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Puebla, 15 O después del #15O

Por: Alejandra Ortiz (@alekaortiz)

 

Eran pasadas las 23:00 horas en el Zócalo de la Ciudad de Puebla. Unas treinta personas trataban de levantar el campamento acordado después del primer día de actividades. Algunos se quejaban por las fallas en la organización del evento, los contratiempos, los descuidos; aun así el grupo permanecía tranquilo y con buen ánimo, porque sabían que además de la noche de acampada, todavía quedaba un largo día de actividades.

 

El 15 O Puebla surgió a partir del encuentro de jóvenes activistas que acudieron a la convocatoria mundial para indignarse el 15 de Octubre de 2011. Puebla fue una de las más de mil ciudades que se sumaron a la protesta global, y el Zócalo se convirtió en el punto de reunión de los interesados en manifestar lo que miles vociferan en todos los rincones del planeta: las evidentes fallas del sistema capitalista cuya tendencia a la acumulación exacerbada de capital, en colusión con la clase política que le vende su lealtad, privilegia y encumbra al 1% de la población mundial a costa del 99% restante, y a costa de sus derechos y libertades.

 

El 21 y 22 de enero, los visitantes poblanos del primer cuadro de la ciudad pudieron deleitarse con un programa cultural ensamblado por 15 O Puebla, que incluyó desde talleres de reciclado y meditación, hasta comercialización de comida vegetariana y productos orgánicos, pasando por la promoción de la adopción de animales en busca de un hogar, clown y malabares. En palabras de Vladimir, uno de los organizadores, el evento surgió de una reunión nacional de varios grupos de protesta con afinidad ideológica, que habían acordado realizar eventos en todo el país para promover su movimiento. Al parecer, sólo Tijuana habría organizado algo parecido, mientras que los colectivos de otras ciudades como Guadalajara ya se encuentran desde hace varias semanas en campamentos de protesta.

 

El Estado de Puebla transitó el año pasado de un impresentable gobierno priista, encabezado por el tristemente célebre Mario Marín, a un gobierno derivado de la Coalición Compromiso por Puebla, conformada por el PAN y el PRD para sacar al PRI de Casa Puebla por primera vez en la historia. Aunque es innegable que el nuevo gobierno tiene un compromiso evidente con la mejora de las instituciones del Estado, la impunidad de la que siguen gozando los ex funcionarios estatales y el férreo control del gobernador sobre el Congreso Estatal, evidencian los claroscuros de la nueva administración, y sobre todo el hecho de que un nuevo gobernador, con todo y los rumores de la construcción de un nuevo partido estatal a su cargo, no resuelven las problemáticas de una sociedad estatal diversa, compleja y cambiante.

En Puebla, los temas reunidos en el movimiento 15 O, se enmarcan en ese contexto global y local. Su aparente diversidad ha demostrado, sin embargo, tener al menos dos luchas muy claras y certeras. La primera es la recuperación de las plazas públicas como medio de expresión y demanda ciudadana. María López, miembro del Colectivo 2.5, y coordinadora del Proyecto Migraciones Visuales, me explicaba justamente que uno de sus principales objetivos, y la razón por la que decidieron entrarle al festival – con participaciones de creadores de Francia, España, Ecuador, Chile, Argentina y México y otros – es la recuperación de los espacios públicos como lugares de expresión comunitaria: “Nosotros no migramos, pero nuestras creaciones sí lo hacen”.

 

La otra clara lucha, que se relaciona ampliamente con la primera, es la difusión y fomento de una cultura alternativa que se aleje de la way of life capitalista que nos está consumiendo a tantos. Con la frase “No se vayan a ver la tele, mejor quédense a vivir un ratito” los activistas invitaban a todos los transeúntes a acompañarlos. Israel, del grupo de rock progresivo Xiuhcoatl, decía que decidieron participar en el evento porque se había generado un espacio cultural amplio e incluyente: “Buscamos retomar las lengua originales, como el maya, mazateco, totonaco, náhuatl”. Por su parte, Gustavo, de la banda experimental Julie, quien describió su proyecto como “un debraye original”, declaró: “Estamos unidos por la causa de cambiar, otro mundo no sólo es posibles; es necesario”.

 

“Con un festival hippie no se cambia nada”, decían algunos. Mientras, otros miraban las fotografías de sus posibles futuras mascotas, otros más se acercaban a probar tacos y hamburguesas vegetarianas, y los niños hacían reciclado en una carpa. El sábado los poblanos disfrutaron de la danza africana y el son cubano. Además, muchos pudieron expresarse por medio del proyecto La Foto Roja. “Lo más importante es dar” declaró Iván, otro miembro del 15 O, minutos antes de que el grupo Vachamata pusiera a bailar a unas quinientas personas la tarde del domingo. Niños, jóvenes y adultos bailaron al ritmo de la música. Se veían felices, el ambiente se contagiaba. El festival cerró con la banda Rajamadrex, que al ritmo de rock y blues entonaba “chinga tu madre señor limosina”, e invitaba a los jóvenes a saludable desmadre, como su nombre lo sugiere.

Foto: Puebla 13

Eran pasadas las once de la noche en el Zócalo de la Ciudad de Puebla. Después del evento, las mismas treinta personas recogían todo con una sonrisa en el rostro y un montón de anécdotas. Estaban seguros que al otro día México no sería un país muy diferente, pero al menos les quedaba, como dijo Sam – miembro del 15 O y del grupo Visíklekticos – “la oportunidad de vernos a la cara, sin miedo, de frente”, algo que a los mexicanos nos hace tanta falta.

Otro México no sólo es posible; es necesario.

 

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