Marco Cancino

Danzón Politikón

Perfil Politólogo de profesión, dicharachero de nacimiento. Dirige Inteligencia Pública, organización dedicada a la promoción de la transparencia, la rendición de cuentas y de la mejora en la gestión pública. Tiene el mal hábito de jugar todo el tiempo con las palabras y pensar que México va a cambiar. Ha trabajado para los tres poderes de la Unión, la academia, la consultoría y la sociedad civil. Igual se mueve en bicicleta, que en metrobús o coche. Adora a su combi 74 y a su gato llamado Don Juan. También le encanta el Defe y en especial, la Condesa. Adicto a los lentes de pasta, la cafeína y las bebidas energetizantes. Empieza a practicar crossfit aunque con ello pierda su abultado abdomen. Mándale un correo a maquiavelo73@yahoo.com

Ver Más

10 años de transparencias

 

¿Se han dado cuenta que en los últimos años hablar de transparencia y rendición de cuentas gubernamental es algo cada vez más común?

Igual se puede escuchar hablar a alguien en un café, en una comida, en la calle, sobre lo importante que es que las autoridades sean más transparentes y nos rindan cuentas; que nos digan para qué quieren construir un segundo piso o poner parquímetros; o nos digan cuánto se gastaron en un “monumento” que pretendía o celebrar los doscientos años de que nuestro país fuera independiente y autosuficiente para autodestruirse, o para satisfacer cierta necesidad fálica de algún ahora ex funcionario público federal.

Sin embargo, que el gobierno federal sea relativamente transparente en sus actividades cotidianas es algo relativamente reciente. De hecho, recientemente se cumplieron diez años de que la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública fue creada y con ella, fue reconocido como un derecho de todos los mexicanos (y mexicanas) poder andar de preguntones.

Pero la Ley de Transparencia no vino solo, ya que como dice el refrán: “orden dada no supervisada sirve para pura c…ochinada”, por lo que se creó el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública como ese organismo encargado de garantizar que la autoridad federal le aflojara la información a toda aquella persona que lo solicitara en un plazo razonable, de lo contrario, el funcionario o los funcionarios que no lo hagan pueden hacerse ganadores de un soplamocos institucional (sanción administrativa).

Además, por si eso no fuera poco, por ahí del 2007, el acceso ciudadano a la información pública fue convertido en un derecho constitucional al ser incluido en el artículo sexto de la Carta Magna. Esto significa que, al menos desde la propia Constitución, la posibilidad de que todos los ciudadanos (y las ciudadanas) accedan a la información pública gubernamental debe ser garantizada por todas las instancias del Estado mexicano (no sólo el gobierno federal, sino el Poder Legislativo, el Judicial, los órganos autónomos, los estados, municipios y etcéteras).

Hasta ahí, todo bien. Pero, ¿realmente qué significa la transparencia y rendición de cuentas?

La transparencia gubernamental implica que todas las entidades públicas deben hacer visible la información relativa a sus actividades, acciones, decisiones y tareas cotidianas, incluyendo la forma en que gastan nuestros impuestos. Sin embargo, por lo general se utiliza de manera indistinta o como sinónimo el término rendición de cuentas, cosa por demás equivocada. La rendición de cuentas tiene que ver con la asignación de responsabilidades específicas, concretas, bien delimitaditas, sobre el proceso de toma de decisiones públicas (políticas, administrativas, financieras) e inclusive, de la decisión misma, así como de sus resultados, a un funcionario o un conjunto de funcionarios.

Por lo tanto, rendir cuentas tiene que ver con que, si un funcionario determinado, decidió asignar de manera directa un contrato de una obra a una empresa equis, este funcionario tiene que dar cuentas sobre la decisión que tomó, por qué la tomó, bajo qué criterios, con qué facultades y por qué considera que es la mejor opción y no fue otra empresa. Además, ese funcionario tiene que responder sobre los resultados de la obra contratada y de los dineros que se invirtieron en ello. Así pues, rendir cuentas implica que para cada acción de gobierno y cada efecto resultado de ésta, hay un responsable que nos tiene que explicar el por qué, siempre, siempre, pensando en el interés público.

Transparentar y rendir cuentas no son sinónimos e implican cosas distintas, complementarias sí, pero diferentes. Como dicen los economistas, la transparencia es una condición necesaria para que se pueda dar la rendición de cuentas, pero sin la primera, será imposible la segunda.

Entonces el IFAI es garante del acceso a la información, pero a través de su obligación contribuye a que se pueda dar la rendición de cuentas.

Ahora bien, ¿podemos decir que la transparencia ya es un valor conocido y un derecho ejercido por la mayoría de los mexicanos (y las mexicanas)? Por desgracia no, ya que de las más de 711 mil solicitudes de información que se han realizado entre el 2003 y el 2012, o de las más de 68.72 millones de consultas al portal del IFAI, sólo un pequeñísimo grupo de personas son las que realizan estas solicitudes y/o consultas.

Por ejemplo, en una encuesta nacional realizada por las empresas Defoe e Inteligencia Pública en marzo del 2012, la mitad de los encuestados dijeron estar enterados de que tienen derecho a  solicitar información pública a cualquier instancia de gobierno, en tanto que sólo el 5 por ciento aceptó haber hecho alguna vez una solicitud de información pública. De estos últimos, el 67 por ciento realizó consultas relacionadas a servicios públicos, el 52 por ciento sobre el funcionamiento de programas sociales (cómo acceder a sus beneficios) y el 27 por ciento, sobre trámites.

¿Qué diablos significa esto? Pues que en efecto, son muy pocas personas las que hacen (hacemos) solicitudes de información, enfocadas principalmente a saber cómo diablos se puede acceder a un servicio público, lo que implica que más que buscar transparencia y rendición de cuentas, quieren entender cómo carambas pueden obtener o recibir los beneficios de algún programa público. Así que no es que hablemos de transparencia, sino más bien, de una incapacidad gubernamental para comunicar sus programas y cómo funcionan. Carambas.

Entonces, se preguntarán qué hacer. Bueno, primero que nada, creo que se debe conocer la verdadera demanda de información pública, para luego generar mecanismos para facilitar su acceso de acuerdo a esa demanda real, no más, no menos.

Segundo, empezar a impulsar un verdadero cambio cultural para que no sólo la mitad de la población “sepa” que pedir información pública gubernamental es su derecho, sino también, que pueda realmente ejercerlo.

Tercero, que las organizaciones dedicadas a estudiar, trabajar y promover la transparencia y la rendición de cuentas, orienten la mayoría de sus esfuerzos a reducir la brecha de información entre los que la generan y los que la consumen, más allá de los geeks. De otra manera, la transparencia, el acceso a la información seguirá siendo un privilegio para unos cuantos y la rendición de cuentas, un sueño guajiro, ¿o ke ase?

 

 

 

Deja un comentario