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Queremos continuidad y queremos cambio

 

Por: Claudio Flores Thomas (@ClaudioFloresT)

 

“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”

Tancredi en El Gatopardo

 

 

Acabamos de atestiguar el cambio de poderes en el Gobierno Federal y en la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. En LEXIA exploramos las expectativas ciudadanas frente a estas transiciones políticas a nivel nacional y en el D.F. y encontramos dos perspectivas contrapuestas: cambio y continuidad.

 

DF: El deseo de continuidad

Entre los habitantes del Distrito Federal prevalece la idea de que la ciudad tiene rumbo. Los gobiernos consecutivos del PRD han logrado posicionar esta percepción a través de una serie de políticas públicas que se han valorado positivamente: apoyos a adultos mayores, estudiantes y madres solteras, fortalecimiento del transporte público y nuevas vialidades, agenda de libertades (parejas de hecho, derecho al aborto), entre otras.

La percepción de rumbo es muy importante para detonar el deseo de continuidad en la Ciudad de México. Si vamos por buen camino, ¿para qué cambiar?; en este sentido el voto por Miguel Ángel Mancera fue un voto de aprobación por la gestión de Marcelo Ebrard.

Hay tres asuntos que destacan al explorar la opinión positiva del ciudadano sobre la gestión de Marcelo Ebrard, los mismos que consolidan el deseo de continuidad:

Programas sociales. Los ciudadanos de la capital ven con buenos ojos los apoyos a sectores de la población desfavorecidos. A pesar de las críticas a este tipo de medidas como populistas o paternalistas, a nivel de calle se consideran necesarias y son muy bien recibidas. Además de que se han enfocado correctamente para cubrir a diversos perfiles e impactar directa o indirectamente a diferentes votantes potenciales: adultos mayores, madres solteras, estudiantes de educación básica y media básica, personas en situación de calle.

Recuperación de espacios públicos. La intervención del Gobierno del Distrito Federal en parques, bajo puentes, plazas, deportivos, jardines y áreas verdes es uno de los grandes aciertos de Ebrard desde el punto de vista del ciudadano. El modelo busca ir más allá de sólo remodelar: detonando actividades culturales o deportivas e implementando vigilancia y mantenimiento permanente.  Esta medida junto con otras que buscan que el ciudadano recupere la libertad para moverse y ocupar la ciudad –como los ciclotones o las ciclovías- son muy bien recibidas porque sacan a los capitalinos del cautiverio y generan sensaciones de libertad y esperanza.

Desarrollo de infraestructura y servicios urbanos. Los gobiernos de izquierda de la ciudad demostraron que la obra pública es rentable políticamente y pusieron de moda a nivel nacional el desarrollo de segundos pisos, libramientos, pasos a desnivel, distribuidores, supervías, autopistas urbanas. Ebrard además apostó acertadamente por fortalecer la red de transporte público de la capital con el Metrobús y la línea 12 del metro. Los ciudadanos aprueban estas medidas que descongestionan, aunque a veces sólo temporalmente, el tránsito por la ciudad.

Para una buena parte de los capitalinos, Miguel Ángel Mancera básicamente debe seguir el mismo camino que trazó Ebrard en su gestión, es decir, se espera continuidad.

 

México: El deseo de cambio

A nivel nacional observamos expectativas distintas, los ciudadanos expresan un claro deseo de cambio en la manera de conducir el país por parte del Gobierno Federal entrante. La gestión de Felipe Calderón fue incapaz de generar la sensación de un país con rumbo, lo que se tradujo en una dura derrota para el PAN –misma que colocó a este partido como tercera fuerza política en el país-.

Las expectativas ciudadanas se enfocan en tres asuntos principales cuando expresan su deseo de cambio:

Lucha contra el crimen organizado.  Prevalece la percepción de que la estrategia seguida por la gestión de Calderón no fue adecuada. Esta valoración negativa se fundamenta en el deseo de paz y tranquilidad de muchos ciudadanos que no se sienten seguros actualmente. Conviven detrás de este deseo quienes pragmáticamente afirman la necesidad de pactar con el narco para “calmar las cosas” con otros que consideran que la estrategia de confrontación debe sofisticarse con otras acciones: desarrollo comunitario, prevención del delito, trabajo de inteligencia.

Creación de fuentes de empleo. La promesa de campaña de Calderón –ser el presidente del empleo- se enfocaba en una necesidad que sigue siendo apremiante desde la perspectiva  ciudadana. Encontramos una clara expectativa de cambio en esta materia, el empleo se asume en el imaginario de los mexicanos como un primer paso indispensable para tener mejor calidad de vida, acceso a la educación, reducción potencial de la delincuencia, oportunidades para formar un patrimonio, entre otros.

Alto a la subida de precios. Las respuestas de los últimos dos sexenios ante incrementos coyunturales de precios en productos de la canasta básica han sido muy desafortunadas. Los casos de la tortilla o del huevo mostraron la incapacidad de los funcionarios para comprender la alta sensibilidad de amplios segmentos de la población a “pequeños” movimientos en los precios de estos productos. La ciudadanía espera que el Gobierno Federal intervenga para despresurizar la situación económica de las familias mexicanas y no recibe bien argumentos macroeconómicos o explicaciones sobre la naturaleza del libre mercado como respuesta.

Estos tres temas constituyen oportunidades para la presidencia de Enrique Peña Nieto, quien puede mandar señales claras de giro de timón enfocándose en ellos y satisfacer así las expectativas ciudadanas de cambio.

Cabe decir que en los dos ámbitos de gobierno la ciudadanía no tiene expectativas muy altas, lo cual paradójicamente, constituye una ventaja para Mancera y Peña, quienes tienen margen para sorprender a la afición con acciones de gobierno novedosas y efectivas.

En este sentido, será importante para ellos alejarse de estilos de liderazgo desconfiados, endogámicos y cerrados como los que vimos en el equipo de Calderón. Los mexicanos quieren líderes dispuestos a dialogar, capaces de sumar y articular a las fuerzas políticas. Existe entre la población un fuerte deseo de unidad que está esperando a ser catalizado por una propuesta de ciudad y de país que sea abierta, inteligente y transformadora.

 

*Claudio Flores Thomas es Socio y Vicepresidente de LEXIA, es una especie de Jean Passpartout, de La vuelta al mundo en ochenta días. Antes de ser investigador hizo un poco de todo: manejó tractores y castró cerdos, escribió contraportadas de libros de autoayuda, cargó cuadros de Siqueiros y Orozco, dio clases de salsa y merengue, practicó boxeo y hasta cavó una tumba.

 

 

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