Te amo hoy, mañana no sé

¿El amor lo puede todo? ¿Lo es todo? ¿Tiene que estar lleno de sufrimiento para ser verdadero? Respuesta, después de tanto análisis romántico: NO.

Por: Kika Frisone (@pankika89)

 

Reflexiones en torno al amor romántico y la deconstrucción de un paradigma desde una mirada joven, en primera persona.

 

Formo parte de esas generaciones a las cuales nos contaron el cuento de que el amor lo puede todo. Libros, películas y publicidad nos vendieron la idea de que la felicidad se encontraba en tener una pareja, sobre todo a las mujeres. Basta con ver con cuántas historias sobre parejas heterosexuales crecimos, provenientes en su mayoría de Walt Disney y Hollywood. No sorprende que muchas de nuestras conversaciones giren en torno a: con quién coqueteamos, quién nos gusta, con quién queremos estar, con quién estamos y, por supuesto, nuestras separaciones. Claro, tenía que ser, después de todo ¿quién de nosotrxs no ha pasado por una relación complicada y hasta tormentosa? Tengo 27 años y he atravesado por varias relaciones y muchas rupturas de corazón. Incluso casos en los que me volví victimaria de la otra. Aun hoy, sigo preguntándome ¿es que realmente el amor lo puede todo? Entonces ¿el amor lo es todo? Y por último ¿el amor tiene que estar lleno de sufrimiento para ser verdadero?

Mi respuesta, después de tanto análisis romántico, sigue siendo un NO rotundo. Decidí: nunca una relación tormentosa más. Comparto mis conclusiones: la idea de que “el amor lo puede todo” no es más que otra historia ficticia en esencia capitalista. Como dirían Spade y Willse (2013), el amor y el matrimonio benefician a unas personas sobre otras: “Mientras el matrimonio se ve recompensado, otras formas de hacer familia, relaciones y comportamiento sexual no reciben los mismos beneficios y son estigmatizadas y criminalizadas. En resumen, las personas son castigadas o recompensadas según se casen o no”.[i] ¡Pum! Primera gran conclusión. Un vacío, puntos suspensivos… Resultó que aquello que nos habían contado, eso de que el amor era el sentimiento más fuerte y capaz, aquel que nos hacía conquistar montañas, volar en las nubes y sonreír eternamente, es otra construcción social e histórica más.

¿Y ahora qué? – me pregunté. ¿Cómo se encuentra la felicidad? Sobre todo, ¿para qué enamorarse? Y en ese caso, ¿cómo YO me vuelvo a enamorar? Terror total al recordar lo que las relaciones habían hecho en mí, peor aún repetir esas historias.

Urgentes resignificaciones

Mis abuelxs pertenecen a la generación silenciosa (1924-1936) se casaron, en teoría, por amor. En aquel entonces las relaciones tradicionales respondían a dinámicas patriarcales donde la verticalidad de poder estaba muy clara: el sexo masculino tenía poder sobre el otro, el femenino. Nuestras abuelas, como buenas esposas, limpiaron, cocinaron, aguantaron y callaron muchas cosas, por mucho tiempo.

Mis padrxs, ya de la generación baby boomer (1936-1961) comenzaron a cambiar estas relaciones de poder. Nuestras madres trabajan, tienen ingresos y en muchos casos son totalmente independientes. Este giro en las relaciones cambia las cartas en la mesa de juego: las mujeres ya no estaban dispuestas a aguantar y silenciar. Por primera vez vimos cómo el poder dejó de ser vertical y las mujeres no aceptaron más la sumisión como base de la relación. En ese momento las uniones que conocíamos bajo el concepto de ese amor dejaron de funcionar. Los divorcios se convirtieron en una necesidad. Entonces, las relaciones como las conocíamos ya no responden a nuestros intereses actuales. A este punto volvía otra pregunta ¿qué relaciones sí lo hacen? Es urgente una resignificación y cambios de paradigma.

¿Va ser la generación millennial la que genere esos cambios en el paradigma? ¿O vamos a seguir reforzando “los valores de la familia feliz, esa del capital y del patriarcado”?[ii]

No creo tener una respuesta para estas preguntas; estamos afrontando esa realidad, no tenemos idea por dónde hay que hacer las cosas. Tampoco tenemos muchos modelos de relaciones en cuales basarnos o inspirarnos.

Es por eso que desde la diversidad sexual abogaría por cambiar nuestro punto de partida, que la felicidad se construya en nosotrxs mismxs. Que nuestros anhelos y pasiones sean por descubrirnxs haciendo cosas que disfrutamos, que llenen nuestros deseos. Las relaciones amorosas, entonces, tienen que quedar en un segundo plano.

Sugiero que el amor de una pareja aporte a la felicidad, pero que no sea el eje principal. Esto me lleva al último punto que quiero abordar: si tenemos relaciones, ¿cómo podemos hacerlas más llevaderas? Tampoco tengo una respuesta clara, tan solo ideas y constantes búsquedas. Pienso, sin embargo, que tenemos que cambiar todas nuestras formas de relacionarnos en el ámbito afectivo.

La negociación es clave, caso contrario no podemos llegar a acuerdos consensuados (entre dos, tres o cuantas personas sean que participen en la relación). La sumisión, es decir, aceptar lo que quiere la otrx persona aunque no estemos de acuerdo, debe desaparecer por completo de la ecuación. Esto quiere decir que los celos, la posesión y cualquier forma de control también deben eliminarse. Urge conversar, ceder y pedir, bajo ciertas condiciones, otras cosas para poder sobrellevar aquello que no nos gusta. En cualquier caso, como ya sabemos que el amor no es hasta que la muerte nos separe, y mucho menos eterno, creo que si la relación deja de funcionar o de hacernos sentir bien, ¿para qué mantenerla? De todas formas, la felicidad tiene que nacer en nosotrxs mismxs.

 

@ISBeauvoir

 

[i] Traducción propia del inglés : “While marriage is being rewarded, other ways of organizing family, relationships and sexual behavior do not receive these benefits and are stigmatized and criminalized. In short, people are punished or rewarded based on whether or not they marry.” En: Spade & Willse ‘Marriage Will Never Set Us Free’ Organizing Upgrade 2013 (acceso: 13 febrero 2017).

[ii] Espinosa, Y. Introducción, en : Mogrovejo, N., Pessah, M., Espinosa, Y., Robledo, G. (Eds.), Desobedientes. Experiencias y reflexiones sobre poliamor, relaciones abiertas y sexo casual entre lesbianas latinoamericanas, en la frontera, Buenos Aires, 2009, p.7.

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