Lo que nos dejó el temblor

Las mujeres estuvimos presentes en el sismo de muchas maneras, de todas las maneras posibles: como rescatistas y brigadistas, como víctimas y familiares de víctimas, como autoridades, bomberas, ingenieras, activistas.

Lo que nos dejó el temblor
Arabella Jiménez

Por: Arabella Jiménez (@mekare_76) y Ximena Andión (@ximena_andion)

 

En honor a las mujeres y hombres fallecidos en el sismo del 19S

  

Alicia Estrada es tía de Armando, una de las personas que llevan más de 72 horas frente al edificio colapsado de Álvaro Obregón 286. Alicia sostiene una cartulina que dice: Siguen vivos. No los maten #AlvaroObregón286. Exaltada cuenta, “qué bueno que están los medios, señorita, hay muchas personas que aun están con vida, mi sobrino está en el cuarto piso, ahí. (señala el edificio). Hace rato que no permiten las autoridades entrar a los rescatistas, a los topos, nosotros no sabemos qué pasa. Apenas, hace rato al fin permitieron que entraran los topos en el edificio, pero porque nosotros los familiares estuvimos presionando. Hay todavía sobrevivientes pero a los familiares no nos dicen nada. Las autoridades no dejaban pasar a nadie. Huele a gas. No queremos que metan maquinaria, todavía pueden estar vivos. Exigimos y presionamos aquí nos vamos a quedar”.

21 de septiembre Hora: 4:40 pm

 

La tragedia que ha representado este sismo nos ha dejado sin palabras. Tristes por las pérdidas humanas, impotentes frente a la precaria respuesta de las autoridades, esperanzadas por la respuesta de la ciudadanía. Las catástrofes naturales no pueden controlarse, pero sí podemos estar mejor preparados como sociedad para enfrentarlas. Sí podemos evitar que la corrupción mate, que la prevención minimice los daños, sí podemos aprender de las lecciones que nos deja este sismo.

El sismo puso en evidencia y agudizó desigualdades de género, étnicas, socio-económicas que ya existían. En este sentido poco a poco las historias y las cifras que han ido surgiendo ilustran la situación de las mujeres en el país. Si este sismo debe servir de algo, es para crear una ciudad y un país mejor para todas y todos.

Una de las cuestiones que sorprendió fue saber que había el doble de mujeres fallecidas que hombres en la Ciudad de México. Hasta el momento las cifras oficiales hablan de 128 mujeres fallecidas y 78 hombres. ¿Qué nos dicen estos números? En parte que en los edificios que colapsaron había más mujeres y que de alguna manera también se encontraban en mayor situación de vulnerabilidad. El que las mujeres sean más afectadas por una catástrofe natural no es exclusivo del caso mexicano: “Según los datos de 141 países afectados por desastres, entre los años 1981 y 2002, los desastres tienen un impacto negativo mayor sobre la esperanza de vida de las mujeres que sobre la de los hombres. Además, las mujeres, niñas y niños, son 14 veces más propensos que los hombres a morir durante un desastre.” [1]

Foto: Arabella Jiménez

Respecto de los inmuebles colapsados, al menos el 48.46% de estos eran casas habitación. Es decir que al momento del sismo las mujeres, quienes siguen siendo las principales responsables del trabajo doméstico y de cuidados se encontraban en sus casas: ya sea porque se dedican 100% a estas tareas, porque realizan tele-trabajo o trabajos de medio tiempo que les permiten dedicar tiempo a estas labores. En México el trabajo doméstico y de cuidados de las personas (niños y niñas, adultos mayores, personas enfermas y con discapacidad) se distribuye inequitativamente dentro de los hogares – las mujeres realizan el 77% de estas labores según el INEGI-. Asimismo, el Estado no cuenta con suficientes servicios e infraestructura de cuidados (guarderías, escuelas de tiempo completo, casas de día para adultos mayores), ni existen políticas laborales que permitan a hombres y mujeres compatibilizar mejor las labores de cuidado y el trabajo fuera del hogar.

Aunado a las mujeres que se encontraban en sus hogares, también se comienza a revelar que dentro de estos inmuebles murieron varias trabajadoras del hogar. Aunque no hay cifras oficiales, circulan ya historias de trabajadoras del hogar que murieron atrapadas en edificios mientras realizaban su labor. Se cuentan historias, algunas recuperadas por la prensa, como la de Candelaria Tovilla Montoya, trabajadora del hogar en la colonia Portales quien pudo haber sido rescatada con vida, pero una servidora pública impidió su inmediato rescate: nuevamente la discriminación y la indiferencia para un sector de la población que se encuentra en condiciones de alta vulnerabilidad. En México existen 2.4 millones de trabajadoras del hogar, el 95% de ellas son mujeres. A diferencia del resto de las trabajadoras la legislación las discrimina: por ley su jornada laboral es más larga, los empleadores y empleadoras no tienen obligación de registrarlas en el seguro social. Frente a esta tragedia las trabajadoras del hogar se encuentran en la absoluta desprotección: muchas de ellas serán despedidas sin ningún tipo de derecho porque el 95% de ellas no tienen contrato. Si murieron sus familiares no tendrán acceso a una pensión, si quedaron heridas no tendrán derecho a incapacidad del IMSS o a atención médica.

El sismo puso nuevamente en evidencia que las mujeres, a través del trabajo remunerado y no remunerado, siguen llevando la mayor carga de las labores domésticas y de cuidados. Labores que si bien son fundamentales para la reproducción social no son valoradas ni reconocidas.

Chimalpopoca y las obreras de la industria textil

Las condiciones de aguda vulnerabilidad de las mujeres quedan también reflejadas en la situación que se vivió en el edificio que colapsó en Chimalpopoca y Bolívar. En ese edificio se encontraban 6 empresas, 4 de ellas dedicas a la industria textil. Según las cifras oficiales de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo (STYFE) había 49 trabajadores/as, 15 de ellas perdieron la vida (12 eran mujeres y 3 hombres). Aún se desconocen a profundidad las condiciones de todas las trabajadoras, aunque empieza a revelarse que las condiciones de trabajo eran precarias, que no todas las trabajadoras estaban inscritas en el seguro social y que algunas de las personas extranjeras no tenían permiso de trabajo. Aunque los contextos son muy distintos, es imposible cuando se piensa en este caso no recordar la situación de las costureras del sismo del 85.

De los escombros que deja el sismo emerge de nuevo lo mucho que falta por avanzar en lograr que las mujeres y hombres tengan condiciones dignas de trabajo, que tengan empleos decentes, que sus derechos laborales se respeten. Quedan muchas preguntas que responder sobre la inspección laboral a las empresas que se encontraban en ese edificio y sobre el rescate mismo. Las empresas habrán de pagar cuantiosas multas y la autoridad en materia laboral vigilar que éstas efectivamente se paguen. En días pasados el Senado de la República propuso un punto de acuerdo en el que exhorta al Gobierno de la Ciudad para que realice una investigación pronta y expedita sobre la situación que guardaba el edificio ubicado en Bolívar 168. El punto de acuerdo exige que la “investigación deberá garantizar los principios de perspectiva de género, publicidad y transparencia. Así como, a que informe a esta soberanía el resultado de dicha investigación deberá garantizar los principios de perspectiva de género, publicidad y transparencia. Así como, a que informe a esta soberanía el resultado de dicha investigación”. 

Foto: Arabella Jiménez

No somos las mismas del 85

“El día del sismo en nuestro grupo de whatsapp de sonidistas, se compartió información. Como somos bastantes… ese mismo día alguien propuso que los que teníamos equipo propio, nos presentáramos para ayudar a la búsqueda de sobrevivientes. Así surgió, la brigada de sonidistas. Fui el miércoles en la mañana al derrumbe en Laredo y Ámsterdam. Me presenté, alguien me llevó directo con SEDENA, estaba protección civil y los topos. En cuanto llegue me pasaron a los escombros. No supe cómo de pronto tenía ya un casco puesto, en minutos estaba ya sacando los cables y me pasaron a una parte baja de los escombros donde habían logrado abrir una brecha. Saqué un micrófono de uso rudo, fuimos pasando cable, el micro fue cayendo, hasta que topó con algo. Gritaron con megáfono que si había alguien adentro golpeara tres veces, y a partir de eso yo tenía que escuchar si había alguien adentro. 300 personas hicieron silencio. Hice la escucha. Silencio. No hubo respuesta… Cuando bajé de los escombros, hubo quien dijo: “¿cómo no escuchaste nada? Si hace unas horas el perro marcó que ahí había alguien”. Me quedé en shock, después de un rato pensé: Sigo aquí, no importa, me quedo. Me acerqué y les dije a los topos aquí estoy si me necesitan. Entonces en los momentos en los que detenían la obra yo levantaba mi micrófono y me decían que sí o que no, subí varias veces más”.

“Todo fue muy rápido… Todas salimos corriendo con lo que sabemos hacer, cada quien con lo que podía. Yo no tenía conciencia de lo que iba a hacer, subirme a un escombro y tratar de escuchar si había alguien vivo”.

Eloisa Diez, sonidista, La Sandía Digital, AC

Las mujeres estuvimos presentes en el sismo de muchas maneras, de todas las maneras posibles: como rescatistas y brigadistas, como víctimas y familiares de víctimas, como autoridades, bomberas, ingenieras, activistas.

Si el terremoto de 1985 nos valió para tomar de conciencia, estos otros dos sismos nos ha valido para hacernos visibles. Para que desde cualquier trinchera, cualquier oficio, trabajemos en las labores de rescate y atención de las personas afectadas, en cada rincón de México. (Porque no olvidemos que el sismo no solo fue el del 19 sino que hubo uno previo el día 7 de septiembre, que devastó el Istmo de Tehuantepec, afectó Chiapas, Morelos, Puebla).

Y una vez más lo demostramos y nos encontramos en la calle, sacando personas de los escombros, llevando y trayendo víveres, liderando centros de acopio, pidiendo que no metan maquinaria todavía porque estamos seguras que ahí abajo hay alguien todavía.

Las mujeres en contextos de desastres hemos reconstruido nuestras comunidades, luego de temblores, inundaciones, huracanes. Merecemos ser visibilizadas y sobre todo debe ser garantizada en todo momento nuestra participación a nivel comunitario, en la toma de decisiones relativas al proceso que viene: la reconstrucción. 

Lo que queremos: una ciudad para todas y todos 

“Trabajo en una oficina ubicada en el centro histórico donde el temblor se sintió muy fuerte, todos salimos a resguardarnos a la zona de seguridad y después fuimos desalojados del edificio para que fuera revisado. El desalojo fue complicado pues tenía que bajar tres pisos sin usar el elevador a una gran velocidad para lo que recibí apoyo de mis compañeros pues al ser una mujer con discapacidad no me es una tarea fácil.

“…Cuando nos dijeron que podíamos irnos a casa trate de sacar mi coche del estacionamiento, pero fue imposible pues muchas calles estaban cerradas por la caída de los edificios y el tráfico era terrible… Algunos de mis compañeros me comentaron que se irían caminando a sus casas pero para mí eso no era una opción pues físicamente me es imposible caminar una hora, sin mencionar lo poco o nada accesible que es esta ciudad para las personas con discapacidad y lo insegura que es para las mujeres, así que pensé que lo mejor sería quedarme a dormir en el coche hasta que todo estuviera más tranquilo”.

Mariana Díaz

Queda un largo camino para la reconstrucción nacional y esto vuelve a ser una oportunidad de reorientar la ciudad que queremos, una ciudad incluyente, que piense espacios para todas y todos. Espacios accesibles para las personas que viven con discapacidad, espacios seguros, con planeación. Espacios para el cuidado de las personas que sean de calidad, que distribuyan el cuidado de forma equitativa entre el estado, las familias y el mercado. Una ciudad que asegure condiciones laborales decentes para todas las personas.

Los ojos de la sociedad civil están vigilantes, se encuentran generando mecanismos para escrutar los recursos que estarán asignándose, desde el paradigma de la transparencia. Este lunes se dio a conocer una plataforma cívica llamada Epicentro, signada por más de 30 organizaciones de la sociedad civil. Tres son los ejes fundamentales que orientarán la iniciativa: seguimiento del origen y uso de los recursos destinados a la reconstrucción; reconstrucción con perspectiva social y de derechos humanos, género, infancia y juventud; y responsabilidades y reparación del daño.

El proceso de reconstrucción pasa por proyectar el país que queremos: un país incluyente, solidario, con transparencia y justo. Es pues una oportunidad para repensarnos como país, un país donde la brechas de desigualdad puedan poco a poco ser erradicadas.

 

@ISBeauvoir

 

[1] Género y Desastres, Buró de Prevención de Crisis y Recuperación, PNUD.

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