Carrera en desventaja: mujeres y empresas

Las medidas para favorecer la corresponsabilidad entre la vida familiar y laboral deben de dejar de dirigirse a las mujeres exclusivamente.

Por: Nancy Salmerón (@Salvana00)

Es innegable que en las últimas décadas la participación de las mujeres en el ámbito laboral y económico se ha incrementado notablemente. Sin embargo, el aumento de la participación en la economía no necesariamente indica que las mujeres están en condiciones de igualdad en el reconocimiento y ejercicio de sus derechos económicos, sociales y culturales. Este creciente ingreso de las mujeres en el espacio laboral se ha dado en un contexto de relativa desprotección y precarización.

Si bien existen leyes y normas nacionales e internacionales que mandatan a los Estados implementar acciones que disminuyan las condiciones de desigualdad y brechas de género entre mujeres y hombres en el ámbito laboral, la realidad es que gran parte de las mujeres reciben salarios o ingresos menores a los de los hombres por trabajos de igual valor, tienen poco acceso a cargos directivos, desempeñan puestos de menor rango y trabajos precarios que carecen de seguridad social y en la mayoría de los casos, ejercen oficios asignados tradicionalmente a su género como actividades educativas, de cuidado y de servicios, actividades menos valoradas y reconocidas socialmente.

El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas ha señalado que el crecimiento económico no ha conducido por sí mismo a un desarrollo sostenible y que hay personas y grupos de personas que siguen enfrentando desigualdades socioeconómicas a consecuencia de arraigados estereotipos socioculturales que reproducen formas de discriminación.

Por ejemplo, a partir de la división sexual del trabajo que asocia lo productivo/público como masculino y lo reproductivo/privado como lo propio de lo femenino, se reproducen prejuicios que generan condiciones de desventaja para las mujeres en su acceso al empleo y determina posibilidades de reconocimiento como ascensos e incremento de salarios.

Carrera en desventaja

A nivel global, sabemos que las mujeres ganan 24 % menos que los hombres. Según datos del III Foro Global (2016) Empresas por la igualdad de Género, en 2015, el 72 % de los hombres en edad de trabajar (15+) estaba empleado, comparado a un 47 % en el caso de las mujeres. [1]

En el sector empresarial solo el 22 % de los cargos gerenciales en las empresas son ocupados por mujeres y el 32 % ciento de las empresas no tienen mujeres ocupando estos cargos.

En América Latina, la desigualdad se profundiza: 5 de cada 10 mujeres están fuera del mercado laboral.  De cada 72 grandes empresas de la región, solo 3 cuentan con una mujer como directora general o presidente, es decir, un 4.2%.  

Muchas son las condiciones de desigualdad que las mujeres enfrentan en el sector empresarial, partiendo por ejemplo de que en su mayoría están al frente de micro y pequeñas empresas del sector informal con escaso potencial de crecimiento, o bien, si trabajan en empresas familiares, es común que no sean consideradas copropietarias ni remuneradas en condiciones de igualdad.[2]En la mayoría de los casos si las mujeres están en sociedad con sus hermanos o sus esposos tienen que mantener un bajo perfil y no ocupar un cargo de rango superior al de sus familiares hombres. Como suele ocurrir con el trabajo doméstico, una gran parte de las tareas desarrolladas por mujeres en las empresas familiares permanecen invisibles”.[3]

Estas condiciones no sólo las enfrentan las mujeres que son propietarias de empresas, sino también mujeres ejecutivas, quienes asumen un cargo de alta dirección en espacios corporativos. Al respecto, Gina Zabludowsky ha señalado que es común que a las mujeres ejecutivas se les cuestione su capacidad de ejercicio de la autoridad, así como, una inequitativa asignación de responsabilidades y cargas de trabajo en congruencia a su nivel salarial. “Si comparamos los sueldos de un director dentro de la empresa quizá no encontremos diferencias entre hombres y mujeres, pero lo que sí suele pasar es que la mujer puede estar por ejemplo en un cargo de subdirectora (y por lo tanto percibiendo menos) cuando, en la práctica, tiene las funciones de una directora”.[4]

Otro factor que limita la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en este ámbito, es la falta de políticas y prácticas que favorezcan la corresponsabilidad entre la vida familiar y laboral. Es decir, un balance entre el tiempo destinado a la vida laboral, con el tiempo dedicado a la vida personal y familiar, incluyendo las tareas domésticas y el cuidado de hijas, hijos, personas adultas mayores dependientes y personas con enfermedad temporal o crónica.

Es una realidad que el trabajo de cuidado de otros y las actividades domésticas de manera no remunerada recae principalmente en las mujeres, lo cual limita su desarrollo personal y trayectoria profesional. “Suele ocurrir que las largas jornadas de trabajo propias de los niveles ejecutivos rebasen por mucho los horarios de oficina. y no tengan cabida en la “doble jornada” de las mujeres. A menudo, la disponibilidad de ajustarse a estos horarios se vive como una especie de prueba de lealtad e incondicional al cargo y a la compañía. Así, en la práctica y en un gran número de casos, el cuerpo dirigente acaba conformándose por un grupo de hombres con características homogéneas en cuanto a clase social, procedencia familiar y trayectoria académica y profesional”. [5]

Medidas urgentes

En este sentido, desde el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir consideramos que las medidas para favorecer la corresponsabilidad entre la vida familiar y laboral deben de dejar de dirigirse a las mujeres exclusivamente para impulsar la corresponsabilidad en el reparto de las tareas del cuidado, favoreciendo una redistribución más equitativa entre los hombres y las mujeres pero también entre las familias, el Estado y el sector privado.

Ante la indiscutible brecha de desigualdad de género en el ámbito laboral, se ha considerado que el sector privado tiene un rol fundamental y que es prioritario que se comprometa a implementar acciones para eliminar las desigualdades de género. De hecho, en el más reciente periodo de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer[6] denominado “El empoderamiento económico de la mujer en el cambiante mundo del trabajo, se resaltó la importancia de fortalecer la función del sector privado en el empoderamiento económico de las mujeres, por lo que se establecieron algunas de recomendaciones:

  • Adoptar medidas para garantizar la participación plena, efectiva y en condiciones de igualdad de las mujeres y su acceso a puestos de liderazgo y de alto nivel, incluso a través de medidas especiales de carácter temporal, en estructuras e instituciones encargadas de tomar decisiones en materia económica a todos los niveles, así como en empresas  de administración de empresas y sindicatos.
  • Aumentar la proporción de actividades comerciales y adquisiciones en las que intervengan empresas propiedad de mujeres y cooperativas de mujeres en los sectores público y privado.
  • Diseñar e implementar políticas que compatibilicen el equilibrio entre el trabajo y la vida privada.
  • Realizar análisis sistemáticos de las cadenas de valor que tengan en cuenta el género para orientar la elaboración y aplicación de políticas que promuevan y protejan los derechos de las mujeres y el trabajo decente.

Desde el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir contribuimos al fortalecimiento del liderazgo social de mujeres para su participación en espacios públicos y políticos, hemos iniciado colaboraciones con empresas interesadas en tomar medidas para avanzar en la igualdad de género y no discriminación.

Consideramos que es indispensable la articulación entre gobiernos, sociedad civil y empresas para trabajar de forma coordinada y avanzar en la igualdad de género en el ámbito laboral sin abandonar la mirada crítica sobre la relación entre la producción económica y la reproducción social.

 

* Nancy Salmerón es Coordinadora de Formación del @ISBeauvoir.

 

 

 

[1] III Foro Global (2016) “Empresas por la Igualdad de Género: Promover los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, Panamá.

[2] Ibid.

[3] Zabludovsky, Gina (2015) Las mujeres en los ámbitos de poder económico y político de México”, Revista mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, vol.60 no.223 México ene./abr. 2015.

[4] Zabludovsky, Gina (2014) “Empresarias y ejecutivas: Diagnósticos y ejecutivo”, Revista Líder Empresarial, no. 235 México, Marzo 2014.

[5] Zabludovsky, Gina, (2009) Intelectuales y burocracia. España, Universidad Nacional Autónoma de México-Anthropos.

[6] Sexagésimo primer período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW 61), llevado a cabo en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, del 13 al 24 de marzo de 2017.

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