y asumirse populistas y eliminarlo.

El resultado: prácticamente todos los estados del país la eliminaron totalmente y otros, parcialmente, pero con muchísimas facilidades para los automovilistas.

Hasta el momento podríamos decir que esto es benéfico para los propietarios del vehículo, sin embargo, esta política de eliminar la tenencia no va sola. Si a ésta la acompañamos con los subsidios a la gasolina que hace que sea relativamente barata, que según datos de la propia Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en el años 2012 sumaron poco más de 206 mil millones de pesos (algo así como 6.5 veces el presupuesto anual de la UNAM), una preferencia desmedida de los gobiernos locales para privilegiar la inversión en infraestructura local que favorece y facilita el uso del vehículo y una escasa inversión en transporte público masivo y no motorizado (la organización ITDP tiene un interesantísimo estudio al respecto) lo que tenemos es que más personas están cada vez más dispuestas a usar el coche a la mínima provocación porque es más fácil, más barato, más cómodo y más sencillo. El resultado, más tráfico, más tiempo de traslado a cualquier lugar, menos lugares para estacionarse, más contaminación, más enfermedades respiratorias y menos calidad de vida.

La semana pasada, la Senadora Gabriela Cuevas presentó con bombo y platillo una iniciativa para eliminar la posibilidad de que los gobiernos locales reestablezcan la tenencia vehicular en sus estados. La pregunta que le hacemos a la Senadora Cuevas es: ¿Consideró todos los ángulos del problema? ¿Contempló otras alternativas? ¿Evaluó los posibles efectos recaudatorios, al medio ambiente y a la salud pública su propuesta? ¿Conoce todas y cada una de las implicaciones de su propuesta en el caso de que sea aprobada? ¿Fue una ocurrencia legislativa populista que tuvo la Señora Senadora o sólo fueron buenas intenciones?

 

 

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