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Dios, Obama y la guerra

Por: Paola Zavala Saeb (@PAOLASAEB)

 

La creencia de que el poder llega por designio divino ha sido constante en la historia de emperadores, reyes, presidentes, gobernadores y, en casos extremos, hasta de presidentes municipales que ejercen su poder de manera despótica bajo el manto protector de dios, quien los orienta para conducir la vida de un país o, en su defecto, de un municipio.

Ejemplos hay muchos: desde Luis XVI, que fue nombrado rey de los franceses “por la gracia de Dios”, hasta Calderón, que días antes de dejar su mandato nos explicó   que “dios sabe por qué pone a determinadas personas frente a determinadas circunstancias”.

Pero en Estados Unidos el caso es extremo. Obama, como todos sus antecesores, cree que es  presidente de “América” y del mundo por “designio divino”. Dentro del discurso liberal del presidente Obama hubo bastante espacio reservado para los ritos conservadores. Sería un suicidio político que algún presidente decidiera eliminar estos  tradicionales símbolos.

Como estafeta, de mano en mano y de discurso en discurso, en  las tomas de posesión los presidentes (republicanos o demócratas) dirigen su mensaje al mundo repitiendo “God bless America”, “In God we trust”, “So, help me God”, y jurando sobre una Biblia. Los símbolos significan, y yo no puedo imaginar qué significan estos símbolos para Obama. Me preocupa que Obama crea en el mismo dios que Bush.

El impacto social del uso de estos símbolos ha moldeado la  cultura política y social del país más poderoso del mundo.  Dios  bendice a “América” (nada más a ellos) y en ese dios confían los estadounidenses; en esa creencia descansa su  histórica actitud   de superioridad en sus relaciones con el resto del mundo.

Desde 1864 los estadounidenses leen la leyenda “In God we trust” a diario en sus billetes y monedas, pero fue justo durante la guerra fría, en 1956, cuando hicieron de esta frase el lema oficial del país junto a la leyenda “E pluribus Unum” (De muchos, uno), procurando la confianza social de que en esa guerra a ellos los bendecía dios y no cualquier dios, sino EL DIOS.

Hace apenas dos años, la Asamblea de Representantes votó por aplastante mayoría que se conservara “In God we trust” como lema nacional. ¿Para qué quitarlo?, si los empodera ante sí mismos y ante el mundo.

El lunes pasado Obama sostuvo que hay verdades “evidentes”, como que los derechos son dotados por el “Creador”. Esta frase resulta alarmante  porque aleja al derecho de la razón y lo acerca al incuestionable terreno dogmático en el que, basados en la fe, todo se justifica, incluso la guerra.

La política exterior del gobierno de Estados Unidos no presentará novedades. En su discurso, el Nobel de la Paz dejó claro el orden de sus métodos: “Vamos a defender a nuestro pueblo y defender nuestros valores a través de la fuerza de las armas y el imperio de la ley, primero lo uno y luego lo otro.

Los  valores del “E pluribus Unum”  seguirán imponiéndose hegemónicamente para gestionar “las crisis en el extranjero”. El dios que “bendice a América”, seguro que no es el mismo que bendice a Latinoamérica, Afganistán o Irán.

Un mundo sin dioses, por lo menos a nivel político, es indispensable para  generar relaciones de paz. Finalmente, como dice  el teórico evolutivo Richard Dawkins: “Todos somos ateos respecto a la mayoría de dioses en los que la humanidad ha creído alguna vez. Algunos simplemente vamos un dios más allá”.

*Paola Zavala Saeb es integrante de *DHP, abogada, especialista en derechos humanos. Ha publicado anteriormente artículos de opinión para El Universal y Nexos en línea. Ha realizado trabajos de consultoría e investigación para ONU- DH, GDF, CIDE, SCJN, TEPJF y el INMUJERES.

 

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